03/04/2026
El momento del encuentro entre Nuestro Padre Jesús Nazareno y María Santísima de los Dolores en la madrugá del Jueves Santo en la Guardia de Jaén.
En la quietud de la madrugada, mientras la ciudad apenas empieza a despertar o aún permanece en silencio, las calles empedradas se llenan de un recogimiento especial. Nuestro Padre Jesús Nazareno como es conocido con ternura y devoción, avanza con paso lento, rodeado por una marea de promesas, velas y lágrimas contenidas. Al mismo tiempo, María Santísima de los Dolores lo busca, con esa expresión de infinita pena y amor maternal, avanzando entre la oscuridad, iluminada por los cirios de sus devotos.
El silencio se vuelve absoluto. Solo se escucha el murmullo de los cofrades, el roce del paso al andar, y tal vez alguna saeta que se alza desgarradora desde algún balcón.
Entonces, las dos imágenes se miran. Frente a frente. El Nazareno con la cruz al hombro, sereno, resignado, y la Virgen de los Dolores, rota de dolor, en un instante suspendido en el tiempo.
La emoción se desborda. Hay quienes no pueden evitar las lágrimas. Otros rezan en silencio. Muchos graban en el alma una escena que, aunque se repite cada año, nunca deja de ser profundamente única.