23/10/2026
La Universidad de Cuenca mediante sus agrupaciones de difusión cultural, Orquesta Sinfónica de la Universidad de Cuenca y Coro Polifónico de la Universidad de Cuenca hicieron vibrar al maravilloso público lojano que nos acogió con tanto cariño.
Compartimos sus impresiones , las cuales nos comprometen a continuar en este hermoso y exigente camino musical.
Por: Milenny Soto
Nunca había visto el Teatro Benjamín Carrión tan lleno como aquella noche y estoy segura de que, minutos antes del espectáculo, ninguno de los que estábamos ahí imaginaba lo que estaba por vivir.
Esa noche se encontraron en Loja una ciudad profundamente sensible y una orquesta profundamente cercana.
Escuchar la música de Juan Luis Guerra es sentir ganas de bailarse la vida. Con más de 130 artistas sobre el escenario, la Facultad de Artes y la Dirección de Cultura de la Universidad de Cuenca nos transportaron a una noche de alegría, baile, música y mucha buena vibra.
Juan Luis Guerra no es cualquier artista. Es un creador excepcional que une generaciones y traspasa fronteras a través de melodías que habitan en nuestra memoria colectiva latinoamericana. Ver a artistas provenientes de distintas ciudades me hizo pensar en cómo la música, en verdad, no tiene fronteras y es un lenguaje universal del que todos podemos disfrutar.
La energía del teatro aquella noche será difícilmente superable. De todos los espectáculos a los que he asistido en aquel lugar, nunca había visto a todo el público de pie, bailando dentro de un teatro. Quiero pensar que eso solo ocurre en Loja, Ecuador.
Me da gusto por quienes se dan un espacio en sus vidas para disfrutar del arte.
Una profunda felicitación merecen el maestro William Vergara y Priscila Urgiles por dirigir una producción tan compleja como bella, llena de matices, por cuidar cada detalle del espectáculo y ensamblar un elenco capaz de despertar todos nuestros sentidos a través de cada interpretación.
Una mención especial merece también el impecable trabajo de iluminación del concierto. Las luces acompañaron cada canción del repertorio y parecían fundirse con las notas musicales, siguiendo el ritmo de cada melodía.
No hay duda de que la Orquesta Sinfónica y el Coro Polifónico de la Universidad de Cuenca son un testimonio vivo de excelencia, disciplina y pasión. Gracias a cada músico por su compromiso y sensibilidad con el arte.
La Universidad de Cuenca acaba de desbloquear una nueva forma de ofrecer espectáculos sinfónicos. Gracias por mostrarnos otras maneras de vivir la música sinfónica.
Se quedó conmigo un pensamiento compartido por el maestro de la orquesta: «Estas irreverencias son propias de lo que debe ser una orquesta… estar con el pueblo», refiriéndose a una propuesta que se aleja de la tradición de un concierto sinfónico. Sus palabras me hicieron pensar en la necesidad de más irreverentes que se atrevan a hacer algo diferente para encontrarse realmente con el alma de los otros.
En tiempos artificiales, la irreverencia es resistencia.
En esta propuesta se nota la convicción de entender que la formación artística trasciende las aulas de clase. «El arte cobra su sentido más pleno sobre el escenario», expresó la decana de la Facultad de Artes. Y es que también cobra sentido en el rigor de la creación colectiva y en la noble vocación de compartir el talento con la sociedad.
Presentar un concierto así fuera de su propia ciudad es muy valiente, pero también muy simbólico. Reafirma la idea de que la educación superior tiene el deber y la vocación de reconocer en el arte una forma de conocimiento, expresión humana y encuentro entre las personas.
Que este tipo de eventos sigan siendo un puente para fortalecer los lazos culturales que unen a nuestras ciudades.
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