17/12/2025
Soy Paola Martín y acabo de concluir el octavo semestre de la licenciatura de Médico Cirujano. Hoy puedo afirmar con certeza que estudiar medicina es una decisión que te cambia la vida por completo. Cuando entré a la carrera, tenía una idea idealizada de lo que significaba ser médico. Con el tiempo comprendí que esta profesión no solo te enseña a diagnosticar o tratar enfermedades: te transforma como persona desde lo más profundo. Hay días en los que la carga académica parece imposible. Las clases se acumulan, las prácticas se entrelazan, los exámenes llegan uno tras otro sin tregua, pero justo en esos momentos más difíciles, siempre aparece algo que te recuerda por qué elegiste este camino: un paciente que agradece tu ayuda con los ojos llenos de esperanza, un tema complejo que finalmente comprendes después de horas de estudio, o un maestro que te inspira con su experiencia y pasión por la medicina. Mi escuela ha jugado un papel fundamental en este proceso. Desde el primer día, los directivos han contribuido a nuestra formación, inculcándonos valores esenciales como la responsabilidad, la disciplina y el humanismo hacia nuestros pacientes. Aquí he tenido el privilegio de conocer profesores que realmente aman enseñar y que dejan huella en cada clase.
En mi escuela he aprendido a ser responsable, a no rendirme ante la adversidad, a estudiar incluso cuando no tengo energía, y a celebrar cada logro, por pequeño que sea.
Medicina es cansada, exigente y a veces abrumadora, pero también es noble, profundamente humana y significativa. Cada día dentro de esta carrera, por difícil que sea, me confirma algo con absoluta certeza: “estoy exactamente donde debo estar”