19/07/2026
| Despedida de nuestro Director Espiritual y Párroco, Rvdo. P. Alberto Fernández Aguado O.A.R.
Hoy nos cuesta encontrar las palabras adecuadas para despedirnos de nuestro querido Director Espiritual, el Padre Alberto.
Después de tantos años de entrega, servicio y acompañamiento espiritual, llega el momento de emprender un nuevo camino y comenzar una nueva etapa en otro destino. Han sido 17 años en Chiclana dejando una huella imborrable en tantas personas y, durante todos estos años junto a nuestra hermandad, hemos tenido la enorme suerte de contar con su cercanía, su consejo, su ejemplo y su cariño.
No ha sido solamente nuestro Director Espiritual. Ha sido guía en los momentos de incertidumbre, apoyo en las dificultades y compañero en tantos proyectos, celebraciones y vivencias compartidas. Su presencia ha ayudado a fortalecer nuestra fe, a crecer como hermandad y a comprender mejor el verdadero sentido de nuestro compromiso cristiano.
Nos deja innumerables recuerdos que guardaremos para siempre en el corazón: sus palabras llenas de sabiduría, su disposición constante para escucharnos, su cariño hacia nuestros hermanos y el amor y humildad con el que siempre ha desempeñado su ministerio. Son recuerdos que forman ya parte de nuestra historia y que permanecerán vivos entre nosotros con el paso del tiempo.
Aunque la tristeza de la despedida es inevitable, también queremos que estas palabras estén llenas de gratitud y esperanza. Gracias por cada celebración, cada consejo, cada gesto de cercanía y cada momento compartido. Gracias por caminar a nuestro lado y ayudarnos a crecer tanto espiritual como humanamente.
Le deseamos de todo corazón que sea muy feliz en este nuevo destino que el Señor ha puesto en su camino. Que encuentre allí una comunidad que le quiera y le valore tanto como nosotros lo hemos hecho, y que continúe desarrollando su labor con la misma ilusión, entrega y amor que siempre le han caracterizado.
Sepa que aquí deja una familia que le aprecia profundamente y que esta nunca será una despedida definitiva. Las puertas de nuestra hermandad y de nuestros corazones permanecerán siempre abiertas para usted. Esta será siempre su casa, y estaremos deseando recibirle cada vez que vuelva a visitarnos para compartir recuerdos, abrazos y momentos que nos hagan revivir todo lo vivido juntos.
Que Nuestro Padre Jesús de la Humildad y Paciencia y su madre, Maria Santísima de las Lágrimas y Esperanza, le acompañen y bendigan en esta nueva etapa, del mismo modo que usted nos ha acompañado y bendecido durante todos estos años.
Gracias por tanto, Padre. Le echaremos de menos, pero le llevaremos siempre con nosotros en nuestras oraciones y en nuestro corazón.
Con cariño, gratitud y afecto eterno de todos los miembros de la Junta de Gobierno, así como de los hermanos que conforman esta Hermandad Agustiniana.