07/02/2024
Hoy han salido los tractores a la calle, en las carreteras han diseminado la tierra de sus campos.
Esa tierra sobre asfalto como señal inequívoca ¿señal de qué?
La protesta de hoy, va más allá de las condiciones socioeconómicas de un sector. Cuando la tierra se seque las estanterías se vaciaran, lo más terrible será que con menos posibilidades de reposición. ¿Visión catastrofista? ¡Tal vez ! Estamos sometidos a la dieta del dinero y parece ser que no funciona, al menos hasta que los billetes sean alimento.
Esa tierra en el asfalto nos recuerda o nos intenta hacer ver que la sequía es algo más que una temática puntual de las noticias, que el agua se está agotando. El gran reto no está en reproducirla o encontrarla en Marte, el reto está en saberla utilizar, distribuir, conservar. Asumiendo el valor que tiene, que no se lo da su cotización en bolsa, por mucho que nos empeñemos en seguir la dichosa dieta del dinero.
Esa tierra en el asfalto nos recuerda la discapacidad de la negociación colectiva a los niveles más elevados. Negociaciones mal planteadas, procesadas y que cómo resultado han sacado hoy a las carreteras la voz del campo. La voz de esas personas, que más bien hemos tratado como un personaje del paisaje rural visitado en fin de semana.
Esa tierra nos recuerda que el juego político, juega a destajo con el poder de la palabra en sus reuniones, juntas, comités con ruedas de prensa como postre. Poder malbaratado si está dejando sin voz a todo un sector y sin alimentos fresco -que dicen ser los más saludables- a la clase trabajadora y media, que son cada vez, más.
Hoy han dejado tierra en el asfalto los tractores y se han dejado la voz los agricultores. Señal inequívoca de esperanza. Esperemos que esa esperanza llegue a los pulidos despachos donde se están desarrollando las negociaciones o a la hora del descanso les será difícil encontrar fruta fresca.
Hoy han dejado los tractores tierra (seca) en el asfalto porque “la gente de campo” se está dejando la piel, así que a quien toque (que somos todos en distintas medidas) nos dejemos de palabreo si queremos beber… y comer.
¿Cuál puede ser la aportación a todo este embrollo de la sociología del Lenguaje?
Lanzo esta humilde propuesta: llamar "buen tiempo" a los días de lluvia, si queremos vivir tiempos mejores