28/02/2020
Las instituciones son el último recurso que tienen unos niños ya de por sí olvidados, privados de derechos, solos y hundidos. Las familias de origen no son una opción para ellos por las peores razones. Las casas de acogida no tienen espacio para ellos. Las calles son su única alternativa. Los reúnen como a perros callejeros, los recluyen a la fuerza en instituciones sin apenas protección ni supervisión, sin opción para recibir formación y, para los que carecen de residencia, sin la menor posibilidad de trabajar. A falta de formación y de oportunidades laborales, el cuerpo es su única forma de generar ingresos. Podríamos perfectamente colgarles un cartel que dijera “cómprame”. Estos niños son el sueño húmedo de un pedófilo.
Se requiere urgentemente un procedimiento al margen de la política, independiente y exhaustivo, que indague sobre los casos de prostitución de adolescentes en centros de acogida de Mallorca tras la denuncia de una niña violada.