30/04/2026
Hoy que celebramos el día del niño pido al Dios de tu corazón que nos atrevamos a resurgir al niño que guardamos. Porque si mis cálculos no me fallan, cuando cumplimos ocho años, no dejamos de tener siete; y cuando cumplimos 13, no dejamos de tener 12; y así sucesivamente. Por tanto, todos estamos potenciados de ese espíritu de niño.
Seamos niños, porque en verdad lo somos. El niño cae frecuentemente –como yo-, pero se levanta con prontitud y ligereza. Cuando somos niños las caídas y las flaquezas se convierten en medios de formación.
Cuando se es niño, se es dócil –del latín docilis, que puede ser enseñado o adiestrado-. Es decir, quien está dispuesto y preparado a ser enseñado. Se sabe muy en “pañales” respecto a los diversos conocimientos y tiene el alma abierta a la formación, con deseos siempre de conocer la verdad. Quien, por el contrario, vive como adulto, da por sabidas muchas cosas -que en realidad desconoce-. Cree saber, pero se ha quedado en lo externo, en la apariencia, sin ahondar en el saber profundo. Un adulto se distingue a millas de distancia, se le puede ver saturado, repleto de su ignorancia y cerrado al verdadero conocimiento.
Ya lo decía ese famoso personaje que acompañó las mañanas domingueras de muchos.
Hoy me fui caminando
Por las calles amigas, las calles amigas de mi ciudad
Ella iba cantando riendo y jugando
Con el alma llena de felicidad.
La gente me mira se ríe asustada
Ha de estar prohibida la felicidad
Solo un niño amigo pequeño y travieso
Al ver mi alegría me miro con fe.
Compartió mi risa, mis juegos, mis cantos
Hizo que la gente empezara a cantar.
Si los niños gobernaran al mundo
Y en lugar de guerra se ordenara jugar
La gente tendría sonrisas sinceras
Y en todas las calles se oiría cantar.
Que en todo nos vaya bien.
JVB.