01/04/2026
Hoy celebramos 75 años de historia, de fe compartida, de esfuerzo silencioso y de entrega constante. Setenta y cinco años que no se entienden sin quienes caminaron antes que nosotros, sin quienes sostuvieron esta Hermandad en sus primeros pasos y sin quienes, con su trabajo y dedicación, la llevaron hasta lo que hoy es.
Hoy miramos atrás con gratitud… pero también con memoria, porque la historia no cambia por mucho que se insista en contarla de otro modo, sino que permanece en lo que fue y en quienes la hicieron posible, al margen de interpretaciones.
En este aniversario, nuestro pensamiento se dirige especialmente a aquellos hermanos que ya no están, pero que siguen presentes en cada paso, en cada gesto, en cada latido de esta Hermandad.
En este viaje hemos ido dejando abuelos, padres, hijos, hermanos, amigos… que no son solo recuerdo, sino familia.
Ellos son, en gran medida, el verdadero cimiento de lo que hoy celebramos.
No están todos los que son, ni son todos los que están.
Nacimos para bajarte de la cruz, para acompañarte en tu entierro, caminando siempre de la mano de nuestra Madre, Nuestra Señora del Rosario.
Ese es nuestro lugar.
Ese es nuestro origen.
Ese es nuestro camino.
Si algo ha sostenido estos 75 años, ha sido ese espíritu que nos define: nada para nosotros, Señor, todo para la gloria de Tu nombre. Una forma de entender la Hermandad, tantas veces incomprendida y cuestionada desde fuera.
Y, sin embargo, es la que da sentido a lo que somos, desde la fe en Cristo que nos sostiene, y la que ha guiado en silencio la senda de tantos hermanos.
75 años después, seguimos caminando.
Y lo hacemos con la responsabilidad de ser dignos de esa herencia, de custodiarla con respeto y de transmitirla sin concesiones a lo que nunca fuimos.
¡Felicidades hermanos y amigos del Santo Entierro!