Imágenes Bíblicas y Gratitud

Imágenes Bíblicas y Gratitud Gratitud y expresiones con sentido espiritual

31/12/2024

Su reino no será destruido (Dan. 7:14).

En la vastedad del tiempo, siete tiempos marcaron el curso,
de profecías y reyes, un destino sin recuso.
Desde Babilonia antigua, donde los tronos se desvanecen,
hasta el año señalado, donde las promesas acontecen.

En el 607, antes de nuestra era contada,
los babilonios decidieron, una corona despojada.
Jerusalén quedó en silencio, su rey ya no residía,
y en los cielos se escribía, una historia que se cumplía.

Los años pasaron, sigilosos, con su lento caminar,
y los "siete tiempos" avanzaron, sin pausa, sin titubear.
Hasta que en 1914, un evento sin igual,
Jehová coronó a Jesús, en un acto celestial.

"El que tiene el derecho legal", así fue proclamado,
y en los cielos resonó, el decreto esperado.
Un reino eterno, prometido, que no se desvanecerá,
según las palabras de Daniel, que siempre perdurarán.

Esta profecía de tiempos, nos enseña con precisión,
que las promesas divinas, tienen su cumplimiento y razón.
Nos da esperanza y certeza, en un futuro definido,
donde lo prometido por Jehová, será fielmente cumplido.

Así como los "siete tiempos" llegaron a su final,
otras profecías aguardan, su momento especial.
Y el día de Jehová, que no conoce demora,
llegará puntualmente, como la aurora.

Porque en el libro de Daniel, se nos da a entender,
que hay un tiempo marcado, para todo suceder.
Y aunque los tiempos cambien, y las eras se transformen,
las palabras proféticas, eternamente se conformen.

En la danza de los siglos, donde los destinos se entretejen,
las profecías son faros, que a los fieles protegen.
Nos guían a través de la historia, con su luz tan singular,
recordándonos que el Reino de Dios, siempre prevalecerá.

Así que miramos hacia adelante, con los ojos de la fe,
sabiendo que lo escrito, su cumplimiento tendrá.
Y en el fluir de los "siete tiempos", en su misterioso girar,
descansamos en la promesa, de que su Reino no pasará.

31 de diciembre

Su reino no será destruido (Dan. 7:14).

¿Cuándo empezaría a gobernar Jesús? Según una profecía del libro de Daniel, esto ocurriría al final de un periodo profético de siete tiempos. Veamos cómo podemos saber cuándo tuvo lugar ese suceso tan feliz (Dan. 4:10-17). Los “siete tiempos” representan 2.520 años. Ese periodo empezó en el 607 antes de nuestra era, cuando los babilonios quitaron al último rey que ocupó el trono de Jehová, que estaba en Jerusalén. Ese periodo finalizó en 1914, cuando Jehová hizo Rey del Reino de Dios a Jesús, “el que tiene el derecho legal” (Ezeq. 21:25-27). ¿Cómo nos ayuda esta profecía? Entender la profecía de los “siete tiempos” nos da la seguridad de que Jehová cumple sus promesas puntualmente. Él fijó el momento en que establecería el Reino. Y, cuando ese momento llegó, así lo hizo. Del mismo modo, Jehová cumplirá todas las demás profecías en el momento que él mismo ha determinado. Así que el día de Jehová “no llegará tarde” (Hab. 2:3). w22.07 3 párrs. 3-5.

Examinemos 2024

30/12/2024

¿Qué lees en ella? (Luc. 10:26).

En las páginas sagradas se despliega un mapa,
de tesoros escondidos, de sabiduría sin tapa.
Cada verso, cada línea, una guía celestial,
para enseñar, censurar, rectificar, y en el bien educar.

La Escritura, como faro, ilumina el sendero,
nos muestra de Jehová el amor verdadero.
Sus principios, su propósito, claros como el cristal,
nos invitan a seguir un camino sin igual.

En relatos y parábolas, una lección se esconde,
para corregir nuestras faltas, y a la verdad responder.
Busquemos en cada historia la moral que nos ronde,
y así, a nuestras malas tendencias, podremos vencer.

Censurar no es solo crítica, es un acto de amor,
que nos ayuda a ser fieles, a Jehová dar honor.
Es un espejo que refleja lo que debemos cambiar,
para en su luz divina, poder caminar.

Rectificar es el arte de enderezar lo torcido,
de ajustar nuestras vistas, por la verdad convencido.
Que no nos lleve el error, ni la falsa predicación,
sino que en la Escritura encontremos la corrección.

Educar es más que letras, es sabiduría en acción,
es aprender a pensar con divina inspiración.
Que cada relato sea un maestro sin edad,
que nos enseñe a vivir con justicia y bondad.

Con estas cuatro llaves, la Biblia se abre entera,
mostrándonos tesoros que la fe espera.
En cada página, un brillo, en cada versículo, un sol,
que alumbra la mente y calienta el corazón.

Así que leamos con ojos que quieren ver más allá,
que buscan en lo profundo, que desean encontrar.
Los tesoros espirituales, que no son solo saber,
sino perlas de gran precio que nos enseñan a ser.

Ser más compasivos, más sabios, más reales,
encontrar en las Escrituras las respuestas vitales.
Que cada palabra sea un peldaño en la escalera,
que nos lleva hacia el cielo, donde la eternidad espera.

Porque en la Biblia se encuentra el más grande tesoro,
el conocimiento de Dios, que vale más que el oro.
Y si leemos con el corazón, con la mente abierta y sincera,
descubriremos que en ella, la vida verdadera se revela.

30 de diciembre

¿Qué lees en ella? (Luc. 10:26).

¿Cómo podemos encontrar los tesoros espirituales que están en la Biblia? Analicemos 2 Timoteo 3:16, 17. Ahí dice que “toda la Escritura [...] es útil” para cuatro cosas: enseñar, censurar, rectificar las cosas y educar. Incluso libros de la Biblia que no se mencionan tanto sirven para todo esto. Analicemos lo que leemos para ver lo que nos enseña sobre Jehová, su propósito o sus principios. Para que un relato sea útil para censurar, ¿qué debemos buscar en él? Cualquier cosa que contribuya a identificar y rechazar nuestras malas tendencias y actitudes, y que nos ayude a seguir siendo fieles a Jehová. Pensemos en cómo el pasaje puede rectificar o corregir un punto de vista equivocado, quizás algo que nos dijeron en la predicación. ¿Y qué debemos hacer para que un relato nos eduque? Buscar todo lo que nos ayude a pensar como Jehová. Si tenemos presentes estas cuatro ideas útiles, descubriremos más tesoros espirituales que enriquecerán nuestra lectura de la Biblia. w23.02 11 párr. 11.

Examinemos 2024

29/12/2024

No me dejaré controlar por nada (1 Cor. 6:12).

En el vasto tapiz de la vida, cada hilo es una elección, tejido con el arte de la sabiduría y la prudencia. La sagrada escritura, cual faro en la noche, nos guía con sus versos, mostrando el camino hacia la luz de la verdad. Nos habla de moderación, de la noble lucha contra la glotonería y la ebriedad, vicios que oscurecen el alma y enturbian la mente. Nos insta a ser señores de nuestros actos, a no dejarnos dominar por los placeres efímeros que, aunque dulces al paladar, son amargos para el corazón.

Nos aconseja, con palabras de antaño, a cuidar el templo de nuestro espíritu, a alejar de nosotros aquello que nos daña, a elegir con discernimiento lo que a nuestro cuerpo nutre y sana. Nos invita a ser jardineros de nuestra salud, a sembrar hábitos que florezcan en bienestar, a regar con el agua clara de la templanza, y a podar con la tijera del autocontrol las ramas que crecen desmedidas hacia el cielo de la indulgencia.

Nos recuerda que la gratitud por el don divino de la vida se refleja en nuestras decisiones, en el uso juicioso de la razón que nos fue otorgada. Nos enseña que la sabiduría no solo reside en el conocimiento, sino en la aplicación práctica de este en el jardín de nuestra existencia. Nos exhorta a ser arquitectos de nuestro destino, a construir con los ladrillos de la prudencia y el cemento de la fe, una fortaleza contra las tempestades de la tentación.

La escritura es un espejo donde se reflejan nuestras almas, un testamento de la importancia de vivir con propósito y medida. Nos muestra que la verdadera libertad no es hacer lo que queremos, sino querer lo que es bueno y justo. Nos enseña que la disciplina es el puente entre los deseos y la realización, entre la semilla y el fruto, entre el sueño y la realidad.

Así, en el lienzo de nuestra jornada, pintamos con los colores de nuestras elecciones, con la paleta de la moral y el pincel de la conciencia. Cada trazo es un acto de voluntad, cada sombra y luz, un reflejo de nuestro interior. La escritura nos llama a ser poetas de nuestra propia vida, a escribir con cada acción un verso que rime con la eternidad, a componer una sinfonía que resuene con la melodía del cosmos.

Porque en el gran diseño del Creador, Jehová, somos tanto artistas como obras de arte, llamados a crear belleza y armonía con cada pensamiento, palabra y obra. Y así, paso a paso, elección tras elección, tejemos el manto celestial de nuestra existencia, bordado con el hilo dorado de la sabiduría divina.

29 de diciembre

No me dejaré controlar por nada (1 Cor. 6:12).

La Biblia no es un libro de medicina ni un manual sobre nutrición, pero sí nos revela cómo Jehová ve estos asuntos. Por ejemplo, nos da este consejo: “Aleja de tu cuerpo las cosas que hacen daño” (Ecl. 11:10). Entre las cosas que ponen en peligro nuestra vida y que la Biblia condena están la glotonería y la borrachera (Prov. 23:20). Así que, a la hora de decidir qué y cuánto vamos a comer y beber, Jehová espera que sepamos controlarnos (1 Cor. 9:25). Si queremos tomar decisiones que demuestren que agradecemos la vida que Dios nos ha regalado, debemos utilizar nuestra capacidad de pensar (Sal. 119:99, 100; Prov. 2:11). Por ejemplo, al decidir lo que vamos a comer, necesitamos buen juicio. Si nos gusta un alimento pero sabemos que nos hace daño, lo más sensato es no comerlo. El sentido común también nos dice que debemos dormir lo suficiente, hacer ejercicio con regularidad, tener una buena higiene personal y mantener limpio nuestro hogar. w23.02 21 párrs. 6, 7.

Examinemos 2024

28/12/2024

Sigan andando de acuerdo con el espíritu y así no harán realidad ningún deseo de la carne (Gál. 5:16).

Sigan andando de acuerdo con el espíritu, Reza el versículo con sagrada voz. Las Escrituras nos guían en este fluir, Un sendero de luz, un camino feroz.
Jehová, generoso, nos da su espíritu santo, Para vencer batallas, en lo correcto andar. En la Palabra de Dios hallamos encanto, Permitiendo que su influencia nos quiera abrazar.
Reunidos en la congregación, recibimos ese don, Compartiendo con hermanos, luchando sin desdén. Nos anima su presencia, su fe y devoción, Refuerzo espiritual, un lazo, un edén.
En oración sincera, pedimos con fervor, Superar debilidades con fuerza celestial. Jehová responde, nos llena de su amor, Dándonos espíritu santo, arma crucial.
Estos actos no hacen desaparecer el mal deseo, Pero nos dan fuerza para no ceder. En la rutina espiritual, hallamos un recreo, Alimentando deseos correctos, en cada amanecer.
Que el espíritu nos guíe, en cada paso firme, Una lucha constante por hacer el bien. Mantén la llama viva, evita lo que oprime, Con la fuerza de Dios, venceremos también.

28 de diciembre

Sigan andando de acuerdo con el espíritu y así no harán realidad ningún deseo de la carne (Gál. 5:16).

Jehová es generoso y nos da espíritu santo para ayudarnos a vencer en nuestra batalla por hacer lo que es correcto. Cuando estudiamos la Palabra de Dios, permitimos que ese espíritu influya en nosotros. También recibimos espíritu santo cuando asistimos a las reuniones. Allí pasamos tiempo con nuestros hermanos, que, igual que nosotros, están luchando por hacer las cosas bien, y eso nos anima (Heb. 10:24, 25; 13:7). Y, cuando le oramos a Jehová de corazón y le rogamos que nos ayude a superar alguna debilidad, él nos da espíritu santo para que seamos fuertes y sigamos luchando. Claro, probablemente estas actividades no harán que los malos deseos desaparezcan, pero nos darán las fuerzas para no dejarnos llevar por ellos. Cuando ya tengamos una buena rutina de actividades espirituales, es muy importante que no la perdamos y que sigamos alimentando deseos correctos. w23.01 11 párrs. 13, 14.

Examinemos 2024

27/12/2024

Se han convertido en una fuente de gran consuelo para mí (Col. 4:11).

En el silencio de la noche, cuando las estrellas titilan con esperanza,
y la luna derrama su luz consoladora sobre la tierra,
los ancianos, tejen hilos de consuelo,
con palabras suaves como el terciopelo y miradas que abrazan el alma.

Son ellos, los sabios de la vida, los que en el desastre se levantan,
primero en asegurar que no falte el pan, ni el techo, ni la manta,
pero saben que más allá de las necesidades del cuerpo y la estancia, yace la herida invisible que solo el bálsamo espiritual sana.

Con la paciencia de los siglos y la ternura de un padre,
acompañan a los hermanos en su lento caminar hacia la calma,
entendiendo que la fe no es inmune al dolor ni a la nostalgia,
que el corazón humano, en su fragilidad, a veces se desgarra.

Harold, con ojos que han visto el dolor convertido en esperanza,
habla de la recuperación como un camino de espinas y de rosas,
donde los recuerdos son aves que vuelven a su nido sin aviso,
y el amor perdido se convierte en fuerza, en coraje, en suspiro.

Porque aunque la normalidad parezca retornar en el alba,
los ecos del pasado resuenan en la quietud de la sala,
y es ahí donde los ancianos, con su sabiduría, no fallan,
al llorar con los que lloran, al curar con palabras.

No es falta de fe sentir el dolor que el tiempo desgrana,
es humano, es real, es parte de esta travesía terrenal,
y en cada lágrima compartida, en cada abrazo dado,
se fortalece la congregación, se sana el corazón dañado.

Así, en cada consejo, en cada gesto de apoyo incondicional,
los ancianos reflejan el amor que es el mayor consuelo universal,
y en cada paso junto a los que sufren, en cada acto de bondad,
se revela la esencia de la empatía, la profundidad de la humanidad.

27 de diciembre

Se han convertido en una fuente de gran consuelo para mí (Col. 4:11).

Los ancianos tienen la responsabilidad de dar apoyo espiritual y emocional a los hermanos (1 Ped. 5:2). Cuando ocurre un desastre, primero deben asegurarse de que cada hermano esté a salvo y tenga alimentos, ropa y techo. Pero es probable que durante muchos meses las víctimas necesiten apoyo espiritual y emocional (Juan 21:15). Harold, que es miembro de un Comité de Sucursal y ha hablado con muchas víctimas de desastres, dice: “La recuperación lleva tiempo. Los hermanos quizás empiecen a volver a la normalidad, pero los recuerdos pueden regresar una y otra vez, ya sean de un ser amado que falleció, de un objeto familiar muy querido o de una situación peligrosa que vivieron. Los recuerdos pueden despertar nuevamente el dolor. Pero esto no quiere decir que les falte fe; es una reacción normal”. Es importante que los ancianos sigan este consejo: “Lloren con los que lloran” (Rom. 12:15). w22.12 22 párr. 1; 24, 25 párrs. 10, 11.

Examinemos 2024

26/12/2024

No se avergonzó de mis cadenas de prisión (2 Tim. 1:16).

En la vastedad de la historia, un eco resuena,
de cadenas y prisiones, donde la fe se sostiene.
Onesíforo, valiente, en la búsqueda se empeña,
hallando a Pablo encadenado, su amistad no se detiene.

Con riesgo y sin temores, su vida él ofrecía,
un faro en la oscuridad, de la persecución fría.
La lección es clara, como el día a la noche sigue,
en el apoyo a los hermanos, el amor se hace amigo.

No es el miedo quien guía nuestras acciones firmes,
sino la valentía que en el pecho se enciende.
Como los hermanos en Rusia, de fe y coraje llenos,
ante el juicio se presentan unidos y serenos.

El apoyo es un puente que cruza ríos caudalosos,
de la calumnia y el arresto, de momentos dolorosos.
Oremos por los perseguidos, por sus familias cuidemos,
y en el amor y el apoyo, nuevas fuerzas tomemos.

Que la historia de Onesíforo, en nuestras mentes resuene,
como un llamado a la acción, donde la bondad previene.
Y en cada acto de apoyo, una semilla se siembre,
de esperanza y de futuro, donde el amor se encumbre.

Porque en la unión está la fuerza, en el cariño la verdad,
y en cada gesto de apoyo, una victoria ante la adversidad.
Sigamos firmes y constantes, en el camino del bien,
y que nuestro apoyo sea el refugio, que el hermano necesite también.

26 de diciembre

No se avergonzó de mis cadenas de prisión (2 Tim. 1:16).

Onesíforo hizo todo lo posible por encontrar al apóstol Pablo y, cuando lo halló, le dio la ayuda que necesitaba. ¡Arriesgó su vida por él! ¿Cuál es la lección? No deje que el temor a los demás le impida apoyar a los hermanos que están aguantando persecución. Haga todo lo posible por defenderlos y ayudarlos (Prov. 17:17). Ellos necesitan nuestro amor y nuestro apoyo. Piense en lo que hacen nuestros hermanos y hermanas de Rusia cuando encarcelan a sus queridos compañeros cristianos. Cuando algunos de ellos van a juicio, muchos hermanos se presentan en el tribunal para darles su apoyo. ¿Cuál es la lección? Si se calumnia, arresta o persigue a hermanos con responsabilidades, no se asuste. Ore por ellos, cuide de sus familias y busque maneras de darles su apoyo (Hech. 12:5; 2 Cor. 1:10, 11). w22.11 17 párrs. 11, 12.

Examinemos 2024

24/12/2024

Cómete este rollo y después vete a hablarle a la casa de Israel (Ezeq. 3:1).

En el vasto lienzo del tiempo, las palabras de Ezequiel resuenan,
un eco divino que atraviesa los siglos con su sagrado desdén.
Un rollo consumido, no por fuego, sino por ferviente devoción,
se convierte en dulzura en los labios, una celestial promoción.

La misión del profeta, un sendero tejido con divina precisión,
cada palabra una semilla, cada frase una firme decisión.
El mensaje, un manjar más dulce que la miel en su expresión,
un bálsamo para el alma, una luz en la oscura depresión.

Ezequiel, el elegido, con el peso de la verdad en su ser,
se alza para hablar, para guiar, para en el amor florecer.
La casa de Israel, su audiencia, su campo de acción y labor,
espera las palabras que brotan, llenas de esperanza y fervor.

El honor de representar al Creador, una carga gloriosa y pura,
le da alas al profeta, le infunde una pasión que asegura.
La gratitud inunda su corazón, por ser la voz de lo divino,
un canal de sabiduría, un puente hacia el destino.

"Escucha y acepta en tu corazón", le susurra la voz eterna,
un mandato que penetra el alma, que a la verdad gobierna.
Meditar en las palabras, dejar que la fe se alimente,
para que el mensaje divino en su mente se cimente.

El rollo, una metáfora de conocimiento y revelación,
se despliega ante Ezequiel, lleno de iluminación.
Cada versículo, un tesoro; cada línea, una lección,
un mapa hacia la salvación, una divina conexión.

Con el mensaje de Dios en su boca y en su corazón latente,
Ezequiel se prepara, listo para ser la voz preeminente.
La dulzura de su carga, el honor de su llamado,
lo llevan a predicar, con el espíritu alado.

Así, el profeta comienza, con el rollo como su guía,
a hablar a la casa de Israel, con la verdad que armoniza.
Su misión, un eco de amor, una sinfonía de fe,
un legado que perdura, que a través del tiempo se ve.

En la historia de Ezequiel, una lección para la humanidad,
de asimilar el mensaje, de buscar la divina claridad.
Que las palabras se vuelvan acción, que la fe se vuelva vida,
y que cada paso que demos, sea una senda bendecida.

24 de diciembre

Cómete este rollo y después vete a hablarle a la casa de Israel (Ezeq. 3:1).

Ezequiel tenía que asimilar por completo el mensaje que debía anunciar. Ese mensaje tenía que llegar a ser parte de él; debía influir en sus sentimientos más profundos. Entonces ocurrió algo inesperado. Ezequiel descubrió que el rollo “era tan dulce como la miel” (Ezeq. 3:3). ¿Por qué? Porque, para él, el honor de representar a Jehová era algo dulce o agradable (Sal. 19:8-11). Estaba muy agradecido de que Jehová lo hubiera escogido para ser su profeta. Más tarde, Jehová le dijo a Ezequiel: “Escucha y acepta en tu corazón todas las palabras que te digo” (Ezeq. 3:10). Jehová le estaba diciendo que tratara de recordar las palabras escritas en el rollo y que meditara en ellas. Eso alimentaría la fe de Ezequiel y dejaría claro en su mente el poderoso mensaje que debía llevarle a la gente (Ezeq. 3:11). Con el mensaje de Dios en su boca y en su corazón, el profeta estaba listo para empezar a predicar y cumplir su misión. w22.11 6 párrs. 12-14.

Examinemos 2024

23/12/2024

La sabiduría es una protección (Ecl. 7:12).

En el tejido de palabras que es Proverbios, se halla la sabiduría,
como hilo dorado que entreteje la protección y la verdad.
"La sabiduría es una protección", así lo dice el Eclesiastés,
un escudo más fuerte que el acero, más valioso que el oro o el interés.

Nos aconseja ser contentos, no anhelar riquezas sin cesar,
pues como águilas en vuelo, pueden fácilmente escapar.
La avaricia ciega al hombre, lo lleva a perder lo más vital:
su honor, su paz, su salud, en un mar tempestuoso y fatal.

Pero hay más en estos versos, un llamado a la reflexión,
a pensar antes de hablar, evitar la cruel decepción.
Las palabras pueden ser espadas, o pueden ser el bálsamo que sana,
depende del corazón y la mente, de la intención que las emana.

No chismorrear, no herir, mantener la paz y el amor,
es lo que Proverbios enseña, con cada letra y cada color.
Es un libro de vida, un manual de eterna juventud,
que nos guía por senderos de justicia, bondad y virtud.

Así que tomemos estos consejos, como llaves de un reino mayor,
donde la sabiduría es reina, y el amor el más noble señor.
Vivamos con estas palabras, como faros en la oscura noche,
y encontraremos en ellas, un camino claro y sin reproche.

23 de diciembre

La sabiduría es una protección (Ecl. 7:12).

En las páginas del libro de Proverbios, Jehová nos da consejos que son válidos en todas las épocas y que mejoran nuestra vida si los aplicamos. Examinemos dos de esos sabios consejos. Primero, estemos contentos con lo que tenemos. Proverbios 23:4, 5 da este consejo: “No te desvivas consiguiendo riquezas [...], porque sin falta les saldrán alas como las del águila y se irán volando por el cielo”. Aun así, hoy en día tanto ricos como pobres están obsesionados con ganar dinero. Con frecuencia, eso los lleva a comportarse de tal manera que dañan su reputación, sus relaciones con otros y hasta su salud (Prov. 28:20; 1 Tim. 6:9, 10). Segundo, pensemos antes de hablar. Si no tenemos cuidado, podemos hacer mucho daño con lo que decimos. Proverbios 12:18 señala: “Las palabras dichas sin pensar son como los golpes de una espada, pero la lengua de los sabios cura las heridas”. Si evitamos chismorrear sobre las faltas de otros, mantendremos buenas relacines con los demás (Prov. 20:19). w22.10 21 párr. 14; 22 párrs. 16, 17.

Examinemos 2024

22/12/2024

Feliz el hombre que sigue aguantando durante la prueba, porque, cuando sea aprobado, recibirá la corona de la vida (Sant. 1:12).

En el vasto tapiz de la fe, cada hilo cuenta la historia de la resistencia, un relato de aquellos que, a pesar de las pruebas, mantienen firme su devoción. Como el cedro que se yergue en la tormenta, así es el hombre que, en la adversidad, no se doblega. La corona de la vida aguarda, no como un adorno pasajero, sino como un reconocimiento eterno a la perseverancia del espíritu.

En el altar de lo divino, la adoración se eleva como incienso, una fragancia que busca complacer al Creador. La esencia de la adoración verdadera no reside en los templos construidos por manos, sino en el templo del corazón, donde el espíritu y la verdad se entrelazan en un baile sagrado. Es allí donde el Ser Espiritual, libre de cadenas terrenales, se sumerge en la pureza de la devoción, ofreciendo cada pensamiento, cada acción, como un himno a la gloria del Altísimo.

Los que se encuentran en las sombras de la restricción, cuyas voces han sido silenciadas por mandatos terrenales, aún encuentran la luz en la quietud de su fe. Hermanos encerrados tras barras de injusticia, aún cantan con alegría, pues su espíritu no conoce de rejas. En la comunión silenciosa de la oración, en el estudio solitario de las Escrituras, ellos hablan de un reino no de este mundo, un reino de justicia y paz.

Aquellos que caminan por el valle de la difamación, que soportan el peso de la persecución, encuentran consuelo en la promesa de una presencia divina. La felicidad no es una circunstancia, sino una elección hecha en la profundidad de la fe, una fe que declara que, más allá de la tormenta, hay un refugio seguro, más allá de la noche, un amanecer de esperanza.

Así, en la poesía de la existencia, cada verso es un testimonio de la fortaleza humana, cada estrofa una celebración de la gracia divina. La vida, con sus pruebas y sus triunfos, se convierte en una sinfonía de resiliencia, donde cada nota resuena con la dulzura de la fe inquebrantable y la melodía del amor eterno.

22 de diciembre

Feliz el hombre que sigue aguantando durante la prueba, porque, cuando sea aprobado, recibirá la corona de la vida (Sant. 1:12).

Debemos asegurarnos de que la adoración a Jehová sea lo primero en nuestra vida. Cómo Jehová es nuestro Creador, merece que lo adoremos (Apoc. 4:11; 14:6, 7). Así que lo más importante en nuestra vida debe ser adorarlo como él desea, “con espíritu y con verdad” (Juan 4:23, 24). Queremos que el espíritu santo de Dios guíe nuestra adoración para que esté de acuerdo con las verdades de la Biblia. Nuestro servicio a él debe ser lo más importante incluso si vivimos en un lugar donde nuestra obra está restringida o prohibida. En la actualidad, más de 100 hermanos y hermanas están presos sencillamente por ser testigos de Jehová. Aun así, se sienten felices porque hacen lo que pueden para orar, estudiar y hablarles a otros de nuestro Dios y su Reino. Aunque nos insulten o persigan, nos sentimos felices al saber que Jehová está con nosotros y que nos recompensará (1 Ped. 4:14). w22.10 9 párr. 13.

Examinemos 2024

21/12/2024

Jehová está de mi parte, no tendré miedo (Sal. 118:6).

En la vastedad del cosmos, donde las estrellas cantan melodías de luz y sombra, un salmista antiguo halló consuelo en la presencia divina. "Jehová está de mi parte", proclamó con fe inquebrantable, un faro de esperanza en la oscuridad de sus tribulaciones. No temerá, pues el amor divino es su escudo, su fortaleza en la batalla contra el miedo. Como un guerrero que se alza en la noche, su corazón no conoce el temblor ante el enemigo, ni la duda lo asalta en su marcha.

Los enemigos se alinean, sombras amenazantes en el valle de la existencia humana, pero su fe es un fuego que no pueden extinguir. Las influencias terrenales, poderosas y persistentes, buscan desviar su camino, pero él permanece firme, arraigado en la certeza de un amor más grande. La presión del mundo es intensa, como un viento que busca derribar al más fuerte de los árboles, pero su espíritu es como el roble, inamovible ante la tormenta.

La disciplina divina, severa y justa, es recibida no como castigo, sino como enseñanza, una guía para el alma que busca la luz entre las sombras. "No tendré miedo", canta, una declaración que resuena a través de los siglos, un eco de coraje que trasciende el tiempo. El amor del Padre celestial, un bálsamo para todas las heridas, es la promesa de auxilio en cada paso del camino.

Cada cristiano lleva esta melodía en su corazón, la certeza de un amor personal, profundo y eterno. Es un escudo contra los temores comunes, una armadura contra la incertidumbre. El temor a la carencia, a la opinión ajena, a la misma muerte, se disipa como la niebla ante el amanecer de la fe. Porque en la presencia de Jehová, ¿qué temor puede prevalecer?

Así, el salmista nos enseña, a través de sus palabras inmortales, que el amor y la fe son las llaves para liberarnos de las cadenas del miedo. Nos invita a confiar, a creer, a esperar contra toda esperanza. En su canto, encontramos la fuerza para enfrentar nuestros propios valles y sombras, armados con la luz de un amor que nunca falla.

21 de diciembre

Jehová está de mi parte, no tendré miedo (Sal. 118:6).

Satanás no logrará asustarnos si estamos convencidos de que Jehová nos ama, de que está de nuestra parte. Por ejemplo, el escritor del Salmo 118 pasó por situaciones muy angustiosas. Tenía muchos enemigos, entre los cuales había personas muy influyentes (versículos 9 y 10). A veces tuvo que soportar presiones muy fuertes (versículo 13). Y también recibió disciplina severa de parte de Jehová (versículo 18). A pesar de todo esto, dijo en su canción: “No tendré miedo”. Sabía que, aunque su Padre celestial lo había disciplinado, contaba con su amor. El salmista estaba seguro de que, pasara lo que pasara, su cariñoso Dios siempre estaría listo para ayudarlo (Sal. 118:29). Cada cristiano tiene que estar convencido de que Jehová lo ama personalmente. Tener esa seguridad nos ayudará a vencer tres temores muy comunes: 1) el temor a no poder mantener a la familia, 2) el temor a otras personas y 3) el temor a morir. w22.06 15 párrs. 3, 4.

Examinemos 2024

20/12/2024

Los llamo amigos (Juan 15:15).

En la vastedad de la historia, un relato resuena,
de un maestro y sus amigos, en tiempos de prueba y fortuna.
Llamados amigos, no siervos, una distinción tan divina,
en Juan quince quince, un amor que define.

Jesús, el maestro, en sus discípulos confió,
a pesar de sus fallos, su fe nunca desistió.
Santiago y Juan, en busca de gloria y honor,
mas él vio más allá de sus deseos, sin rencor.

En el jardín, cuando la traición se desveló,
y la noche en su manto más oscuro los envolvió,
todos huyeron, el miedo los dispersó,
pero el amor del maestro por ellos nunca cambió.

“Los amó hasta el final”, palabras que perduran,
en Juan trece uno, un legado que aseguran.
Después de la muerte, la vida se abrió paso,
y a sus fieles once, una misión les fue trazado.

Hacer discípulos, cuidar de las ovejas,
en Mateo veintiocho, una tarea de realeza.
Juan veintiuno, quince a diecisiete,
una confianza en ellos, que el tiempo no delete.

Imperfectos, sí, pero fieles en su esencia,
Jesús confió en la humanidad, en su inherente decencia.
Todos fueron leales, hasta su último aliento,
en la Tierra, su devoción fue su firme cimiento.

Este buen ejemplo, un faro que nos guía,
a confiar en los demás, en la cotidiana porfía.
Imperfectos somos todos, pero dignos de fe,
como Jesús enseñó, en su andar, en su bregar, en su ser.

Así, en versos, la historia se cuenta de nuevo,
de amistad, de confianza, de un amor eterno.
Que nos anima a seguir, a creer, a amar,
en este viaje humano, en nuestro singular andar.

20 de diciembre

Los llamo amigos (Juan 15:15).

Jesús confió en sus discípulos a pesar de sus fallos (Juan 15:16). Cuando Santiago y Juan le pidieron un puesto de honor en el Reino, Jesús no cuestionó por qué servían a Jehová ni les dijo que ya no serían sus apóstoles (Mar. 10:35-40). Y, en la noche que fue arrestado, todos sus discípulos lo abandonaron (Mat. 26:56). Pero Jesús nunca perdió la fe en ellos. Aunque conocía sus defectos, “los amó hasta el final” (Juan 13:1). Y, después de resucitar, hasta les encargó a sus 11 apóstoles fieles la gran responsabilidad de dirigir la obra de hacer discípulos y de atender a sus valiosas ovejas (Mat. 28:19, 20; Juan 21:15-17). Y no se equivocó al confiar en estos hombres imperfectos. Todos fueron fieles hasta el final de su vida en la Tierra. Jesús confió en seres humanos imperfectos. Su buen ejemplo nos anima a hacer lo mismo. w22.09 6 párr. 12.

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