22/12/2025
Hoy celebramos a quienes educan no desde la comodidad, sino desde la convicción.
A quienes llegan al aula con lo que tienen —a veces poco, a veces solo la voluntad— y aun así lo entregan todo.
En especial, a las educadoras y los educadores de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Camagüey, que han hecho de la enseñanza un ejercicio diario de coherencia, sensibilidad y responsabilidad humana. Enseñar aquí no es repetir contenidos: es formar pensamiento, despertar preguntas, acompañar procesos y sostener personas.
En tiempos difíciles, enseñar se vuelve un acto profundamente personal. Quien permanece lo hace porque cree en el valor de la educación, porque ama su profesión y porque entiende que su presencia importa. No es obligación ni discurso: es vocación. Y cuando el amor es el motor, el esfuerzo pesa más, pero también vale el doble.
Cada clase preparada, cada corrección, cada conversación fuera de horario, cada palabra de aliento, habla de una ética silenciosa que no busca aplausos. Habla de compromiso con el conocimiento y, sobre todo, con las personas que aprenden.
Por eso hoy no celebramos solo a quien enseña, sino a quien permanece, a quien cuida, a quien confía en que educar sigue siendo una forma de construir futuro, incluso cuando no es fácil.
Gracias por sostener la educación con humanidad.
Gracias por enseñar con amor.
Feliz Día del Educador.