10/08/2026
Queridos jóvenes franciscanos caminantes, cuando el camino de la vida se ponga cuesta arriba, cuando tus fuerzas flaqueen y el silencio intente apagar el fuego que encendiste en la ruta, cierra los ojos y vuelve a ese instante santo.
Siente polvo en tus zapatos, el abrazo del hermano y la unción en tu cabeza.
Dios no se olvida de los kilómetros que caminaste por Él; en cada una de tus batallas diarias, Jesús se acerca, te toma de las manos, te mira con una ternura infinita directo a los ojos y te susurra al alma: «No tengas miedo, soy Yo mismo quien te está mirando ahora».
Guarda ese amor eterno en tu pecho, levántate con valentía y sigue adelante, porque tu marcha no ha terminado, apenas empieza en el mundo