Los primeros antecedentes de la universidad se originan en 1942, cuando un grupo de destacadas personalidades de Valdivia, lideradas por el médico Eduardo Morales Miranda, dieron vida a la denominada Sociedad Amigos del Arte, entidad que promovió el cultivo, desarrollo y difusión de la cultura en esa comuna. Esta idea fue acogida en la década de 1950 por el senador de la provincia de Valdivia Carl
os Acharán Pérez de Arce (1891-1961), quien desde los estrados del Congreso Nacional dio a conocer el proyecto de los valdivianos y logró su posterior consolidación.1
Cierta literatura consigna también, como otro de los núcleos primigenios que abogaron por la idea de crear un plantel universitario local, a la Sociedad Médica de Valdivia, fundada el 17 de noviembre de 1944. Entre los 44 miembros fundadores se encontraban Eduardo Morales y Víctor Crass, quienes, andando el tiempo, se localizarían en bandos rivales. Durante el gobierno de Gabriel González Videla, la municipalidad de Valdivia organizó conjuntamente con la Universidad de Chile las denominadas escuelas de temporada. Uno de sus más entusiastas propulsores fue el médico cirujano Víctor Crass, quien abogó además por la instalación en la comuna de un colegio regional de esa institución, conformando una asociación llamada Sociedad de Amigos de la Universidad de Chile. Éstos fueron los factores que hacían peligrar el anhelo de los sureños. Pasaron varios años en que el proyecto universitario se mantuvo en una etapa de "hibernación", de sucesivas propuestas y planteamientos diversos. Al fin, aquéllos que guardaban celosamente el secreto de estos conciliábulos se reunieron el 16 de febrero de 1954, y allí proclamaron como presidente del recién constituido directorio de socios de la Universidad Austral al médico y filántropo Eduardo Morales Miranda. El financiamiento corrió por cuenta de las erogaciones voluntarias de algunos ciudadanos comprometidos con esta causa y de los industriales valdivianos. Sin embargo, el pretendido proyecto tropezó con graves obstáculos. Uno de los más importantes radicaba en la falta de espacios físicos adecuados para albergar salas de clases. Gracias a la ayuda proporcionada por las eméritas ciudadanas valdivianas Inés Bischoff von Stillfried de Haverbeck (1886-1978), su hija María Inés Haverbeck de Allende (1920-1973) y Elena Haverbeck Richter de Skalweit, tía paterna de esta última, quienes efectuaron solemne donación de extensos predios en el sector de Miraflores, la Universidad pudo contar con los primeros edificios en los cuales se impartirían las asignaturas propias de las nuevas carreras.