04/08/2025
Cuando viajé a Granada, Remedios Sánchez depositó en mis manos con inmensa delicadeza este libro hermoso y la historia de su autora. Mariluz Escribano Pueo es una escritora injustamente orillada. Nació en el umbral de un año lúgubre, el 19 de diciembre de 1935. Su madre era sobrina de Joaquín Costa; su padre, director de la Escuela Normal de Magisterio. En las dos ramas había curiosidad e inquietudes culturales. Cuando ella tenía nueve meses, su padre fue fusilado en las tapias del cementerio de Granada. A él le dedicaría su poema más conmovedor, para devolverlo a la vida con el aliento de las palabras. No se podría expresar con versos más nítidos cómo nos acompañan y cobijan los mu***os amados:
Los ojos de mi padre
Los ojos de mi padre,
los ojos de mi padre,
mirándome en la patria cereal de los trigos,
en un tiempo de cunas mecidas por el viento de la guerra,
mirando cómo crezco
en los abecedarios
y conquisto sonidos primitivos,
balbuceos, palabras necesarias,
porque él me empuja y vuelve,
desde su corazón y sus espigas,
su corazón de tierra y manantiales,
patria de tierra y gritos apagados.
Mi padre es un silencio
que observa cómo crezco (…)
Cuando llegan los días de septiembre,
láminas del otoño,
las madrugadas frías y estrelladas
detienen sus palabras.
Pero es solo un instante
de sangre y fusiles
porque mi padre vuelve del silencio
y pasea conmigo
el callado silencio de las calles,
y los campos sembrados
y las constelaciones,
y su voz de madera me acompaña,
me mira cómo crezco…