05/06/2018
“Tengo una poesía de abrirse las venas, una poesía evadida ya de la realidad como una emoción donde se refleja todo mi amor por las cosas y mi guasa por las cosas. Amor de morir y burlar de morir”.
Estas palabras pertenecen a Federico García Lorca, probablemente el escritor español más relevante de la historia junto con Miguel de Cervantes. Y recordamos al gran poeta, dramaturgo y prosista porque vino al mundo para cambiarlo tal día como hoy de 1898 en Fuente Vaqueros (Granada).
Se ha escrito mucho sobre la vida de Lorca –quizá tanto como de su muerte-, pero aquí destacaremos un monumental talento, creatividad desbordante y sorprendente modernidad que cultivó desde joven, compartiendo espacio y vida con Luis Buñuel, Rafael Alberti o Salvador Dalí en la Residencia de Estudiantes de Madrid. Miembro destacado de la Generación del 27, Lorca viajó a Nueva York en 1929 y a su regreso, en 1930, montó el grupo de teatro ambulante La Barraca con el objetivo de acercar los clásicos del Siglo de Oro al pueblo.
El éxito de su poesía y, especialmente, de su teatro le supuso la admiración y el respeto del público internacional, tanto que incluso Colombia y México le ofrecieron asilo temiendo por la vida del poeta, que era funcionario de la República, en un momento convulso en la historia de España. Él mismo sintió ese temor en julio de 1936, cuando estalló la sublevación militar contra el gobierno legítimo, y se refugió en casa de su amigo el poeta Luis Rosales, cuyos hermanos eran dos conocidos falangistas de Granada. Pero ni siquiera eso pudo salvarle.
El gran escritor, el autor de “Poeta en Nueva York”, “Poema del cante jondo”, “Bodas de Sangre” o “Yerma” murió fusilado en el camino que lleva de Víznar a Alfacar, en Granada, el 18 de agosto de 1936.
Antonio Machado, conmovido por el excecrable crimen, le dedicó estos versos:
“Se le vio, caminando entre fusiles,
por una calle larga,
salir al campo frío,
aún con estrellas de la madrugada.
Mataron a Federico
cuando la luz asomaba.
El pelotón de verdugos
no osó mirarle la cara.
Todos cerraron los ojos;
rezaron: ¡ni Dios te salva!
Mu**to cayó Federico
—sangre en la frente y plomo en las entrañas— .. Que fue en Granada el crimen
sabed —¡pobre Granada!—, en su Granada”.
De Lorca nos queda su obra; ni restos ni tumba para recordarle.
Seguimos informando.
Disfrutad del día.