31/08/2026
La verdad que construye.
Lo falso se ha vuelto tan común que, en ocasiones, hasta la honestidad termina incomodando.
Vivimos rodeados de apariencias, de imágenes cuidadosamente construidas y de vidas que parecen perfectas desde fuera, pero que muchas veces esconden realidades muy distintas. Y cuando un hombre decide mostrarse sin máscaras, hablar con sinceridad y reconocer sus propias imperfecciones, puede llegar a incomodar a quienes todavía viven demasiado pendientes de las apariencias.
Quizá por eso la sinceridad molesta. No porque sea mala, sino porque escasea.
El Masón sabe que una piedra no se hace perfecta por cubrir sus imperfecciones, sino por trabajarlas. El verdadero trabajo comienza precisamente allí donde dejamos de preocuparnos por lo que los demás ven y empezamos a observar aquello que todavía debemos corregir dentro de nosotros.
De poco sirve levantar una fachada impecable si en el interior no existe solidez.
Por eso debemos preguntarnos qué estamos construyendo realmente. Si nuestras palabras corresponden con nuestros actos. Si aquello que mostramos ante los demás es también aquello que somos cuando nadie nos observa. Porque la verdadera obra no se encuentra en la apariencia exterior, sino en el trabajo silencioso de la conciencia.
No debemos rebajar nuestra verdad para conseguir aceptación, ni vestirnos de virtudes que todavía no poseemos. La humildad consiste también en reconocer nuestras asperezas y continuar trabajando sobre ellas.
Al final, cada hombre construye su propio templo. Y las piedras más importantes no son las que otros admiran, sino aquellas que nosotros mismos sabemos que todavía necesitan ser trabajadas.
Como escribió Albert Pike, la Masonería es una marcha y una lucha hacia la Luz, entendida como virtud, inteligencia, libertad y verdad.
Que cada uno de nosotros tenga, entonces, el valor de mirar su propia piedra antes de juzgar la ajena, de trabajar en silencio aquello que deba ser corregido y de procurar que nuestras palabras, nuestros pensamientos y nuestros actos formen una misma obra.
Porque cuando la conciencia está en paz, no necesitamos aparentar lo que somos.
M.M. Tony Armas