20/12/2025
“La oveja que no quiso dejarse esquilar”
Blanca era la oveja más bella de todo el rebaño, su lana realmente brillaba más que la de sus compañeras. Sin embargo, eso era lo único por lo que llamaba la atención. En las mañanas, obedientemente salía con las demás a pastar, y al ponerse el sol era la primera de entrar en el corral. Mas cuando en primavera llegó la época de esquilar, se acabó la obediencia. Mientras sus compañeras se dejaban pelar sin problema, Blanca siempre se escapaba con grandes brincos, cuando alguien trataba de esquilarla; de ninguna manera quería entregar su lana blanca. Finalmente, el pastor se cansó de corretear tras la pequeña oveja y decidió: -“Pues que Blanca se quede con su caliente lana de invierno. Con tanta lana gruesa en verano sentirá el calor.”
Por cierto, cuando las demás ovejas esquiladas salían a los campos y su lana, ya amarrada en grandes bultos, era vendida en los mercados, blanca seguía cargando su abrigo. No fue nada fácil para ella sobrevivir cuando llegó el verano. Muchas veces sintió el calor, y buscaba un lugar sombreado para refrescarse. El pastor hubiera querido ayudarla, liberándola de su lana. Ni de esta manera Blanca permitió que se le acercara con las tijeras. ¿Para quién quería guardar su lana?
Llegó el invierno, el mismo en que María y José pernoctaron en el corral. Al día siguiente Blanca había cambiado completamente de actitud: se acercó al pastor y con toda clase de señas trató de darle a entender que ahora urgentemente quería ser esquilada.
-“No se puede”, contestó el pastor cuando finalmente comprendió lo que la oveja quería.
-“Ahora en invierno, con este frío necesitas tu lana.” Pero Blanca no dejó de molestar e insistir, y cuando vio que no le hacían caso, se puso muy triste y dejó de comer. Ya no volvió a tocar el pasto por más que se lo rogaban.
-“Bueno, entonces se hará tu voluntad”, suspiró pastor, y cogió sus tijeras para cortarle la lana. Blanca quedó muy quieta, mansa, hasta que el último rizo había sido cortado. Para que la ovejita no sintiera demasiado frío, el pastor le buscó una vieja chaqueta y se la puso. En cambio, la lana cortada quedó empacada en un bulto y la guardó para el siguiente día de mercado que todavía estaba lejos.
Sin embargo, al llegar dicha temporada de ventas, el mismo pastor ya había obsequiado la lana al niño Jesús que había nacido en el establo de Belén. Y por fin comprendió para quien su Blanca Lana había sido conservada.
Últimos días