28/09/2026
CARTA DE AGRADECIMIENTO Y RECONOCIMIENTO
A la Dirección y Colectivo de Trabajadores
Hospital Militar Central "Dr. Luis Díaz Soto" (Naval)
Con copia y especial deferencia a:
Colectivo de Dirección y Compañeros del Hospital Militar Central "Dr. Carlos J. Finlay"
Hace un poco más de 10 años convivo diariamente con los trabajadores de los hospitales militares centrales (Finlay y Naval), observándolos siempre con total admiración y respeto. Sin embargo, este pasado miércoles 19 de Agosto, la vida me golpeó de frente y, justo en ese instante, mi visión cambió para siempre: hoy los miro con toda la gratitud que un ser humano puede sentir.
Ante una llamada de auxilio, cuando la salud de mi madre —la persona más importante de mi vida— corría peligro inminente, respondieron al instante. No hubo preguntas, no hubo dudas; corrieron a mi encuentro y, en menos de 20 minutos, ya me encontraba en el tomógrafo del Hospital Naval, esperando un diagnóstico que la angustia ya me anticipaba.
En esa jornada, la salud de mi madre, Lenia Rivero Richard, flaqueó de manera repentina y alarmante. Una hemorragia cerebral de fosa posterior llegó como una tormenta violenta para oscurecer nuestro camino, sumiéndonos en la angustia y en la más profunda incertidumbre. Llegamos a las puertas del Hospital Naval cerca del mediodía, con el alma en un hilo y con pronósticos donde la literatura médica advertía que las probabilidades de recuperación eran mínimas. Sin embargo, en ese instante en que la sombra parecía ganar terreno, mi madre fue acogida por la luz de un colectivo excepcional, donde la ciencia jamás se divorció del amor y donde nadie se dio por vencido.
Fueron semanas durísimas, de casi un mes de batalla ininterrumpida frente a cada complicación que apareció en el trayecto —y bien sabemos que no fueron pocas—. Pero frente a cada obstáculo se levantó una muralla de talento, rapidez y sapiencia médica asombrosa.
Encontré en el "Luis Díaz Soto" tantas manos generosas, tantas miradas de aliento y tantas voluntades unidas, que nombrarlos a cada uno sería correr el injusto riesgo de dejar a alguien fuera. Me conmovió profundamente ver a un personal mayoritariamente joven, pero con una madurez, una entrega y una profesionalidad desbordante que emociona y enorgullece. Desde los médicos de guardia, neurocirujanos, cirujanos, intensivistas, el personal de enfermería —esos ángeles incansables a pie de cama—, técnicos, camilleros y personal de apoyo: todos cuidaron a mi madre como si fuera la suya propia.
Deseo destacar de manera muy especial a la Directora de la institución, por su sensibilidad y liderazgo humano, por acompañar de cerca cada proceso, pendiente con desvelo y calidez materna de la evolución de mi madre en los momentos de mayor peligro.
Sería profundamente injusto no expresar mi gratitud hacia el Hospital Militar Central "Dr. Carlos J. Finlay", mi entrañable centro laboral.
Ante cada solicitud de ayuda, ante cada llamado en medio de la zozobra, encontré una respuesta inmediata, solidaria y fraterna. Saberse respaldado por la propia casa cuando la familia sufre es un consuelo que no tiene precio ni olvido.
Hoy, gracias a ese milagro concertado entre la medicina de excelencia y la fe inquebrantable de dos instituciones insignes de nuestras Fuerzas Armadas, mi madre ya está en casa, rodeada de los suyos y recuperándose día a día.
No me alcanzarán los años para devolverles lo que hicieron por nosotros. Devolvieron a mi madre a la vida y la esperanza a mi hogar. Que la vida les multiplique con salud, bendiciones y sabiduría cada minuto que dedicaron a no dejarla caer.
Con la más infinita admiración, respeto y gratitud eterna,
Teniente Leanny Martínez Rivero
La Habana, Cuba