04/09/2026
Buenos días
Almonte te guarda cuando todos se han ido.
Cuando se apaga el último cascabel de mayo
y el pinar se queda solo con sus propias sombras,
tú sigues ahí, en tu casa de siempre,
la Iglesia de la Asunción, con las puertas cerradas al frío
y abiertas a quien entra a decirte las cosas de verdad,
las que no se dicen entre empujones ni entre gritos de romero.
No hace falta la marea de gente para que seas Reina.
Aquí, en tu calle, entre las casas blancas de Almonte,
eres primero vecina antes que aparición,
la que ve crecer a los niños del pueblo,
la que sabe los nombres de los que barren la plaza cada día,
la que conoce el silencio de un martes cualquiera
mejor que el bullicio de la Romería.
Blanca Paloma de la Asunción,
tu manto no necesita multitud para brillar.
Basta una vela sola, un candil de aceite,
la mano de una vieja que entra sin avisar
y te cuenta lo del hijo, lo del nieto, lo del dolor de espalda,
como quien habla con alguien de la familia.
El Pastorcito te mira desde siempre igual,
sin prisa, sin la fiebre del Camino,
porque aquí el tiempo no corre detrás de nadie.
Aquí solo se espera.
Camino y Rocío