11/09/2023
Al inicio del siglo XX, Nicolás Roerich, artista y filósofo rosacruz, intentó establecer en Occidente los fundamentos de una cultura por la paz.
Desafortunadamente, no fue lo suficientemente comprendido, lo cual es lamentable. Esto es lo que declaró a ese propósito en uno de sus escritos:
“La Cultura es el amor de la Humanidad; es la síntesis de las realizaciones que elevan e inspiran… Es de ella que puede emerger el conocimiento verdadero, el cual está basado en la tolerancia real; de esta tolerancia real viene la comprensión absoluta; de esta comprensión absoluta nace el entusiasmo por la paz, que ilumina y purifica el mundo.”
“Contribuyo a la Paz, cuando me esfuerzo por expresar lo mejor de mí mismo en mis relaciones con el prójimo.
Contribuyo a la Paz, cuando pongo mi inteligencia y mis capacidades al servicio del Bien.
Contribuyo a la Paz, cuando siento compasión con respecto a todos aquéllos que sufren.
Contribuyo a la Paz, cuando considero a todos los seres humanos como mis hermanos y hermanas, cualesquiera que sea su raza, su cultura y su religión.
Contribuyo a la Paz, cuando me regocijo de la felicidad de los demás y pido por su bienestar.
Contribuyo a la Paz, cuando escucho con respeto y tolerancia las opiniones que difieren de las mías o incluso se oponen a éstas.
Contribuyo a la Paz, cuando utilizo el diálogo más bien que la fuerza para conciliar cualquier conflicto.
Contribuyo a la Paz, cuando respeto la naturaleza y la preservo para las generaciones futuras.
Contribuyo a la Paz, cuando no intento imponer a los demás mi concepción de Dios.
Contribuyo a la Paz, cuando hago de la Paz el fundamento de mi ideal y de mi filosofía.”
Desde siempre, los rosacruces conocen el poder creador del pensamiento y lo utilizan para hacer el Bien. De esta manera, emplean regularmente la creación mental para poner en movimiento las energías positivas con las cuales la humanidad se beneficia en todo sentido.