Al Este del Eden

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17/09/2017

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13/09/2017

PUES SOLO QUEDAN LOS LOTES DE MUSICA

07/09/2017

CHARLES CHAPLIN

El 16 de abril de 1.889 nace el actor, director y guionista inglés Charles Chaplin, fallecido en 1.977 a los 88 años. Creador del personaje de Charlot, fue la estrella más grande del cine mudo, que compaginó con una vida llena de escándalos amorosos, incluyendo cuatro matrimonios con las actrices Mildred Harris, Lita Grey, Paulette Goddard y Oona Chaplin. Hijo de artistas de music hall, cuando su padre abandonó a la familia para probar suerte en Nueva York el actor y su hermano Syd quedaron al cuidado de su madre, que sufría brotes de demencia que la llevaron a ser ingresada en un asilo desde 1.903 hasta 1.921, cuando su hijo la trasladó a América. Los dos hermanos, que debutaron en el escenario a corta edad, pasaron por varias casas de caridad durante las recaídas de su madre, hasta que a los 8 años inicia su carrera profesional con The Eight Lancashire Lads, y a los 18 años se une a la troupe de vaudeville de Fred Karno, a los que acompaña en su gira por Estados Unidos. En California es descubierto por el director de comedia Mack Sennett, que lo contrata inmediatamente, y Charles llama a su hermano Syd a su lado para que sea su manager. Pronto se convierte en una popular estrella, y en 1.919 crea la productora United Artists con sus amigos Douglas Fairbanks, Mary Pickford y D.W. Griffith. Su vida siempre estuvo dominada por la polémica: durante la 1ª Guerra Mundial no mostró ningún interés en unirse al esfuerzo bélico de Inglaterra, siendo acusado de cobarde, y unos años después despertó las sospechas del poderosos y paranoico J. Edgar Hoover y del Comité de Actividades Antiamericanas, que los acusaron de sesgo comunista en sus películas, especialmente tras apoyar a Rusia durante la 2ª Guerra Mundial cuando fue invadida por los n***s. Aunque no encontraron evidencias suficientes para interrogarlo, aprovecharon que había salido del país para visitar Londres y le negaron la entrada cuando pretendía volver, por lo que se instaló definitivamente en Suiza y rehusó regresar a América. Se casó en cuatro ocasiones y tuvo once hijos: con su primera esposa, Mildred Harris, tuvo un hijo que sólo vivió tres días; con Lita Grey, que sólo tenía 16 años cuando se casó y ya estaba embarazada, tuvo dos hijos, los actores Charles Jr. y Sydney Chaplin; y con Oona O’Neill, hija del dramaturgo Eugene O’Neill, tuvo ocho hijos, uno de ellos la actriz Geraldine Chaplin. Nombrado Oficial de la Legión de Honor Francesa en 1.952, recibió un Oscar honorífico en 1.972, el León de Oro a su carrera del Festival de Venecia, y fue nombrado Caballero del Imperio Británico en 1.975. Ha protagonizado, dirigido y escrito los cortos y películas “Charlet, periodista”, “Carreras de autos para niños”, “Aventuras extraordinarias de Mabel”, “Charlot y el paraguas”, “Charlot y el fuego”, “Charlot en el baile”, “Charlot extremadamente elegante”, “Un amor cruel”, “Charlot, huésped elegante”, “Mabel al volante”, “Charlot, de conquista”, “Charlot en el cabaret”, “Charlot y la sonámbula”, “Charlot, sufragista”, “El mazo de Charlot”, “Charlot, ladrón elegante”, “Charlot, árbitro”, “Mabel, vendedora ambulante”, “Charlot, en la vida conyugal”, “Charlot, falso dentista”, “Charlot, pintor”, “La pícara primavera”, “Charlot, faquín”, “Charlot y Fatty en el café”, “Charlot conserje”, “Charlot, rival de amor”, “Charlot, panadero”, “Mabel y Charlot en las carreras”, “Charlot domina el piano”, “Charlot se engaña”, “Aventuras de Tillie”, “Charlot tiene una mujer celosa”, “Charlot prehistórico”, “Charlot cambia de oficio”, “Charlot trasnochador”, “Charlot, campeón de boxeo”, “Charlot en el parque”, “Charlot rapta a su novia”, “Charlot, vagabundo”, “Charlot en la playa”, “Charlot, trabajando de papelista”, “Charlot, perfecta dama”, “Charlot, portero de banco”, “El marinero”, “Charlot en el teatro”, “Charlot, Carmen”, “Carlitos, maleante”, “Charlot en la tienda”, “Charlot, bombero”, “Charlot, bohemio”, “Charlot noctámbulo”, “Charlot, sastre de señoras”, “Charlot, prestamista”, “Charlot, tramoyista de cine”, “Charlot, héroe del patín”, “Charlot en la calle de la paz”, “Charlot en el balneario”, “Charlot emigrante”, “El aventurero”, “Vida de perro”, “Aventuras de Charlot”, “¡Armas al hombro!”, “Al sol”, “Un día de juerga”, “El chico”, “Vacaciones”, “Charlot en – Día de paga”, “El peregrino”, “Una mujer de París”, “La quimera del oro”, “Camille”, “El chico”, “Espejismos”, “Luces de la ciudad”, “Tiempos modernos”, “El gran dictador”, “Monsieur Verdoux”, “Candilejas”, “Un rey en Nueva York” y “La condesa de Hong Kong”.

07/09/2017

harlton Heston

(John Charles Carter; Evanston, 1921- Los Ángeles, 2008) Actor de cine estadounidense. Alto y musculoso, de gran presencia física, mandíbula prominente y unas facciones patricias que sugerían inteligencia y seriedad, sus primeros papeles fueron de duro y al poco tiempo se convirtió en el típico héroe épico de Hollywood, interpretando a grandes personajes como Moisés o Miguel Ángel en una sucesión de superproducciones. Charlton Heston

Su origen humilde no le impidió ir a la universidad y estudiar arte dramático en la Northwestern University. Su formación teatral antes de dedicarse al cine fue cien por cien shakesperiana. Después de sus años de universidad trabajó en la radio y en el teatro, momento en el que le sorprendió la Segunda Guerra Mundial. Fue destinado a las islas Aleutianas y sirvió en la fuerza aérea.

Tras su regreso a la vida civil, debutó en el teatro como actor secundario, y en su primera aparición en Broadway integró el reparto de Anthony and Cleopatra en 1947. Fue entonces cuando, ya con el nombre artístico de Charlton Heston, empezó a adquirir popularidad gracias a una sucesión de especiales de televisión, en los que representaba papeles históricos.

Ésta y otras actuaciones hicieron que la Paramount decidiera contratarle y le incluyera en el reparto de Ciudad en sombras (1950), de Wiliam Dieterle, lo que debe considerarse como su debut en el cine comercial.

El director Cecil B. de Mille reparó pronto en el joven actor, a quien consideró muy fotogénico, con cierto aire épico y muy respetuoso con las indicaciones que se daban. De este modo se integró en películas de alto presupuesto y gran acogida en la taquilla, como El mayor espectáculo del mundo (1952), del propio de Mille, en la que intervino como director de pista del circo.

Dos años después alcanzó un notable reconocimiento con su actuación en una aceptable película de aventuras, Cuando ruge la marabunta, de Byron Haskin, que además introdujo un inteligente contenido erótico de forma más o menos subliminal.

Como Moisés en Los diez mandamientos (1956)

En 1956, a partir de su papel de Moisés en Los diez mandamientos, entró a formar parte del estrellato de Hollywood. La oportunidad le vino de la mano de Cecil B. de Mille, que rodaba su segunda versión sobre el tema y que convirtió la película en una superproducción mastodóntica, tanto por su reparto como por sus escenarios. Heston fue el gran protagonista y a partir de aquel momento puede decirse que entró en el círculo de los grandes, en el que supo mantenerse.

Al margen de la repercusión que tuvo su imagen, Heston ha sido un actor que ha conocido perfectamente los entresijos del cine y ha sabido distinguir el arte del cine malo. Dio muestras de ello cuando gracias a él Orson Welles pudo terminar su policíaco Sed de mal (1958), con Heston convertido en un oficial de policía mexicano que se enfrenta con el inspector estadounidense que encarnaba el propio Welles.

Con Orson Welles en Sed de mal (1958)

A finales de los años cincuenta, William Wyler le dio otro de los papeles trascendentales de su carrera. Heston fue Judá Ben-Hur, en la segunda adaptación de la novela que escribiera el general Lewis Wallace. Ben-Hur es otra película de gran espectáculo, con excelentes momentos cinematográficos y que obtuvo la mayor cosecha de premios de la Academia de Cine, entre ellos el de mejor actor protagonista para Charlton Heston.

El productor Samuel Bronston, que durante varios años convirtió los alrededores de Madrid en un pequeño Hollywood (ya que aprovechó la cobertura propagandística que se le ofrecía y los bajos costes de las producciones en España para el capital norteamericano), le llamó para protagonizar El Cid (1961), con dirección de Anthony Mann, una adaptación a las concepciones estadounidenses de las andanzas del héroe castellano que, aunque concebida con técnica de western, no dejaba de poseer cierta dignidad. Para el mismo productor trabajará dos años después en 55 días en Pekín (1963), en una película que firmó Nicholas Ray.

Charlton Heston en El planeta de los simios (1967)

Otro de sus momentos culminantes del actor fue su papel del astronauta Taylor en El planeta de los simios (1967), de Franklin J. Schaffner, filme que constituyó el inicio de una serie de películas sobre el tema (de la que la mejor fue ésta), y que se convirtió en un punto de referencia para el cine de ficción científica de la cinematografía moderna. Schaffner, que dos años antes había rodado con él un excelente trabajo sobre la Edad Media, El señor de la guerra (1965), quedó encantado con el trabajo del actor.

Heston también se dedicó a la dirección. Su carrera en esta faceta no fue tan brillante como la de actor, aunque supo mostrar en sus pocas intervenciones como director que sus planteamientos eran ambiciosos desde el punto de vista cultural y, aunque se mostró irregular, no dejó de demostrar que conocía a fondo el lenguaje cinematográfico. Entre su películas como director cabe destacar Marco Antonio y Cleopatra (1973), rodada en España con muy poco presupuesto, y la película de aventuras titulada Desafío en las profundidades (1982).

Su vida privada fue sumamente tranquila en comparación con el promiscuo ambiente de Hollywood; sólo se casó una vez, y la pareja que forma con su mujer es emblemática precisamente por su fidelidad. Su hijo Fraser también se ha dedicado al cine, pero con mucha menor resonancia que su padre.

Charlton Heston fue uno de los actores que mejor supo encarnar en el cine el concepto del héroe. Sacó todo el partido posible a un físico excelente, y aportó además un estilo interpretativo que, aunque limitado, era adecuado para el tipo de papeles que representaba y que le dieron popularidad. Nadie como él interpretó los papeles históricos, a los que supo dotar de un aura especial.Como Moisés en Los diez mandamientos (1956)

En 1956, a partir de su papel de Moisés en Los diez mandamientos, entró a formar parte del estrellato de Hollywood. La oportunidad le vino de la mano de Cecil B. de Mille, que rodaba su segunda versión sobre el tema y que convirtió la película en una superproducción mastodóntica, tanto por su reparto como por sus escenarios. Heston fue el gran protagonista y a partir de aquel momento puede decirse que entró en el círculo de los grandes, en el que supo mantenerse.

Al margen de la repercusión que tuvo su imagen, Heston ha sido un actor que ha conocido perfectamente los entresijos del cine y ha sabido distinguir el arte del cine malo. Dio muestras de ello cuando gracias a él Orson Welles pudo terminar su policíaco Sed de mal (1958), con Heston convertido en un oficial de policía mexicano que se enfrenta con el inspector estadounidense que encarnaba el propio Welles.

Con Orson Welles en Sed de mal (1958)

A finales de los años cincuenta, William Wyler le dio otro de los papeles trascendentales de su carrera. Heston fue Judá Ben-Hur, en la segunda adaptación de la novela que escribiera el general Lewis Wallace. Ben-Hur es otra película de gran espectáculo, con excelentes momentos cinematográficos y que obtuvo la mayor cosecha de premios de la Academia de Cine, entre ellos el de mejor actor protagonista para Charlton Heston.

El productor Samuel Bronston, que durante varios años convirtió los alrededores de Madrid en un pequeño Hollywood (ya que aprovechó la cobertura propagandística que se le ofrecía y los bajos costes de las producciones en España para el capital norteamericano), le llamó para protagonizar El Cid (1961), con dirección de Anthony Mann, una adaptación a las concepciones estadounidenses de las andanzas del héroe castellano que, aunque concebida con técnica de western, no dejaba de poseer cierta dignidad. Para el mismo productor trabajará dos años después en 55 días en Pekín (1963), en una película que firmó Nicholas Ray.

Charlton Heston en El planeta de los simios (1967)

Otro de sus momentos culminantes del actor fue su papel del astronauta Taylor en El planeta de los simios (1967), de Franklin J. Schaffner, filme que constituyó el inicio de una serie de películas sobre el tema (de la que la mejor fue ésta), y que se convirtió en un punto de referencia para el cine de ficción científica de la cinematografía moderna. Schaffner, que dos años antes había rodado con él un excelente trabajo sobre la Edad Media, El señor de la guerra (1965), quedó encantado con el trabajo del actor.

Heston también se dedicó a la dirección. Su carrera en esta faceta no fue tan brillante como la de actor, aunque supo mostrar en sus pocas intervenciones como director que sus planteamientos eran ambiciosos desde el punto de vista cultural y, aunque se mostró irregular, no dejó de demostrar que conocía a fondo el lenguaje cinematográfico. Entre su películas como director cabe destacar Marco Antonio y Cleopatra (1973), rodada en España con muy poco presupuesto, y la película de aventuras titulada Desafío en las profundidades (1982).

Su vida privada fue sumamente tranquila en comparación con el promiscuo ambiente de Hollywood; sólo se casó una vez, y la pareja que forma con su mujer es emblemática precisamente por su fidelidad. Su hijo Fraser también se ha dedicado al cine, pero con mucha menor resonancia que su padre.

Charlton Heston fue uno de los actores que mejor supo encarnar en el cine el concepto del héroe. Sacó todo el partido posible a un físico excelente, y aportó además un estilo interpretativo que, aunque limitado, era adecuado para el tipo de papeles que representaba y que le dieron popularidad. Nadie como él interpretó los papeles históricos, a los que supo dotar de un aura especial.Como Moisés en Los diez mandamientos (1956)

En 1956, a partir de su papel de Moisés en Los diez mandamientos, entró a formar parte del estrellato de Hollywood. La oportunidad le vino de la mano de Cecil B. de Mille, que rodaba su segunda versión sobre el tema y que convirtió la película en una superproducción mastodóntica, tanto por su reparto como por sus escenarios. Heston fue el gran protagonista y a partir de aquel momento puede decirse que entró en el círculo de los grandes, en el que supo mantenerse.

Al margen de la repercusión que tuvo su imagen, Heston ha sido un actor que ha conocido perfectamente los entresijos del cine y ha sabido distinguir el arte del cine malo. Dio muestras de ello cuando gracias a él Orson Welles pudo terminar su policíaco Sed de mal (1958), con Heston convertido en un oficial de policía mexicano que se enfrenta con el inspector estadounidense que encarnaba el propio Welles.

Con Orson Welles en Sed de mal (1958)

A finales de los años cincuenta, William Wyler le dio otro de los papeles trascendentales de su carrera. Heston fue Judá Ben-Hur, en la segunda adaptación de la novela que escribiera el general Lewis Wallace. Ben-Hur es otra película de gran espectáculo, con excelentes momentos cinematográficos y que obtuvo la mayor cosecha de premios de la Academia de Cine, entre ellos el de mejor actor protagonista para Charlton Heston.

El productor Samuel Bronston, que durante varios años convirtió los alrededores de Madrid en un pequeño Hollywood (ya que aprovechó la cobertura propagandística que se le ofrecía y los bajos costes de las producciones en España para el capital norteamericano), le llamó para protagonizar El Cid (1961), con dirección de Anthony Mann, una adaptación a las concepciones estadounidenses de las andanzas del héroe castellano que, aunque concebida con técnica de western, no dejaba de poseer cierta dignidad. Para el mismo productor trabajará dos años después en 55 días en Pekín (1963), en una película que firmó Nicholas Ray.

Charlton Heston en El planeta de los simios (1967)

Otro de sus momentos culminantes del actor fue su papel del astronauta Taylor en El planeta de los simios (1967), de Franklin J. Schaffner, filme que constituyó el inicio de una serie de películas sobre el tema (de la que la mejor fue ésta), y que se convirtió en un punto de referencia para el cine de ficción científica de la cinematografía moderna. Schaffner, que dos años antes había rodado con él un excelente trabajo sobre la Edad Media, El señor de la guerra (1965), quedó encantado con el trabajo del actor.

Heston también se dedicó a la dirección. Su carrera en esta faceta no fue tan brillante como la de actor, aunque supo mostrar en sus pocas intervenciones como director que sus planteamientos eran ambiciosos desde el punto de vista cultural y, aunque se mostró irregular, no dejó de demostrar que conocía a fondo el lenguaje cinematográfico. Entre su películas como director cabe destacar Marco Antonio y Cleopatra (1973), rodada en España con muy poco presupuesto, y la película de aventuras titulada Desafío en las profundidades (1982).

Su vida privada fue sumamente tranquila en comparación con el promiscuo ambiente de Hollywood; sólo se casó una vez, y la pareja que forma con su mujer es emblemática precisamente por su fidelidad. Su hijo Fraser también se ha dedicado al cine, pero con mucha menor resonancia que su padre.

Charlton Heston fue uno de los actores que mejor supo encarnar en el cine el concepto del héroe. Sacó todo el partido posible a un físico excelente, y aportó además un estilo interpretativo que, aunque limitado, era adecuado para el tipo de papeles que representaba y que le dieron popularidad. Nadie como él interpretó los papeles históricos, a los que supo dotar de un aura especial.Como Moisés en Los diez mandamientos (1956)

En 1956, a partir de su papel de Moisés en Los diez mandamientos, entró a formar parte del estrellato de Hollywood. La oportunidad le vino de la mano de Cecil B. de Mille, que rodaba su segunda versión sobre el tema y que convirtió la película en una superproducción mastodóntica, tanto por su reparto como por sus escenarios. Heston fue el gran protagonista y a partir de aquel momento puede decirse que entró en el círculo de los grandes, en el que supo mantenerse.

Al margen de la repercusión que tuvo su imagen, Heston ha sido un actor que ha conocido perfectamente los entresijos del cine y ha sabido distinguir el arte del cine malo. Dio muestras de ello cuando gracias a él Orson Welles pudo terminar su policíaco Sed de mal (1958), con Heston convertido en un oficial de policía mexicano que se enfrenta con el inspector estadounidense que encarnaba el propio Welles.Con Orson Welles en Sed de mal (1958)

A finales de los años cincuenta, William Wyler le dio otro de los papeles trascendentales de su carrera. Heston fue Judá Ben-Hur, en la segunda adaptación de la novela que escribiera el general Lewis Wallace. Ben-Hur es otra película de gran espectáculo, con excelentes momentos cinematográficos y que obtuvo la mayor cosecha de premios de la Academia de Cine, entre ellos el de mejor actor protagonista para Charlton Heston.

El productor Samuel Bronston, que durante varios años convirtió los alrededores de Madrid en un pequeño Hollywood (ya que aprovechó la cobertura propagandística que se le ofrecía y los bajos costes de las producciones en España para el capital norteamericano), le llamó para protagonizar El Cid (1961), con dirección de Anthony Mann, una adaptación a las concepciones estadounidenses de las andanzas del héroe castellano que, aunque concebida con técnica de western, no dejaba de poseer cierta dignidad. Para el mismo productor trabajará dos años después en 55 días en Pekín (1963), en una película que firmó Nicholas Ray.Otro de sus momentos culminantes del actor fue su papel del astronauta Taylor en El planeta de los simios (1967), de Franklin J. Schaffner, filme que constituyó el inicio de una serie de películas sobre el tema (de la que la mejor fue ésta), y que se convirtió en un punto de referencia para el cine de ficción científica de la cinematografía moderna. Schaffner, que dos años antes había rodado con él un excelente trabajo sobre la Edad Media, El señor de la guerra (1965), quedó encantado con el trabajo del actor.

Heston también se dedicó a la dirección. Su carrera en esta faceta no fue tan brillante como la de actor, aunque supo mostrar en sus pocas intervenciones como director que sus planteamientos eran ambiciosos desde el punto de vista cultural y, aunque se mostró irregular, no dejó de demostrar que conocía a fondo el lenguaje cinematográfico. Entre su películas como director cabe destacar Marco Antonio y Cleopatra (1973), rodada en España con muy poco presupuesto, y la película de aventuras titulada Desafío en las profundidades (1982).

Su vida privada fue sumamente tranquila en comparación con el promiscuo ambiente de Hollywood; sólo se casó una vez, y la pareja que forma con su mujer es emblemática precisamente por su fidelidad. Su hijo Fraser también se ha dedicado al cine, pero con mucha menor resonancia que su padre.

Charlton Heston fue uno de los actores que mejor supo encarnar en el cine el concepto del héroe. Sacó todo el partido posible a un físico excelente, y aportó además un estilo interpretativo que, aunque limitado, era adecuado para el tipo de papeles que representaba y que le dieron popularidad. Nadie como él interpretó los papeles históricos, a los que supo dotar de un aura especial.
Otro de sus momentos culminantes del actor fue su papel del astronauta Taylor en El planeta de los simios (1967), de Franklin J. Schaffner, filme que constituyó el inicio de una serie de películas sobre el tema (de la que la mejor fue ésta), y que se convirtió en un punto de referencia para el cine de ficción científica de la cinematografía moderna. Schaffner, que dos años antes había rodado con él un excelente trabajo sobre la Edad Media, El señor de la guerra (1965), quedó encantado con el trabajo del actor.

Heston también se dedicó a la dirección. Su carrera en esta faceta no fue tan brillante como la de actor, aunque supo mostrar en sus pocas intervenciones como director que sus planteamientos eran ambiciosos desde el punto de vista cultural y, aunque se mostró irregular, no dejó de demostrar que conocía a fondo el lenguaje cinematográfico. Entre su películas como director cabe destacar Marco Antonio y Cleopatra (1973), rodada en España con muy poco presupuesto, y la película de aventuras titulada Desafío en las profundidades (1982).

Su vida privada fue sumamente tranquila en comparación con el promiscuo ambiente de Hollywood; sólo se casó una vez, y la pareja que forma con su mujer es emblemática precisamente por su fidelidad. Su hijo Fraser también se ha dedicado al cine, pero con mucha menor resonancia que su padre.

Charlton Heston fue uno de los actores que mejor supo encarnar en el cine el concepto del héroe. Sacó todo el partido posible a un físico excelente, y aportó además un estilo interpretativo que, aunque limitado, era adecuado para el tipo de papeles que representaba y que le dieron popularidad. Nadie como él interpretó los papeles históricos, a los que supo dotar de un aura especial.

Otro de sus momentos culminantes del actor fue su papel del astronauta Taylor en El planeta de los simios (1967), de Franklin J. Schaffner, filme que constituyó el inicio de una serie de películas sobre el tema (de la que la mejor fue ésta), y que se convirtió en un punto de referencia para el cine de ficción científica de la cinematografía moderna. Schaffner, que dos años antes había rodado con él un excelente trabajo sobre la Edad Media, El señor de la guerra (1965), quedó encantado con el trabajo del actor.

Heston también se dedicó a la dirección. Su carrera en esta faceta no fue tan brillante como la de actor, aunque supo mostrar en sus pocas intervenciones como director que sus planteamientos eran ambiciosos desde el punto de vista cultural y, aunque se mostró irregular, no dejó de demostrar que conocía a fondo el lenguaje cinematográfico. Entre su películas como director cabe destacar Marco Antonio y Cleopatra (1973), rodada en España con muy poco presupuesto, y la película de aventuras titulada Desafío en las profundidades (1982).

Su vida privada fue sumamente tranquila en comparación con el promiscuo ambiente de Hollywood; sólo se casó una vez, y la pareja que forma con su mujer es emblemática precisamente por su fidelidad. Su hijo Fraser también se ha dedicado al cine, pero con mucha menor resonancia que su padre.

Charlton Heston fue uno de los actores que mejor supo encarnar en el cine el concepto del héroe. Sacó todo el partido posible a un físico excelente, y aportó además un estilo interpretativo que, aunque limitado, era adecuado para el tipo de papeles que representaba y que le dieron popularidad. Nadie como él interpretó los papeles históricos, a los que supo dotar de un aura especial.Otro de sus momentos culminantes del actor fue su papel del astronauta Taylor en El planeta de los simios (1967), de Franklin J. Schaffner, filme que constituyó el inicio de una serie de películas sobre el tema (de la que la mejor fue ésta), y que se convirtió en un punto de referencia para el cine de ficción científica de la cinematografía moderna. Schaffner, que dos años antes había rodado con él un excelente trabajo sobre la Edad Media, El señor de la guerra (1965), quedó encantado con el trabajo del actor.

Heston también se dedicó a la dirección. Su carrera en esta faceta no fue tan brillante como la de actor, aunque supo mostrar en sus pocas intervenciones como director que sus planteamientos eran ambiciosos desde el punto de vista cultural y, aunque se mostró irregular, no dejó de demostrar que conocía a fondo el lenguaje cinematográfico. Entre su películas como director cabe destacar Marco Antonio y Cleopatra (1973), rodada en España con muy poco presupuesto, y la película de aventuras titulada Desafío en las profundidades (1982).

Su vida privada fue sumamente tranquila en comparación con el promiscuo ambiente de Hollywood; sólo se casó una vez, y la pareja que forma con su mujer es emblemática precisamente por su fidelidad. Su hijo Fraser también se ha dedicado al cine, pero con mucha menor resonancia que su padre.

Charlton Heston fue uno de los actores que mejor supo encarnar en el cine el concepto del héroe. Sacó todo el partido posible a un físico excelente, y aportó además un estilo interpretativo que, aunque limitado, era adecuado para el tipo de papeles que representaba y que le dieron popularidad. Nadie como él interpretó los papeles históricos, a los que supo dotar de un aura especial.

Otro de sus momentos culminantes del actor fue su papel del astronauta Taylor en El planeta de los simios (1967), de Franklin J. Schaffner, filme que constituyó el inicio de una serie de películas sobre el tema (de la que la mejor fue ésta), y que se convirtió en un punto de referencia para el cine de ficción científica de la cinematografía moderna. Schaffner, que dos años antes había rodado con él un excelente trabajo sobre la Edad Media, El señor de la guerra (1965), quedó encantado con el trabajo del actor.

Heston también se dedicó a la dirección. Su carrera en esta faceta no fue tan brillante como la de actor, aunque supo mostrar en sus pocas intervenciones como director que sus planteamientos eran ambiciosos desde el punto de vista cultural y, aunque se mostró irregular, no dejó de demostrar que conocía a fondo el lenguaje cinematográfico. Entre su películas como director cabe destacar Marco Antonio y Cleopatra (1973), rodada en España con muy poco presupuesto, y la película de aventuras titulada Desafío en las profundidades (1982).

Su vida privada fue sumamente tranquila en comparación con el promiscuo ambiente de Hollywood; sólo se casó una vez, y la pareja que forma con su mujer es emblemática precisamente por su fidelidad. Su hijo Fraser también se ha dedicado al cine, pero con mucha menor resonancia que su padre.

Charlton Heston fue uno de los actores que mejor supo encarnar en el cine el concepto del héroe. Sacó todo el partido posible a un físico excelente, y aportó además un estilo interpretativo que, aunque limitado, era adecuado para el tipo de papeles que representaba y que le dieron popularidad. Nadie como él interpretó los papeles históricos, a los que supo dotar de un aura especial.

07/09/2017

In un periodo storico in cui il termine bellezza è costantemente abusato e spesso oltraggiato, osservare le foto della celebre attrice ci riporta al significato primigenio di questa parola: sì, perché Ava Gardner è stata donna di una bellezza singolare, rara, quasi un Sacro Graal oggi inseguito invano da fanatici del bisturi e donne che non godono della simpatia di Madre Natura. Ma nel caso dell’attrice non era solo una questione prettamente estetica: aggressiva, sfrontata, la diva nella sua vita privata come in quella pubblica è stata sublime incarnazione della femme fatale per antonomasia.

Eccessiva in tutto, dalla sfacciata fisicità agli amori turbolenti, Ava Lavinia Gardner nacque a Smithfield, in North Carolina, il 24 dicembre 1922, la più giovane dei sette figli di due agricoltori. La futura diva trascorre un’infanzia povera e disagiata, e il padre muore quando lei ha solo 15 anni.

Nel 1941 la bella Ava va a trovare a New York la sorella Beatrice ed attira l’attenzione del marito di quest’ultima, Larry Tarr, fotografo professionista, che le chiede di posare per lui. Il risultato di quella prima sessione fotografica, quasi improvvisata, è talmente sorprendente che Tarr decide di esporre uno scatto nella vetrina del suo studio fotografico, sulla Quinta Strada. Il volto luminoso e perfetto d Ava cattura un giorno l’occhio di Barnard Duhan, talent scout della MGM. Duhan entra nello studio e chiede il numero telefonico della ragazza, dovendo insistere per superare le iniziali perplessità del suo interlocutore. La chiamata per Ava arriva quando lei è ancora una studentessa diciottenne presso l’Atlantic Christian College. Prontamente la giovane si precipita a New York, per sostenere il provino negli uffici di Al Altman, capo del dipartimento talenti della MGM. Alla giovane viene chiesto di fare pochi piccoli gesti, ma non deve aprire bocca, in quanto il suo accento del Sud risulta quasi incomprensibile. Il provino viene tuttavia superato brillantemente ma la prima cosa che le viene ordinato è un corso accelerato di dizione.

La carriera cinematografica di Ava Gardner inizia con pellicole di poco conto ma nel 1946 arriva la svolta: è semplicemente impossibile non notare quella giovane bruna dallo sguardo altero, fasciata in un abito nero. Siamo sul set de I gangsters, in cui l’attrice recita accanto a Burt Lancaster. L’anno seguente lavora con Clark Gable nel film I trafficanti. Intanto ha già mandato a monte il primo matrimonio con l’attore Mickey Rooney, che aveva sposato il 10 gennaio 1942, quando lei aveva solo 19 anni. Il secondo matrimonio, col musicista jazz Artie Shaw -ex di Lana Turner– dura meno di un anno.

Nel 1948 Ava Gardner viene scelta come protagonista de Il bacio di Venere: e chi altro avrebbe mai potuto interpretare la dea della bellezza? Il film omaggia la sua fisicità, proponendoci l’attrice drappeggiata in un peplo greco, quasi come una novella Venere di Milo. Contemporaneamente la diva si fidanza con Frank Sinatra, soprannominato “The Voice” per le ineguagliabili doti canore. Per la diva Sinatra lascia la sua prima moglie Nancy e i due convolano a nozze nel 1951. Tuttavia la coppia sembra male assortita: lei appare forse troppo prorompente per il mingherlino Frank, ma i due vanno avanti nonostante il rapporto sia burrascoso, fino al divorzio, nel 1957.

Nel 1949 recita accanto a Gregory Peck nel film Il grande peccatore mentre nel 1951 inizia ad incarnare anche sullo schermo la più autentica femme fatale: accade con Voglio essere tua, di Robert Mitchum. Nel 1953 prende parte a Mogambo, pellicola ad alto tasso di sensualità che vede un inedito triangolo amoroso, costituto da Ava Gardner, Grace Kelly e Clark Gable, ambientato nelle atmosfere tropicali di un paesaggio esotico. Per questa pellicola la Gardner ottiene una nomination agli Oscar. L’anno successivo è la consacrazione artistica, con La contessa scalza: bella come nessuna, Ava mixa sapientemente la sua bellezza sofisticata ad una sensualità felina. Nel film la diva danza come una principessa ribelle suscitando primordiali istinti. L’attrice, passionale come poche, non sa stare da sola. Il suo nuovo amore parla italiano: è l’attore comico Walter Chiari a farla capitolare, dopo il loro primo incontro sul set del film La capannina. Intanto l’attrice è preda dell’alcolismo, che ne offusca l’incredibile bellezza.

Inserita dall’American Film Institute al venticinquesimo posto tra le più grandi star della storia del cinema, nel 1964 la sua interpretazione nel film La notte dell’iguana le vale una nomination ai Golden Globes, mentre nel 1976 recita -già matura ma sempre splendida- nel film Cassandra Crossing, accanto a Sophia Loren. Fumatrice di lungo corso e alcolista, Ava Gardner sfiorisce presto: non ancora sessantenne, la diva soffre di enfisema polmonare e di una malattia autoimmune non meglio identificata. Due colpi apoplettici la lasciano parzialmente paralizzata e costretta a letto. La diva muore di polmonite all’età di 67 anni, nel suo appartamento londinese, il 25 gennaio 1990.

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L’attrice è stata sublime incarnazione della femme fatale per antonomasia

Ava Gardner in "Pandora" (1951)
Ava Gardner in “Pandora” (1951)

Negli ultimi anni della sua vita, Ava Gardner chiede al giornalista Peter Evans, ex corrispondente del Daily Express, di farle da ghost writer nella stesura della sua autobiografia, basata sulle loro conversazioni notturne. Il volume viene pubblicato poco dopo la morte di Evans, avvenuta nel 2012: esce così negli USA nel luglio 2013 Ava Gardner: The Secret Conversations, edito da Simon & Schuster, un libro destinato a fare scalpore. Qui la diva ci rivela succulenti aneddoti sulla sua burrascosa vita amorosa.

Tantissimi sono gli uomini che le cadono ai piedi, dal torero Luis Miguel Dominguín allo scrittore Ernest Hemingway, da Howard Hughes a Clark Gable; forte e ribelle, indipendente e moderna, indomabile e femmina come poche, riuscire a tenere testa ad Ava Gardner è roba per pochi. La diva non cede alle avances di Aristotele Onassis, che descrive -testuali parole- come “un piccolo st***zo allupato”; etichetta Humphrey Bogart come un bastardo, e descrive persino le perverse abitudini sessuali del primo marito, l’attore Mickey Rooney. Inoltre non mancano giudizi al vetriolo anche su alcune colleghe, come Liz Taylor, di cui la Gardner scriverà «Non è bella, è carina. Io ero bella». Di Grace Kelly la diva racconta quanto adorasse scommettere, ricordando la volta in cui, vinta una scommessa, ricevette dalla principessa Grace 20 dollari, un Magnum di Dom Pérignon ed un pacchetto di aspirine che le sarebbero servite post sbornia. Graffiante ed autoironica -perché il s*x appeal passa inevitabilmente da qui- la diva rivive con tutta la sua straripante personalità nei suoi scritti. La vita di una dea molto più alla mano di quanto si potesse mai pensare.

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