06/04/2016
Ψ...............LEYENDA DEL AJEDREZ…...........Ψ
Relacionado con el último problema relacionado con el juego de ajedrez, dejamos a continuación el relato acerca de la invención de dicho juego de estrategia.
Difícil será descubrir la época exacta en que vivió y reinó en la India un príncipe llamado Iadava.
Tenía singular aptitud militar; sereno, elaboró un plan de batalla para impedir la invasión, y tan hábil y afortunado fue al ejecutarlo, que logró vencer y aniquilar por completo a los malintencionados perturbadores de la paz de su reino.
Mencionado triunfo le costó grandes sacrificios; muchos jóvenes y entre los mu***os, quedó su hijo, el príncipe Adjamir.
Con el correr de los días, se agravaba la angustia y la tristeza que oprimían el corazón del rey (En aquellos tiempos el desarrollo de la farmacología no estaba tan avanzado y no se lo podía mandar a un psiquiatra para que inicie un tratamiento con antidepresivos).
El infeliz monarca pasaba largas horas trazando, sobre una gran caja de arena, las diversas maniobras realizadas por las tropas durante el asalto. Un surco indicaba la marcha de la infantería; otro, paralelo, a su lado, mostraba el avance de los elefantes de guerra; un poco más abajo, representada en pequeños círculos, dispuestos con simetría, se perfilada la temida caballería. Así, por medio de gráficos, esbozaba el rey la colocación de las tropas, estando las enemigas desventajosamente colocadas, gracias a su estrategia, en el campo en que se libró la batalla decisiva.
Una vez completo el cuadro, borraba el rey todo, y comenzaba otra vez, como si sintiese placer en revivir los momentos de angustia y ansiedad pasados.
Un día, finalmente, fue informado el rey de que un joven –pobre y modesto- solicitaba una audiencia. Como estuviese en ese momento en buena disposición de ánimo, ordenó el rey que llevaran al desconocido a su presencia.
Conducido a la gran sala del trono, fue interpelado por uno de los visires del rey con el fin de saber el objetivo de su visita.
- Mi nombre es Lahur Sessa, y vengo de una aldea que está a treinta días de marcha de esta bella ciudad. Al recinto en que vivía llegó la noticia de que nuestro bondadoso rey arrastraba los días, en medio de profunda tristeza, amargado por la ausencia del hijo que le robaba la guerra.
Pensé en inventar un juego que pudiera distraerlo y abrir en su corazón las puertas a nuevas alegrías. Es ese insignificante obsequio que deseo, en este momento, ofrecer a nuestro rey Iadava.
Tenía el soberano hindú el grave defecto de ser excesivamente curioso. Cuando le informaron del obsequio de que el joven era portador, no pudo contener el deseo de verlo y apreciarlo sin demora.
Lo que Sessa traía consistía en un gran tablero cuadrado, dividido en sesenta y cuatro cuadraditos iguales; sobre ese tablero se colocaban dos colecciones de piezas, que se distinguían unas de otras por el color, blancas y negras, repitiendo simétricamente los motivos y subordinadas a reglas que permitían de varios modos su movimiento.
Sessa explicó con paciencia al rey, a los visires y cortesanos que rodeaban al monarca, en qué consistía el juego, enseñándoles las reglas esenciales:
- Cada uno de los jugadores dispone de ocho piezas pequeñitas, llamadas peones. Representan la infantería que avanza sobre el enemigo para dispersarlo. Secundando la acción de los peones vienen los elefantes de guerra, representados por piezas mayores y más poderosas; la caballería, indispensable en el combate, aparece, igualmente, en el juego, simbolizada por dos piezas que pueden saltar como dos corceles, sobre las otras; y para intensificar el ataque, se incluyen los dos visires del rey. Otra pieza, dotada de amplios movimientos, más eficiente y poderosa que las demás, representará el espíritu patriótico del pueblo y será llamada la reina. Completa la colección una pieza que aislada poco vale, pero que amparada por las otras se torna muy fuerte: es el rey.
Iadava, interesado por las reglas del juego, no se cansaba de interrogar al inventor:
- ¿Y por qué la reina es más fuerte y poderosa que el mismo rey?
- Es más poderosa –argumentó Sessa- porque la reina representa, en el juego, el patriotismo del pueblo. El poder mayor con que cuenta el rey reside en la exaltación cívica de sus súbditos. ¿Cómo podría el rey resistir los ataques de sus adversarios, si no contase con el espíritu de abnegación y sacrificio de aquellos que lo rodean y velan por la integridad de la patria?
En pocas horas el monarca aprendió a jugar, consiguiendo derrotar a sus visires en partidas que se desenvolvían impecablemente sobre el tablero.
Sessa, de vez en cuando, intervenía respetuoso, para aclarar una duda o sugerir un nuevo plan de ataque o de defensa.
En determinado momento el rey hizo notar, con gran sorpresa que la posición de las piezas, por las combinaciones resultantes de diversos lances, parecía reproducir exactamente la batalla de Dacsina, donde había caído en batalla el príncipe.
- Observad –dijo Lahur- que para conseguir la victoria es imprescindible el sacrificio de esta pieza.
E indicó precisamente la pieza que el rey Iadava, en el desarrollo del juego, pusiera gran empeño en defender y conservar.
El juicioso Sessa demostraba que el sacrificio de un príncipe es a veces impuesto como una fatalidad, para que de él resulten la paz y la libertad de un pueblo.
Al oír tales palabras, exclamó el rey sin ocultar su entusiasmo:
- No creí nunca, que el ingenio humano pudiera producir maravillas como este juego, tan interesante al par que instructivo. Moviendo esas simples piezas, aprendí que un rey nada vale sin el auxilio y la dedicación constante de sus súbditos, y que, a veces, el sacrificio de un simple peón vale más, para la victoria, que la pérdida de una poderosa pieza.
Y, dirigiéndose al joven le dijo:
- Quiero recompensarle, amigo mío, por este maravilloso obsequio, que de tanto me sirvió para aliviar viejas angustias. Pide para que yo pueda demostrar como soy de agradecido con aquellos que son dignos de una recompensa.
¿Quieres una bolsa llena de oro? ¿Deseas un arca llena de joyas? ¿Pensaste en poseer un palacio? Aguardo tu respuesta, ya que mi palabra está ligada a una promesa.
-Voy a aceptar una recompensa que corresponda a su generosidad; no deseo, sin embargo, ni oro, ni tierras, ni palacios. Deseo mi recompensa en granos de trigo.
- ¿Granos de trigo? – Exclamó el rey, sin ocultar la sorpresa que le causara semejante propuesta-. ¿Cómo podré pagarle con tan insignificante moneda?
- Nada más simple –aclaró Sessa-. Dadme un grano de trigo por la primera casilla del tablero, dos por la segunda, cuatro por la tercera, ocho por la cuarta y así duplicando sucesivamente hasta la sexagésima cuarta y última casilla del tablero.
Tanto el rey como los visires, se rieron estrepitosamente al oír la extraña solicitud del joven. - Insensato –exclamó el rey-. ¿Dónde aprendiste tan grande indiferencia por la fortuna? La recompensa que me pides es ridícula. Bien sabes que en un puñado de trigo hay un número enorme de granos. Debes darte cuenta de que con dos o tres medidas de trigo te pagaré holgadamente, conforme tu pedido, por las 64 casillas del tablero.
Mandó llamar el rey a los algebristas más hábiles de la Corte y les ordenó calculasen la porción de trigo que Sessa pretendía.
Los sabios matemáticos, al cabo de algunas horas, volvieron al salón para hacer conocer al rey el resultado completo de sus cálculos.
- Rey magnánimo –declaró el más sabio de los geómetras-: calculamos el número de granos de trigo que constituirá la recompensa elegida por Sessa, y obtuvimos un número cuya magnitud es inconcebible para la imaginación humana.
Llegamos a la siguiente conclusión: la cantidad de trigo que debe entregarse a Lahur Sessa equivale a una montaña que teniendo por base toda una provincia, fuese 100 veces más alta que el Himalaya. La India entera, sembrados todos sus campos, y destruidas todas sus ciudades, no produciría en un siglo la cantidad de trigo que, por vuestra promesa, debe entregarse al joven Sessa.
¿Cómo describir aquí la sorpresa y el asombro que esas palabras causaron al rey Iadava y a sus dignos visires? El soberano hindú se veía, por primera vez, en la imposibilidad de cumplir una promesa.
Lahur Sessa no quiso dejar afligido a su soberano. Después de declarar públicamente que se desdecía del pedido que formulara, el monarca lo nombró su primer ministro.
Y Lahur Sessa prestó los más señalados servicios a su pueblo y a su país, para mayor seguridad del trono y mayor gloria de su patria.
Solo para poner números al pedido del joven Sessa, que aclaramos que nada tiene que ver con el arquero de futbol, basta con mencionar que sólo a la última casilla del tablero de ajedrez le correspondía la exorbitante cantidad de:
2^63 = 9223372036854775808 granos de trigo; A la cual deberían de sumarse todos los granos de las casillas anteriores.
INFA. Inserción y Formación Académica. Clases Particulares.