01/10/2024
LUNA PODEROSA - ALEGRIA LUNAR
En la vida suceden muchas cosas que son valiosísimas para alguien; pero para otros no valen nada. En esta ocasión me gustaría abrir el corazón y el alma para que sientan todos la maravilla que un sacerdote sintió aquella noche inolvidable.
En Pomabamba la perla de los Conchucos, tierra de ensueño, de maravillas naturales, de biodiversidad y múltiples climas, además de su fama de tierra orientada al romance y al sueño de grandes ideales, se encuentra la localidad de Chuyas, tierra de amigos fieles, de grandes músicos y de la gran cantante Gloria Flores.
Se acercaba la fiesta de la localidad y los encargados llegaron a la oficina de la sede parroquial San Juan Bautista de la Ciudad de los Cedros, para contratar con anticipación la misa de vísperas. El párroco con una sonrisa complaciente satisfizo el pedido de los visitantes.
Pasados algunos días, la secretaria parroquial, cariñosamente llamada "Muñequita de Curayacu" le dijo al sacerdote que al día siguiente tendría la misa pactada en Chuyas. El hombre de Dios asintió con la cabeza. Luego continuó la joven: -"Y no olvide que la misa es a las nueve de la noche en la capilla que está en el cerro". El rostro del párroco mudó por la sorpresa. Entre sorprendido y enojado respondió: -"Qué?, A quién se le ocurre ir a un cerro para celebrar una misa y a esas horas de la noche?, İNo!, el próximo ano voy a suprimir esa misa. İAdemás estoy sin carro!"… la secretaria respondió pacíficamente: -"Ud. ya aceptó, Padre". Visiblemente contrariado; pero sin otra opción, el padre salió en silencio.
En la subida de Pomabamba a Chuyas la única luz en medio de la oscuridad nocturna era la de los faros del carro. El sacerdote iba renegando internamente sin expresar ninguna palabra. Al llegar a la capilla, el carro se estacionó en la plaza y el párroco con su linterna y su mochila emprendió la subida a regañadientes. Mucha gente iba por el sendero alegre y saltando. Los fieles se alegraban al ver la silueta negra de la sotana del padre y lo saludaban con cariño; pero el hombre de Dios iba protestando por las piedras y los huecos del camino.
De pronto, la densa oscuridad nocturna se vio herida mortalmente por un rayo de plata. Después de un segundo de silencio un "İoooh!" entusiasmado se elevó de todos los corazones. Como si cien reflectores se hubiesen orientado hacia la montaña la Luna brilló majestuosamente sobre el cielo cordillerano. Ahora se distinguía claramente a las personas que iban brincando y cantando por todos lados como ovejitas presurosas. Iban con sed de Dios y de fraternidad. La intensa luz plateada transformo el enojo del padre en alegría. Y sintió nuevos bríos, entonces, como si tuviese pulmones de acero corría por la subida animando y empujando a todos. Al llegar a la capilla en lo alto de la montaña lo que vio no era un paisaje hermoso, era la misma obra de la Creación del Divino Hacedor que irradiaba alabanza y gozo místico. La plácida noche con su dulce y blanca luz invitaba bondadosamente a la oración.
La misa transcurrió con un fervor inusitado. El celebrante quería llorar de emoción y agradecía a Dios haberle dado tan linda sorpresa en este rincón de su viña. El culmen de todo fue cuando una buena mujer lo reconoció como el gran amigo de sus hijos cuando eran niños, más ahora ya eran jóvenes formados y lo invitó a que no se olvide como en años anteriores de pasar por su casa. İHasta se había reencontrado con viejos amigos! Ya no era la luz del argénteo astro que se filtraba a raudales por las ventanas de la capilla, İno!, era la luz de la mirada límpida de los fieles concurrentes que iluminaba el lugar y acariciaba el alma. Esa luz que dibujaba una sonrisa en cada corazón tampoco era el resultado del centenar de velas, İno!, era una luz venida del mismísimo cielo y la Luna era su apóstol irradiando ánimo y vida. Delante de sí podía tocar el alma pura de un pueblo aguerrido. Y se embriagó de mil y una sensaciones. Desde ese momento experimentó una energía inusual que en adelante no lo harían temblar, ni doblegar ante las arremetidas de la naturaleza o de los hombres porque la luz de Dios y la fe del pueblo eran su alimento poderoso. Pero había más. Terminada la celebración le fue ofrecido en un compartir improvisado: café, leche y pan que le supieron como el mejor manjar del mundo. Saliendo de la capilla la gente le decía -"gracias padrecito"; pero era él quien deseaba dar un grito estentóreo que se oyese en todo el mundo diciendo -"İGracias a ustedes!".
El regreso fue una fiesta anhelando que ese momento de gracia no acabase nunca. Las palabras del salmo resonaban en su alma "Al ir iban llorando llevando las semillas, al volver, vuelven cantando trayendo sus gavillas" …
Ahora al pie del auto que lo llevaría de vuelta a la casa parroquial, el párroco recordó con frenesí las palabras de San Francisco de Asís: -"Hermano sol, hermana Luna" y sintió que İnunca la fraternidad había sido tan luminosa!
İGracias Chuyas, gracias Pomabamba!
Angel Romano 2024
Angel Romano