30/05/2026
Pablo Ramil, director del Ibader: «Es una pena que Os Ancares u O Courel no sean parque natural»
Ramil cree que debe haber equilibrios para que la gente no se oponga a los espacios protegidos
Ramil cree que debe haber equilibrios para que la gente no se oponga a los espacios protegidos LAURA LEIRAS
Destaca que la mentalidad del respeto al medio ambiente va cambiando
Pablo Ramil, doctor en Biología y profesor del Departamento de Botánica de la Universidade de Santiago de Compostela, afronta como director los 25 años del Instituto de Biodiversidade Agraria e Desenvolvemento Rural (Ibader). El centro desarrolla una actividad investigadora centrada en Galicia pero con atención también a otros lugares: por ejemplo, la Unesco le concedió este año una cátedra que desarrollará proyectos de investigación, entre los cuales figuran los relacionados con reservas de la biosfera de varios continentes.
En el Ibader trabajan actualmente 60 investigadores, seis veces más que cuando se puso en marcha. En estos momentos, detalla el el director, están en marcha, ocho proyectos europeos, y las convocatorias públicas suponen la mayor fuente de recursos.
—En el nombre del Ibader figuran dos conceptos, la biodiversidad y el desarrollo rural, que a algunos, de entrada, quizá les parecen antagónicos. ¿Lo son?
—No. La biodiversidad tiene una parte de conservación del medio natural, pero aquí hay también trabajos en cultivos, en variedades de castañas. También hubo gente, perteneciente a [la Facultade de] Veterinaria, que hacía trabajos muy relacionados con la tipificación de especies como el porco celta o la galiña de Mos. Hoy hay casos de esos: ya no aquella efervescencia, aunque sí proyectos. El otro día estuvo aquí la conselleira [de Medio Rural, María José Gómez] para presentar un proyecto. [Galicia y el norte de Portugal han puesto en marcha un estudio para controlar el metano en explotaciones de ganado vacuno]. Biodiversidad y desarrollo rural no son incompatibles. Cuando se piensa en cómo dar calidad de vida al territorio, son importantes. Creo que hoy es algo asumido.
—¿Cambia la mentalidad de la gente para valorar esos dos conceptos relacionados entre sí?
—La mentalidad de la gente ha ido cambiando. La idea de un rendimiento a corto plazo, como se pensaba a finales del siglo XIX ha perdido interés. Lo vemos aquí : hoy la gente agradece que un río esté bien conservado, que el agua tenga calidad, que haya zonas verdes.
—¿Ha dejado de verse la biodiversidad como un obstáculo para la agricultura o para la ganadería?
—Hoy se asume que en el medio rural no se puede hacer cualquier cosa en cualquier sitio y actuar sin ningún tipo de control. No se puede actuar en el medio rural como hace 40 o 50 años, y hay cosas que habría que cambiar.
—Por ejemplo...
—Hay problemas con especies exóticas, invasoras: la buddleja y la hierba de la Pampa. En la costa, a veces, hay más plantas exóticas que naturales.
—¿Hay una nueva sensibilidad?
—Sí. Hay más sensibilidad, pero aún hace falta más. Se ve en comportamientos festivos, grupales: esos mares de plástico que se retiran luego no es algo muy correcto. Creo que el cambio se nota más a pequeña escala; en grandes aglomeraciones debería haber más exigencia.
—¿Cómo está, desde el punto de vista de la biodiversidad, Lugo en relación con el resto de Galicia? ¿Cómo está Galicia en relación con otras comunidades?
—Si comparamos Lugo con otras provincias, es fácil observar que Lugo está mejor que A Coruña o Pontevedra. En Lugo puede haber especies exóticas, pero están controladas; el interior de Lugo es frío, y eso no ayudas a las plantas exóticas. Galicia, de todos modos, está por debajo de los niveles [de espacios protegidos]: estamos en un 15 % y se pide un 30 %. Lugo está bien, por tanto, a nivel gallego, y Galicia está mal a nivel nacional. Solo tenemos un medio humedal [incluido en el Convenio de Ramsar, la ría de Ribadeo], compartido con Asturias. [El convenio lleva el nombre de la ciudad de Irán donde se firmó, a principios de los años setenta, y tiene como objetivo la conservación de los humedales]. No hay parques nacionales o naturales, y son una fuente de recursos. Ha sido una ocasión perdida para dar visibilidad a algunas zonas. Es una pena que Os Ancares u O Courel no sean parque natural, porque tendrían visibilidad a nivel nacional y una importante captación de recursos. [Os Ancares y O Courel pertenecen a territorios catalogados como reservas de la biosfera].
—¿Dio autoestima la creación de la Reserva da Biosfera Terras do Miño?
—El funcionamiento de las reservas de la biosfera es cercano a la gente, y es bueno que sea así, porque el primer objetivo en una reserva es implicar a la gente en el funcionamiento. Terras do Miño, que fue la primera reserva de Galicia, ha logrado eso y es un territorio amplio. Eso hay que reconocérselo a la Diputación con independencia de quién esté gobernando: ninguno desatendió la gestión de la reserva.
—¿Cree que el campesino o el agricultor ven una reserva de la biosfera como un obstáculo?
—Mientras haya un equilibrio entre criterios, se ve bien. Ando mucho por O Xistral. Hace poco, un ganadero me dijo que había detectado especies artificiales en una poza, y estaba preocupado, porque no eran peces autóctonos. Ahí se ve un interés por proteger el territorio, en el que el ganadero es el primer interesado. Creo que hay un amplio respaldo, no creo que haya un enfrentamiento visceral. Las reservas han hecho mucha pedagogía en colegios, en asociaciones... Se ha ido cambiando, y creo que la mentalidad de la gente no es hoy la de hace 30 o 40 años.
—¿Tiene Lugo menos riesgo que otras zonas en cuanto al cambio climático?
—No. El cambio climático está muy relacionado con el aumento de las temperaturas. En el medio rural se amortigua; en las ciudades, en cambio, hay un concepto, isla de calor, que ya es diferente:el hormigón, con las horas de luz, se calienta y va soltando el calor durante la noche. Si comparas, por ejemplo, el ensanche de Santiago de Compostela y Boqueixón, se nota. El sur de la provincia de Lugo tiene una importante subida de temperaturas en verano. Además de las temperaturas extremas, este año se han sufrido episodios de tormentas. Esas situaciones van a ser cada vez más frecuentes, ahí no estamos libres.
—¿Hoy se aprecian más los espacios verdes o se mantiene un cierto culto al cemento?
—Se valoran. Hemos estado trabajando en A Coruña y en Santiago, y la gente valora que se creen. La gente que vive en el rural también pide esos espacios para socializar; siempre los ha habido: los campos alrededor de las iglesias, por ejemplo.
«El Miño ha perdido en Lugo valor paisajístico y ambiental, hoy es una zona de juegos»
Ramil cree que el Miño no es valorado en Lugo como debería por su riqueza natural. «El Miño ha perdido valor paisajístico y ambiental, hoy es una zona de juegos. No soy contrario a que la gente tome el sol o vaya a jugar, pero hay una riqueza ambiental que debería cuidarse mejor. Lo lógico —dice— es que entre el río y la ribera no se haga nada; aquí se mete la desbrozadora hasta el agua, y así se favorece la entrada de especies exóticas. Cinco o seis cortas [de vegetación] al año son una barbaridad. Falta educación, y la primera responsabilidad es la de los políticos. La gente puede tomar el sol, pero no hay que desbrozar como debajo de una línea de alta tensión».