30/09/2026
Hoy hemos tenido el honor de recibir en la Tertulia al Excmo. Sr. Obispo de la Diócesis de Albacete, D. Ángel Román Idígoras.
Su visita ha coincidido, además, con un mes muy especial para nosotros: el de la celebración de nuestro XXI aniversario. Veintiún años después de aquella fundación, seguimos sentándonos alrededor de una mesa con la misma intención: hablar de toros, de lo que le rodea y, sobre todo, compartir con nuestros invitados.
Es el tercer obispo de nuestra Diócesis que nos acompaña. En estos XXI años de historia de la Tertulia hemos tenido como invitados a los tres obispos que ha tenido la Diócesis de Albacete, algo que forma parte también de nuestra manera de entender la Tertulia. Entre sus componentes hay sensibilidades y formas diversas de vivir la religiosidad, pero eso nunca ha sido impedimento para que, cuando un nuevo obispo llega a Albacete, queramos invitarlo a compartir con nosotros una de nuestras tertulias. Sin más explicación que la normal deferencia hacia quien ocupa esa responsabilidad en nuestra diócesis.
Durante esta Feria ha tenido ocasión de estar en nuestra plaza en dos de sus tardes.
Nos ha manifestado con absoluta naturalidad que se considera aficionado a los toros, aunque no un gran entendido. Nació en Arganda, un pueblo de Madrid donde la Fiesta de los toros ha estado siempre presente, y desde niño acudió ocasionalmente a festejos.
Y quizá lo más interesante fue conocer qué significa para él la tauromaquia. Sin necesidad de ser un gran aficionado, siempre ha sabido reconocerla como un arte. Un arte que, al contemplarlo, le ha producido en ocasiones ese sentimiento difícil de explicar que supone sentir cómo se te levanta el alma. Y también esa gratuidad que, como en todas las artes, existe cuando la obra se crea y se ofrece sin otra finalidad que la de expresar y transmitir.
Hemos descubierto hoy a un hombre sumamente sencillo y cordial, simpático, campechano y, sobre todo, un gran conversador. De esos invitados con los que la conversación fluye sin necesidad de buscarla.
Ha sido, sin duda, una tertulia diferente. Y precisamente por eso, una tertulia que recordaremos.
Distinta en cuanto a su personalidad y a su manera de acercarse a la Fiesta, pero con la misma voluntad: hablar de toros, de lo que le rodea y, sobre todo, compartir con nuestros invitados.
Y llegó la despedida. Y fue entonces cuando D. Ángel nos sonrojó —en el mejor sentido de la palabra— al dar las gracias a Dios por haberle concedido la oportunidad de conocer a personas como nosotros.
Unas palabras que, viniendo de quien venían, nos hicieron pensar que, aunque éramos nosotros quienes le habíamos invitado a compartir nuestra mesa, terminamos sintiéndonos nosotros los invitados a algo mucho más importante.
Gracias, D. Ángel, por su cercanía, por su naturalidad, por su conversación y por haber compartido con nosotros este rato de conversación y amistad.
Y gracias también por recordarnos, precisamente en nuestro XXI aniversario, que después de veintiún años la Tertulia sigue teniendo sentido cuando alrededor de una mesa seguimos encontrándonos personas dispuestas a escucharnos, a conversar y a compartir.