25/09/2026
Hay una idea que nos hizo bastante daño: creer que estar bien significa estar felices todo el tiempo. Y no.
Podés estar triste y, aun así, disfrutar un café. Podés estar atravesando un momento difícil y aun así, reírte con alguien. Podés extrañar muchísimo y, de pronto, emocionarte con una canción. Podés tener un día pésimo y encontrar un ratito de calma.
La alegría no anula la tristeza. Pueden convivir.
Cuando algo duele, a veces parece que nada más puede entrar. Como si el dolor ocupara toda la escena. Pero de pronto pasa algo mínimo: una charla que alivia, un mimo, una carcajada inesperada, alguien que se queda al lado nuestro sin intentar arreglarnos.
Y el dolor sigue ahí. Pero ya no está solo.
Tal vez de eso se trate: no siempre podemos sacar lo que duele, pero podemos hacerle lugar también a lo que sostiene. A esas pequeñas cosas que no nos cambian la vida, pero nos la hacen un poquito más habitable.
No todo se apaga cuando algo duele. A veces queda una lucecita mínima.
Y algunos días, con eso alcanza para seguir.
Qué opinan?
Los leo!
Un abrazo,
Laura
De mi libro Botiquín de emociones (Penguin Random House- 2025)