El subdesarrollo y la extrema pobreza, el impacto de los conflictos armados y catástrofes naturales sobre todo en los Estados en desarrollo, y el desplazamiento, interno o internacional, muchas veces masivo, de poblaciones en peligro, constituyen los desafíos centrales de la solidaridad internacional. Los más graves problemas humanos se manifiestan en tales situaciones o derivan de ellas, y no cab
e aspirar todavía a soluciones definitivas. Aunque el fin de la guerra fría ofrezca nuevas bases para una más estrecha cooperación internacional, el avance incontrolado del neoliberalismo agrava las situaciones que suponen o generan sufrimiento humano. La comunidad internacional y las fuerzas sociales más dinámicas, entre ellas las ONG, han reforzado y puesto en marcha nuevos mecanismos y políticas de solidaridad internacional, que por culpa de la actual crisis están peligrando. La Unión Europea, incluidos sus Estados, es hoy el mayor contribuyente neto a la financiación de estas políticas, pero no reacciona con la misma generosidad relativa cuando el desafío del desplazamiento humano "amenaza" sus fronteras. Así, se afirma que los inmigrantes económicos abusan del asilo, aun reconociendo que el subdesarrollo impide el disfrute o favorece la violación de los derechos humanos de quienes son llamados "inmigrantes". El problema es cómo garantizar el respeto a los derechos humanos en situaciones de subdesarrollo endémico y en situaciones de conflicto armado o catástrofe natural grave, cuando ni siquiera la supervivencia está garantizada. Los esfuerzos para lograr una supervivencia digna de las poblaciones en peligro han experimentado un impresionante desarrollo en la última década del siglo XX, también para prevenir el desplazamiento masivo y su incidencia en la seguridad de los Estados vecinos. Sin embargo, esa respuesta asistencial, que concentra hoy la mayor atención, es en muchos sentidos insuficiente. Nunca resuelve un conflicto armado. Y no puede admitirse que se interrumpan acciones básicas de cooperación al desarrollo por razón de una situación de emergencia, que pasaría a ser cíclica o perpetua, aun cuando se requieran medidas adicionales de reconstrucción y rehabilitación de las sociedades afectadas. La imbricación entre asistencia y desarrollo y su relación con el problema del desplazamiento humano y las migraciones exigen la efectiva coordinación de muy diversos actores gubernamentales y no gubernamentales. Sólo las estrategias conjuntas, que cuenten siempre con las prioridades y la activa participación de los beneficiarios, pueden llegar a ser eficaces. Se trata, por tanto, de aprovechar la mayor experiencia y capacidad de cada uno de los actores desde el conocimiento y el reconocimiento de la labor de los demás. Y no basta la "vocación", ni la formación teórica. Si la solidaridad encuentra su principal argumento en los resultados de la acción, la formación de profesionales que conciban, renueven y gestionen políticas solidarias es una exigencia primordial.