La fonoaudiología durante muchos años ha sido considerada una disciplina pasiva, (pasivo es un adjetivo y que cuenta con diversos usos. La pasividad desde nuestro punto de vista es una actitud opuesta a la acción constante, a la voluntad de generar y dirigir los propios logros e involucrarse con todas y cada una de sus etapas.) Creemos que generando movimiento obtenemos resultados. Con el tiempo y
el compromiso que te da el conocimiento se ha logrado inspirar y de a poco ingresar en ámbitos laborales que antes se consideraba imposible. Las unidades de cuidados intensivos y las unidades de cuidados intermedios es una muestra de esto. Nuestra principal incumbencia dentro de estos ámbitos, es poder aportar al equipo nuestras herramientas de trabajo, áreas donde nos sentimos seguras y firmes como es el entrecruzamiento faringo-laríngeo donde no solo los alimentos son los protagonistas sino también el aire. Hablar de deglución no es solo procesar un bolo de alimento, controlar su trayecto, es también hablar de compromiso cognitivo de presiones de aire, de parámetros de nutrición, de cadenas musculares, de entrenamiento orofacial, etc. El trabajo fonoaudiológico es un camino de aprendizaje… que se hace desde adentro hacia fuera, es por eso que nos fortalecemos no solo desde el conocimiento, sino que además consideramos que “nuestra inclusión” en estos ámbitos es necesario.