08/05/2021
8.I BIOLOGÍA FORENSE
El Criminalista especializado en Biología conoce los recursos que le pueden aportar el análisis del ADN, y sabe que existen tres tipos de pruebas o análisis que se practican a las muestras de ADN aunque, dependiendo de las características de cada caso en concreto, no siempre se llevan todas a cabo (dependerá, por ejemplo: de la cantidad de ADN
encontrada; de que una muestra que a priori parecía ADN al final resulta ser otra
sustancia, etc.).
Estas tres pruebas son las siguientes:
1. Pruebas de orientación: son especialmente utilizadas por la policía científica en
las escenas de crímenes. Su finalidad es averiguar la existencia de muestras biológicas que puedan ser analizadas posteriormente y con más detenimiento en los laboratorios (sangre, semen, pelo, etc.). Aplicando los reactivos correctos, este tipo de pruebas pueden
salir positivas aun cuando se realicen muchos años después de la comisión de un delito.
2. Pruebas de certeza: se trata de pruebas que cada vez están cobrando más
importancia en el ámbito de la genética forense. Con ellas se analiza el ADN que ha dado
positivo en las pruebas de orientación y las muestras con las que más se suele trabajar son las de sangre, saliva y semen.
3. Pruebas de individualización: éstas se llevan a cabo cuando las pruebas de certeza salen positivas y sirven para establecer perfiles genéticos individuales. A día de
hoy, es evidente que el ADN constituye la prueba
por excelencia en cuanto a identificación de personas.
Nuestro Criminalista es plenamente consciente
de las características que hacen del ADN un
elemento tan útil en las ciencias forenses.
Éstas son, básicamente:
-Es hereditario, se transmite de padres a hijos.
-Tiene una gran estabilidad en el medio ambiente, hasta el punto de que se están
intentando obtener muestras pertenecientes a los neandertales. No obstante, la
conservación o el deterioro del ADN depende en gran medida de las condiciones en que se encuentra, sobre todo las climatológicas.
-Puede saberse su origen (semen, saliva, etc.).
-Es distinto para cada persona, como las huellas dactilares, aunque con una única excepción: los gemelos univitelinos.
Pero también sabe nuestro Criminalista la importancia del estado en que se reciben las
muestras al laboratorio. Por ejemplo: si llega una evidencia sin estar bien documentada,
los abogados defensores pueden cuestionar su origen en el juicio, con la consiguiente
inadmisión de la prueba. Es por ello de vital importancia que la cadena de custodia se
cumpla escrupulosamente. Por otra parte, si la evidencia no se ha recogido bien pueden perderse o deteriorarse las propiedades biológicas objeto de estudio; mientras que si se realiza un mal empaquetamiento de la muestra, ésta puede ser susceptible de
contaminación, dificultándose también los análisis posteriores en el laboratorio.
El Criminalista especializado en Biología Forense conoce el análisis del ADN mediante la
técnica de la PCR, denominada así porque sus siglas en inglés significan Polymerase Chain
Reaction (reacción en cadena de la polimerasa). Esta técnica consiste en la realización de
un gran número de copias de ADN a partir de un solo fragmento original del mismo. Su objetivo es amplificarlo porque, con ello, se facilitan enormemente las identificaciones. La
técnica de la PCR supuso una revolución para las ciencias forenses cuando fue descubierta en el año 1986, y es debido a ella que en las últimas tres décadas se han masificado de
forma progresiva los análisis de muestras de ADN. En genética forense, siempre que es posible se analiza el ADN nuclear, ya que tiene un elevado poder de discriminación
gracias a sus características identificativas. En caso de no disponer de ADN nuclear o que no sea posible una identificación con la muestra que se tiene, se analizarán el ADN
mitocondrial o el cromosoma Y. El primero se hereda de la madre y el segundo sólo se
transmite entre varones, de padres a hijos. El ADN mitocondrial resulta bastante útil en los análisis genéticos porque, dentro de las mitocondrias que hay en las células, se
encuentran muchas copias de dicho ADN. Sin embargo, su poder de discriminación en el
momento de efectuar una identificación es mucho menor que el del ADN nuclear, así
como también lo es el del cromosoma Y.
Fuente: Conocimientos básicos del Criminalista, en Revista ICG – Especial Mercè 2019 1ª Parte:
http://grafoanalisis.com/019.-ICG-Revista-Merce.pdf