17/12/2025
CRUCE POR LA EDUACIÓN
Primera Etapa (5 de Setiembre de 2012)
Apenas la Ciudad de Córdoba estiraba sus brazos para dar paso a un nuevo día. A esa hora en que las calles se nutren de taxis, autos llenos de chicos rumbo a las aulas, cuando se oyen a los canillitas voceando el diario del día y el olorcito a café se cuela por uno y otro lado. Precisamente en ese momento tan especial, la Plaza Sarmiento se llenaba de blanquísimos guardapolvos, del bullicio de más de trescientos niños curiosos, ilusionados, expectantes.
Un año más los cinco amigos estaban a los pies del monumento al gran maestro, con ganas de compartir su mensaje con todos, con deseos de abrazar a cada uno de esos chicos y en ellos a todos los niños del país, auténticos destinatarios de su gesta. El acto tuvo momentos emotivos con la presencia de familiares, amigos y los medios de comunicación más importantes de la ciudad. Luego del himno nacional, el propio de Sarmiento y las palabras de rigor, los ciclistas montaron sus cabalgaduras y emprendieron viaje, el Segundo Cruce por la Educación ya estaba en marcha.
De Córdoba a Carlos Paz todo transcurrió sin inconvenientes, la mañana fresca con cielo nublado hizo más placenteros los 35 km de distancia. Una vez en la capital de Punilla los niños de más de 12 escuelas salieron a las calles a saludar el paso de la caravana del cruce. Los gritos de aliento el vuelo de las banderitas y los cientos de cartas que acercaron a los ciclistas fueron metiéndolos en una atmósfera cargada de cariño y la más pura energía. Pronto vendrían las primeras subidas y el esfuerzo para sostener un buen ritmo se hacía notorio, el camino de Las Altas Cumbres volvía a dar la bienvenida al Cruce por la Educación. La primera parada se hizo en el Parador Copina, donde luego de una sesión de elongación disfrutaron de un generoso almuerzo. Después vino la Fundación Cóndor y de nuevo a la ruta para superar las pronunciadas pendientes de una de las siete maravillas cordobesas.
Una gran sorpresa, y quizás haya sido uno de los momentos más fuertes de la primera etapa, esperaba a la caravana en una curva solitaria del camino. Allí un señor mayor, quizá en los 80 años, esperaba El Cruce por la Educación con un cartel de madera escrito a mano que rezaba: "Escuela 249 Villa El Ancasti, presente". Se trataba de Hugo López, un carpintero catamarqueño radicado en Carlos Paz. Hombre de manos ásperas y un corazón casi tan suave como la emocionada voz que alentaba el paso de las bicicletas. López agradeció la iniciativa al tiempo que aseguraba compartir ideales con los gestores del Cruce por la Educación. Resulta que este catamarqueño de ley había visitado su escuela luego de 50 años de egresado, al ver las carencias que tenía el edificio, decidió construir con sus manos bancos, mesas y sillas para sus aulas. Un día las llevó en su antiguo Renault 4 que iba tan cargado de muebles que apenas si podía conducir. "Dejé todo allá", comenta López, " al dejarlo sentí que devolvía parte de lo que había recibido hacía tantos años". Regresó de Villa Ancasti con el auto vacío y el corazón rebosante de orgullo. Ese hombre hoy se acercó a la ruta, fue a decirle a cada uno de los ciclistas que era uno de ellos, un soñador que no se conforma, un luchador dispuesto a llenar escuelas con la espada de la constancia y el ejemplo.
Volviendo a la ruta, muy pronto se hizo presente una invitada que poca simpatía despertó en los ciclistas: La niebla.
Protagonistas de la primera etapa, las densas nubes al ras del piso obligaron a aminorar la marcha. El ritmo de pedaleo fue atenuándose ante la dificultad de ver a más de diez metros y el esfuerzo se notaba en los rostros de los pedalistas. Posiblemente hayan sido los 30 km más intensos y duros del cruce, por la tensión y el suelo resbaladizo. La presencia de la policía como escolta fue fundamental, algún colaborador espontáneo acercó una ayuda inestimable. La llegada al Parador El Cóndor, a 2300 metros sobre el nivel del mar, fue un auténtico alivio entre las primeras gotas de una fuerte tormenta y la más cerrada oscuridad que haya tenido el Cruce. El calor del hogar, el crepitar de la leña y el aroma del chocolate caliente, dieron paso al plan de la segunda etapa, la lectura de algunas cartas de los niños y la cena de rigor, para ir a dormir, reponer fuerzas y soñar con un país mejor, con igualdad de oportunidades para todos y la posibilidad de que los niños hagan lo que su vocación les dicte. Era momento de preparar un nuevo día, un nuevo mañana.