Centro De Estudios Históricos Templarios

Centro De Estudios Históricos Templarios Historia legendaria de la cristiana Orden del Temple.

Pinceladas de historia de la Preceptoría Nacional del Priorato Templario San Bernardo de Claraval. ✠ Avalados por la pre...
27/07/2024

Pinceladas de historia de la Preceptoría Nacional del Priorato
Templario San Bernardo de Claraval.
✠ Avalados por la prestigiosa Asociación Española de Estudios Histórico Medievales.
✠ Reconocidos eclesiásticamente por la Iglesia Católica Apostólica. (Apostolic Catholic Church).
✠ Miembros fundadores del Tratado Internacional Templario Europeo (T.I.T.E.).

✠ EFEMÉRIDES / ACONTECIMIENTOS HISTÓRICOS DEL DÍA "28 DE JULIO".

El 28 de julio es el 209.º (ducentésimo noveno) día del año en el calendario gregoriano y 210.º en los años bisiestos. Quedan 156 días para finalizar el año.

Cada día del año está lleno de efemérides, fechas que marcaron un antes y un después en la historia de la humanidad...

Tal día como hoy, pero del año...

✠ El 28 de Julio de 450: Tras reinar durante 42 años, fallece en Constantinopla (actual Estambul, Turquía), el Emperador del Imperio Romano de Oriente Teodosio II. Durante su mandato su Imperio guerreó contra hunos y persas, mandó edificar las Murallas de Constantinopla y tuvieron lugar dos importantes controversias cristológicas con nestorianos y eutiquianos. También, en el año 429 dictó la recopilación de las leyes vigentes conocida como "Código Teodosiano" que vio finalmente la luz en el año 438.

✠ El 28 de Julio de 612: En la actual Corea, 10 000 soldados del antiguo reino Goguryeo vencen a mas de 300.000 soldados invasores del Imperio chino en la batalla de Salsu. El general coreano Eulji Mundeok hace romper una represa del río Salsu y mata así a 302 700 soldados chinos. Esta batalla es considerada como el más letal de todos los combates clásicos (solo superado por las batallas de la Primera Guerra Mundial, entre 1914 y 1918).

✠ El 28 de Julio de 1330: En Kyustendil (en el extremo oeste de Bulgaria), el ejército serbio vence al ejército búlgaro en la batalla de Velbazhd.
Después de 1328, Andrónico III ganó y depuso a su abuelo. Serbia y los bizantinos entraron en un período de malas relaciones, más cercano al estado de guerra no declarada. Anteriormente, en 1324, se divorció y derrocó a su esposa y hermana de Stefan, Anna Neda, y se casó con la hermana de Andrónico III, Teodora. Durante ese tiempo los serbios capturaron algunas ciudades importantes como Prosek y Prilep e incluso sitiaron Ohrid (1329). Ambos imperios (bizantino y búlgaro), estaban seriamente preocupados por el rápido crecimiento de Serbia y el 13 de mayo de 1327 firmaron un tratado de paz claramente antiserbio. Después de otro encuentro con Andrónico III en 1329, los gobernantes decidieron invadir a su enemigo común; Michael Asen III se preparó para operaciones militares conjuntas contra Serbia. El plan incluía la eliminación total de Serbia y su partición entre Bulgaria y el Imperio Bizantino. La mayor parte de los dos ejércitos acamparon en las cercanías de Velbazhd, pero tanto Michael Shishman como Stefan Dečanski esperaban refuerzos y a partir del 24 de julio iniciaron negociaciones que terminaron con una tregua de un día. El emperador tenía otros problemas que influyeron en su decisión de firmar la tregua: las unidades de abastecimiento del ejército aún no habían llegado y los búlgaros tenían escasez de alimentos. Sus tropas se dispersaron por el país y los pueblos cercanos en busca de provisiones. Mientras tanto, al recibir un refuerzo considerable, 1.000 mercenarios jinetes catalanes fuertemente armados, liderados por su hijo Stefan Dušan durante la noche, los serbios incumplieron su palabra y atacaron al ejército búlgaro. temprano el 28 de julio de 1330 y tomó por sorpresa al ejército búlgaro. La victoria serbia moldeó el equilibrio de poder en los Balcanes durante las siguientes dos décadas.
IMAGEN I.- Batalla de Velbazhd.

✠ El 28 de Julio de 1364: En la actual Italia, cerca de la localidad de Cascina, tiene lugar la batalla del mismo nombre al enfrentarse las tropas de la República de Pisa y de la República de Florencia, que concluirá con la victoria de esta última.
Entre 1362 y 1364, una guerra enfrentó a los florentinos comandados por Galeotto Malatesta, y a los pisanos con Giovanni Acuto al frente. El 28 de julio de 1364, los soldados florentinos y sus dirigentes, sofocados por el calor, se bañaban en el río Arno, cuando fueron sorprendidos por los soldados pisanos. Pero Manno Donati, un comisionado de Florencia, consiguió dar la alarma. Los florentinos reaccionaron contraatacando la acción de Acuto, y capturaron numerosos soldados pisanos.2​ Según otra versión del relato, los soldados florentinos recibieron una alerta falsa de un vigía, preocupado porque se habían entretenido en el río. Salieron del agua, y al de poco de comprobar que el aviso era falso, vieron que efectivamente las tropas pisanas se acercaban. Ello les permitió defenderse eficazmente.
IMAGEN II.- Copia del dibujo de Miguel Ángel, de la parte central de La batalla de Cascina, pintada por Bastiano da Sangallo (Norfolk, Reino Unido, Palacio Holkham Hall).

✠ El 28 de Julio de 1369: Se produce el sitio de Algeciras, con el cual el rey Muhammed V del Reino de Granada con el objetivo de recuperar la ciudad de Al-Yazirat Al-Hadra (actual Algeciras), al Reino de Castilla.

✠ El 28 de Julio de 1402: Cerca de Ankara, en la actual Turquía, Tamerlán derrota y hace prisionero al sultán otomano Bayaceto I. Tras esta victoria los mongoles ocuparán Esmirna, donde destruirán la guarnición de los Hospitalarios, y llegarán hasta el estrecho del Bósforo.

✠ El 28 de Julio de 1488: Se produce la batalla de Saint-Aubin-du-Cormier (Francia) donde las tropas del rey de Francia derrotan a las de Francisco II (duque de Bretaña) y sus aliados.

✠ El 28 de Julio de 1508: En Roma (Italia), una «bula» del papa Julio II concede a los Reyes de España el patronato sobre las iglesias de América.

Buenos días mis honorables y queridos Fratres in Christo, “Milites Dei”, así como amigos y simpatizantes de nuestras cri...
27/07/2024

Buenos días mis honorables y queridos Fratres in Christo, “Milites Dei”, así como amigos y simpatizantes de nuestras cristianas Órdenes Templarias.

“Feliz y bendecido domingo, día de nuestro Señor”.

“El Santo del día es una reseña diaria de los santos guardados en la memoria de la Iglesia. Historias de maestros de vida cristiana de todas las épocas que, como faros luminosos, orientan nuestro camino”.

Hoy, “28 de Julio”, atendiendo a las fuentes vaticanas y de nuestra Archidiócesis, celebramos el día de:

✠ ”SANTOS NAZARIO Y CELSO, MÁRTIRES MILANENSES”.
Elogio: En Milán, de la provincia de Lombardía, santos Nazario y Celso, mártires, cuyos cuerpos fueron hallados por san Ambrosio.
Patronazgos: patronos de los niños.
"BREVE BIOGRAFÍA"
El padre de san Nazario era un oficial pagano del ejército romano, su madre, en cambio, era una cristiana muy ferviente. Nazario fue instruido en la fe por san Pedro y sus discípulos. Movido por el celo de la salvación de las almas, partió de Roma y predicó el Evangelio en varias ciudades, con el fervor y desinterés propios de un verdadero discípulo de los apóstoles. Murió decapitado en Milán, junto con Celso, un joven que le acompañaba en sus viajes. El martirio tuvo lugar al principio de la persecución de Nerón. Los mártires fueron sepultados en un huerto de las afueras de la ciudad. Poco después del año 395, san Ambrosio descubrió las reliquias. La sangre de Nazario estaba tan roja y fresca como si el santo hubiese mu**to aquel mismo día. San Ambrosio trasladó los cuerpos de los mártires a la iglesia de los Apóstoles, que acababa de construir. Una mujer se vio libre de un mal espíritu en presencia de las reliquias.
Alban Butler tomó este breve relato de un sermón que san Enodio predicó en la fiesta de los mártires; también se basó en otro sermón atribuido erróneamente a san Ambrosio y en la biografía suya que escribió el diácono Paulino. No es imposible que la tradición aceptada en Milán en el siglo IV haya orientado a san Ambrosio en la búsqueda de las reliquias; pero lo único que podemos afirmar con certeza es que las encontró y las trasladó. Las versiones posteriores de la leyenda de san Nazario y san Celso son mucho más complicadas y están llenas de contradicciones y datos fabulosos. Los nombres de estos santos son invocados en el canon de la misa del rito milanés.
(FUENTE: El Testigo Fiel).
IMAGEN I.- SANTOS NAZARIO Y CELSO, MÁRTIRES MILANENSES.

✠ ”SAN VÍCTOR I, PAPA”.
Elogio: En Roma, san Víctor I, papa, africano de nacimiento, que estableció para todas las Iglesias la celebración de la fiesta de Pascua en el domingo siguiente a la Pascua judía.
"BREVE BIOGRAFÍA"
San Víctor fue el primer obispo de Roma (función a la que más adelante se llamará «Sumo pontífice» y «Papa») que realizó ostentosamente un gesto de autoridad para con todas las iglesias del orbe cristiano; de esos gestos a los que nosotros estamos acostumbrados, pero que eran una novedad para los obispos del siglo III. El elogio de hoy habla de ese gesto: «estableció para todas las Iglesias la celebración de la fiesta de Pascua en el domingo siguiente a la Pascua judía». A nosotros eso no nos resulta nada extraordinario: creemos que todo se le debe preguntar y todo lo debe resolver el Papa, desde una beatificación hasta saber si podemos considerar a santa Cecilia patrona de la música, ¡Cuánto más la fecha en que debe celebrarse la Pascua!
Sin embargo había dos corrientes en este tema (como en casi todos los temas), y mientras unos seguían una tradición venida de los Apóstoles de celebrar la Pascua al domingo siguiente de la Pascua judía, otros seguían la costumbre, que también provenía de los Apóstoles (no todos los Apóstoles hacían lo mismo) de celebrar el mismo día que los judíos, cayera en el día de semana que cayera. La costumbre más extendida era la misma que la que se usaba en Roma, que era la dominical, pero las Iglesias de Asia estaban acostumbrados más bien a la otra, eran -como se los llamaba- «cuartodecimanos», porque celebraban la Pascua el 14 Nisán, el mismo día de la Pascua judía, es decir, el día 14 después de la luna nueva del equinoccio de primavera.
La novedad que introdujo el papa Víctor fue dar un golpe sobre la mesa e imponer una misma fecha para todos, la fecha que se acostumbraba en Roma, aduciendo que se trataba de una cuestión que atañía a la «Regla de la fe». Pero lo que el elogio del Martirologio no cuenta es que el asunto no salió del todo bien: los obispos de Asia no estaban acostumbrados a ese ejercicio de autoridad episcopal, ni estaban dispuestos a aceptar una imposición en algo que ellos no entendían que tuviese relación con la «Regla de fe». Víctor había apelado a la tradición de los Apóstoles que él había recibido y representaba en Roma; Polícrates, un obispo de Asia, en nombre y en comunión con los demás obispos de la región, le contesta en una carta muy fuerte (que se nos ha conservado gracias a Eusebio de Cesarea): «Nosotros, pues, celebramos intacto este día, sin añadir ni quitar nada. Porque también en Asia reposan grandes luminarias...», y más adelante agrega. «... yo, con mis sesenta y cinco años en el Señor, que he conversado con hermanos procedentes de todo el mundo, y que he recorrido toda la Sagrada Escritura, no me asusto con los que tratan de impresionarme...»; y para que Víctor no crea que esto era cosa sólo de algún obispo del Asia, remata Polícrates: «... podría mencionar a los obispos que están conmigo, que vosotros me pedisteis que invitara y que yo invité. Si escribiera sus nombres, sería demasiado grande su número...».
Después de semejante pulseada de los obispos del Asia, Víctor no ve otra salida que una redoblada muestra de autoridad: excomulga a todos... pero la Iglesia del siglo III no es la del siglo XVII (en realidad esos gestos grandilocuentes nunca salieron bien), y en una cuestión en la que el obispo de Roma se había evidentemente pasado de tozudez, hasta en Occidente hubo reacciones: san Ireneo de Lyon envía una carta pacificadora a las partes en conflicto, que es un modelo de persuasión y mirada religiosa. Con suaves pero a la vez firmes argumentos le muestra a san Víctor que el asunto no era realmente de fe sino de tradición y costumbre, y que la ruptura de la paz y la concordia era un mal mucho mayor que el supuesto mal de seguir tradiciones diversas, y le introduce un principio que valdría la pena tener a mano en la memoria: «el desacuerdo en el ayuno confirma el acuerdo en la fe» (la fecha de Pascua regía también el final del ayuno).
Finalmente Víctor parece que cedió, levantó la excomunión, aunque lamentablemente falta documentación para saber cómo se resolvió del todo, pero lo cierto es que esa excomunión no se aplicó nunca. La cuestión se guardó en el cajón hasta un siglo más tarde, cuando luego de cien años de persuasión, más que de imposición, todas las Iglesias de la cristiandad aceptaron el uso romano, sancionado en el Concilio de Nicea, en el 325.
Sabemos que Víctor luchó denodadamente también contra las herejías de su tiempo, que comenzaban ya a ser más virulentas, cuanto más lejos iban quedando los tiempos apostólicos. Es cierto que fue práctica de los primeros siglos declarar santo al obispo de Roma casi por normal, lo que siguió hasta casi el fin del siglo V, con la sola excepción del no muy aceptable papa Liberio (352-366); pero cabe preguntarse si Víctor fue santo sólo «en automático», o si se ganó a pulso el título de santo, no sólo combatiendo la herejía, sino también admitiendo humildemente que, aunque creía tener las mejores razones del mundo, la Iglesia no se hace con puñetazos sobre la mesa. San Víctor ejerció el pontificado unos diez o doce años, entre el 186 ó 189 al 197 ó 201, lamentablemente no hay uniformidad en los documentos para poder dar las fechas con más precisión. Durante algunos siglos se lo consideró mártir, pero no hay noticias fehacientes que lo confirmen, ni en sus años se vivió ninguna persecución conocida, por lo que en el nuevo Martirologio se le ha quitado ese título.
Toda la cuestión de Víctor y los cuartodecimanos puede seguirse en cualquier historia de la Iglesia; nada mejor que leerla directamente en la Historia Eclesiástica de Eusebio, libro V,23-24, donde tenemos partes sustanciales de la carta de Polícrates y de la de Ireneo. Algunos autores (Butler, por ejemplo, u otros santorales en línea) piadosamente quieren hacer suponer al lector que los obispos de Asia se metieron a opinar en las costumbres romanas, lo que es exactamente lo contrario de lo que ocurrió, y no se entendería la carta de Ireneo si tal hubiese sido la situación.
(FUENTE: El Testigo Fiel).
IMAGEN II.- SAN VÍCTOR I, PAPA.

✠ ”BEATO URBANO II, PAPA”.
Elogio: En Roma, en la basílica de San Pedro, beato Urbano II, papa, que defendió la libertad de la Iglesia de las intromisiones de los laicos, combatió la simonía y la corrupción del clero, y en el Concilio de Clermont exhortó a los soldados cristianos a que liberasen, bajo el signo de la cruz, a sus hermanos cristianos oprimidos por los infieles y recuperasen el sepulcro del Señor.
"BREVE BIOGRAFÍA"
Se ha dicho que la reforma benedictina de Cluny fue «la fuerza de mayor alcance internacional del siglo XI». Pero la influencia de la reforma cluniacense no se debió únicamente a la acción de los monjes, sino también a la de los papas. Entre ellos se destaca san Gregorio VII, quien se educó en el monasterio cluniacense de Santa María del Aventino y fue amigo personal de san Odilón y san Hugo. También la influencia del pontificado de Urbano II fue decisiva. Llamado Odo o Elides de Lagery, nació en Chátillon-sur-Marne, en 1042. Estudió en la escuela de Reims, bajo la dirección de san Bruno, el fundador de los cartujos. Tal vez fue él quien le inspiró el amor de la vida religiosa, ya que, tras de haber sido canónigo y archidiácono de Reims, Odo tomó el hábito en el monasterio de Cluny. Más tarde, escribió a su abad, san Hugo: «Os amo particularmente a vos y a los vuestros, porque vosotros me enseñasteis los rudimentos de la vida monástica, y en vuestro monasterio renací yo por la gracia del Espíritu Santo». Odo llegó a ser abad de Cluny. En 1078, fue nombrado cardenal obispo de Ostia y consejero de san Gregorio VII. El sucesor dr Hildebrando, Víctor III, nombró en su lecho de muerte por sucesor suyo al cardenal obispo de Ostia. Aunque tal nombramiento carecía de valor canónico, no dejó de ejercer cierta influencia sobre los cardenales, quienes, el 12 de marzo de 1088, le eligieron papa por aclamación. Odo tomó el nombre de Urbano II y manifestó su intención de proseguir la obra de Gregorio VII. Por entonces, escribió al beato Lanfranco, arzobispo de Canterbury, pidiéndole su apoyo y llamándole «el más noble y fiel de los distinguidos hijos de la Santa Iglesia Romana».
El nuevo papa necesitaba del apoyo de todos. En efecto, los tiempos no eran fáciles. San Pedro Damián escribió un epigrama latino para felicitar a Urbano II y decía, no por mera fórmula: «Pedro está preparando sus redes para echarlas a las aguas profundas». Como Roma estaba en manos del antipapa Guiberto («Clemente III»), Urbano no pudo entrar a la ciudad sino hasta el mes de noviembre y hubo de tomar por la fuerza el palacio de San Pedro. Poco después, el emperador Enrique IV invadió Italia; Urbano II tuvo que salir de Roma y los habitantes de la ciudad dieron nuevamente la bienvenida al antipapa. Urbano se retiró al sur de Italia, donde se esforzó por mejorar la disciplina eclesiástica y por restablecer la paz de la Iglesia. Pero muchos de los partidarios del Pontífice preferían ganar la batalla por las armas, lo cual dificultaba las negociaciones con el emperador, a quien apoyaban los obispos de Alemania. Finalmente, Urbano volvió a Roma en 1093. Como Ios partidarios de Guiberto ocupaban todavía el castillo de Sant'Angelo y Urbano II no quería luchar contra el pueblo romano, se fue a vivir en el palacio fortificado de los Frangipani. Ahí se vio reducido a la mayor pobreza. El abad francés, Godofredo de Vendôme, le socorrió generosamente.
En 1095, se reunió un sínodo en Piacenza, en el que los padres discutieron la validez del matrimonio de dos monarcas. Urbano II promulgó los decretos gregorianos sobre el celibato de los clérigos, la investidura de los laicos, la simonía y abordó, por primera vez, el tema de la Cruzada, a instancias del emperador de Oriente, Alejo I Comneno, quien le había pedido ayuda contra los selyucidas. En el Concilio de Clermont-Ferrand se discutió a fondo la cuestión de la Cruzada, y la idea despertó un entusiasmo inmenso. El proyecto del emperador Alejo Comneno consistía en «pedir ayuda a los bárbaros de Occidente para arrojar a los bárbaros de Oriente». Por otra parte, el proyecto sonreía a más de un prelado occidental, que veía en la cruzada la manera de emplear útilmente las energías y ambiciones de los señores feudales. Aun el pueblo se sentía atraído por la idea de abrir camino a los peregrinos a través de Asia Menor y de rescatar Jerusalén y las iglesias de Asia de manos de los sarracenos.
Así quedó decidido que se formaría un ejército; se concedió una indulgencia plenaria a cuantos se enrolasen en la cruzada por motivos exclusivamente religiosos y sus bienes se declararon inviolables, se impuso la «Tregua de Dios» (la suspensión temporal de hostilidades en las interminables guerras privadas entre los distintos señores) y se aconsejó a los clérigos y a los jóvenes casados que no partiesen a la Cruzada. El elocuente llamado que hizo Urbano II al espíritu religioso y al valor de los francos, despertó un entusiasmo delirante. La multitud respondió con el grito unánime de «¡Dios lo quiere!», y muchos se decidieron a partir en ese mismo momento. Urbano II predicó la cruzada por toda Francia durante nueve meses. Guillermo de Malmesbury describe así los hechos: «El galés abandonó la cacería, el escocés sus pulgas, el danés sus compañeros de parranda y el noruego su pescado podrido. Los campos, las casas y aun las ciudades quedaron desiertos». En la primavera de 1097, se reunieron en Constantinopla los cuatro ejércitos cristianos y en julio de 1099, quince días antes de la muerte de Urbano II, tomaron Jerusalén. Así empezaron las cruzadas. Si se hubiesen emprendido y llevado al cabo con el espíritu del santo Pontífice que las predicó por primera vez, habrían constituido un valor permanente para la causa de la Iglesia y de la cristiandad. Pero, tal como se llevaron a cabo, el bien que hicieron fue efímero, y los efectos de algunos de los males que causaron, se dejan sentir todavía en nuestros días. Aun antes de que partiese el primer ejército, algunas bandadas de entusiastas indisciplinados habían ya manchado la reputación de la cruzada con el pillaje y el as*****to en el valle del Danubio y en Constantinopla, y los turcos habían acabado con ellos sin dificultad. Por otra parte, la conquista de Jerusalén estuvo acompañada por una horrible matanza de judíos y musulmanes.
Antes de volver a Italia, Urbano II redujo al orden a algunos obispos franceses. Además, el rey de Francia, que vivía en adulterio, le prometió que se enmendaría, pero no cumplió su palabra. En mayo de 1097, Enrique IV retornó finalmente a Alemania. Algo más de un año después, el partido del antipapa entregó el castillo de Sant'Angelo, de suerte que Urbano II pudo finalmente establecerse en paz en la Ciudad Eterna. El antipapa se trasladó a Ravena. Para resolver los problemas de la Iglesia y el Estado en el sur, Urbano II nombró al conde Rogelio de Sicilia y a su heredero, legados pontificios en Sicilia. No conocemos exactamente los términos del nombramiento; en todo caso, los sucesores de Rogelio se consideraron, en lo sucesivo, como amos de Sicilia hasta que el Tratado de Letrán de 1929 suprimió sus «derechos» y privilegios. El último acto de importancia del turbulento y fructuoso pontificado de Urbano II fue la realización del Concilio de Bari, que tenía por objeto restablecer la paz entre Roma y Constantinopla. Pero en ese momento, el emperador Alejo Comneno se hallaba demasiado ocupado. Así pues, aunque algunos obispos bizantinos asistieron al Concilio, éste se limitó a resolver los problemas de los prelados italo-griegos del sur de Italia, zanjando la cuestión de la procedencia del Espíritu Santo. El éxito se debió, en gran harte, a la elocuencia de san Anselmo de Canterbury, quien había ido a Italia a informar a Urbano II de los abusos del rey Guillermo el Rojo. El Pontífice le encargó de exponer y defender la doctrina católica en el Concilio de Bari. No se puede hablar de Urbano II, sin hacer alusión a sus relaciones con san Bruno, su antiguo maestro, aunque no poseemos muchos datos sobre ellas. Cuando Odo ascendió al trono pontificio, Bruno llevaba ya dos años en la soledad de la Gran Cartuja. Dos años después, Urbano II le llamó «al servicio de la Sede Apostólica». Se puede suponer, sin riesgo de equivocarse, que Urbano II apreciaba mucho el consejo de san Bruno, pues le retuvo en Italia. San Bruno vivió algún tiempo con el Papa; más tarde, obtuvo permiso de retirarse a una ermita de Calabria, en los dominios del conde Rogelio. Aunque no se mostraba en público, permanecía a la disposición del Papa. Ello constituye un extraordinario ejemplo de obediencia y de la función de los contemplativos en la vida de la Iglesia. Sin duda que san Bruno aconsejó a Urbano II en el delicado asunto de las relaciones de san Roberto con la abadía de Molesmes y con la fundación del Cister. Según un documento pontificio, los monjes del Cister «hacen profesión de observar estrictamente la regla de San Benito», por consiguiente, no conviene obligarlos a volver a una forma de vida que desprecian. También está fuera de duda que la influencia de san Bruno y la formación que el propio Urbano II había recibido en un monasterio, contribuyeron a que el pontífice favoreciera a los monjes y concediera privilegios a los monasterios de todo el mundo.
Urbano reunió un último concilio en Roma después de la Pascua de 1099. Dicho concilio condenó una vez más al antipapa Guiberto. Urbano Il predicó en él la cruzada con tal elocuencia, que el propio hermano de Guiberto se unió a ella. El Papa murió tres meses después. El culto que el pueblo empezó a tributarle desde el día de su muerte fue oficialmente confirmado en 1881. La figura de Urbano II está relacionada con sucesos muy importantes de la historia, en los que desgraciadamente se mezclaron demasiado los príncipes temporales. Lo que sabemos de la vida privada de Urbano II cuadra perfectamente con la actitud valiente pero mesurada que tomó en el ejercicio del pontificado. El santo pontífice fue muy amante de los pobres y muy devoto de Nuestra Señora.
La vida de Urbano II está mezclada con todos los sucesos importantes de la época, de suerte que resulta imposible citar todas las fuentes. En el Liber Pontificalis (Duchesne, vol. II, 293-295), hay una reseña bastante completa del pontificado de Urbano II, escrita por Pedro Guillermo. Naturalmente las crónicas de la época hablan mucho de este Pontífice. En la obra de Mann, The Lives of the Popes in the Middle Ages, vol. VII, pp. 245-346, hay un estudio muy detallado del pontificado de Urbano II. Urbano II prestó grandes servicios a la Iglesia y contribuyó a la solución de los problemas políticos de su época, como lo demuestran Hauck, Kirchengeschichte Deutschlands, vol. III, pp. 858-881, y la Cambridge Medieval History, vol. IV, pp. 87-95. Decreto de confirmación de culto en ASS 14 (1881) pág 217.
(FUENTE: El Testigo Fiel).
IMAGEN III.- BEATO URBANO II, PAPA.

✠ ”SAN PEDRO POVEDA CASTROVERDE, PRESBÍTERO Y MÁRTIR, FUNDADOR DE LA INSTITUCIÓN TERESIANA.”.
Elogio: En Madrid, en España, san Pedro Poveda Castroverde, presbítero y mártir, que, preocupado por la difusión evangelizadora de los cristianos en el mundo, principalmente en los campos de la educación y la cultura, fundó la Institución Teresiana, y al comienzo de la persecución contra la Iglesia en tiempo de guerra, fue asesinado por quienes odiaban la religión, ofreciendo a Dios un claro testimonio de su fe.
"BREVE BIOGRAFÍA"
Pedro Poveda Castroverde nació en Linares (Jaén) el 3 de diciembre de 1874. Ya de niño sintió atracción por el sacerdocio. Ingresó en el seminario de Jaén y concluyó los estudios en el de Guadix, diócesis en la que recibió el presbiterado en 1897. Comenzó su ministerio en el Seminario y en la atención pastoral a los que vivían en las cuevas que rodeaban la población, creando una escuela para ellos. Nombrado canónigo de Covadonga se ocupó de la formación cristiana de los peregrinos y comenzó a escribir libros sobre educación y la relación entre la fe y la ciencia.
A partir de 1911, con unas jóvenes colaboradoras, comenzó la fundación de Academias y Centros pedagógicos que darían inicio a la Institución Teresiana. Se trasladó a Jaén para consolidar la misma Institución que recibiría allí la aprobación diocesana y después, estando él ya en Madrid como capellán real, la aprobación pontificia. Sacerdote prudente y audaz, pacífico y abierto al diálogo, entregó su vida por causa de la fe en la madrugada del 28 de julio de 1936, identificándose, «Soy sacerdote de Cristo», ante quienes le conducirían al martirio.
Fue beatificado el 10 de octubre de 1993, y canonizado el 4 de mayo de 2003, en España. En homilía de la misa de canonización decía SS. Juan Pablo II:
San Pedro Poveda, captando la importancia de la función social de la educación, realizó una importante tarea humanitaria y educativa entre los marginados y carentes de recursos. Fue maestro de oración, pedagogo de la vida cristiana y de las relaciones entre la fe y la ciencia, convencido de que los cristianos debían aportar valores y compromisos sustanciales para la construcción de un mundo más justo y solidario. Culminó su existencia con la corona del martirio.
(FUENTE: El Testigo Fiel).
IMAGEN IV.- SAN PEDRO POVEDA CASTROVERDE, PRESBÍTERO Y MÁRTIR, FUNDADOR DE LA INSTITUCIÓN TERESIANA.

"Hoy también celebramos a":

Santos: Acacio, Eustasio, Furadrán, Lúcido, Peregrino, Raimundo, confesores; Botvido, David y compañeros, mártires; Inocencio I, papa; Sansón, obispo; Catalina Thomás, religiosa.

“Felicidades a quienes celebren estos santos nombres"

“Deus, Dominus noster, benedicat vobis, fratres, hodie et Semper”.

Alba militum Xristos, ad perpetuam milites Xristos, ad maiorem Dei Gloriam.

✠✠✠ 𝔑𝔬𝔫 𝔫𝔬𝔟𝔦𝔰 𝔇𝔬𝔪𝔦𝔫𝔢, 𝔫𝔬𝔫 𝔫𝔬𝔟𝔦𝔰, 𝔰𝔢𝔡 𝔑𝔬𝔪𝔦𝔫𝔦 𝔗𝔲𝔬 𝔡𝔞 𝔤𝔩𝔬𝔯𝔦𝔞𝔪 ✠✠✠

De nuestro Capellán Monseñor Mario Santos:
27/07/2024

De nuestro Capellán Monseñor Mario Santos:

Queridos hermanos y hermanas, Paz y Bien! Hoy conmemoramos la persona de Brooke Foss Westcott (+1901), Obispo de Durham (Inglaterra), Maestro de la Fe, y erudito bíblico, que colaboró ​​con Fenton …

Pinceladas de historia de la Preceptoría Nacional del Priorato Templario San Bernardo de Claraval. (Avalados por la pres...
26/07/2024

Pinceladas de historia de la Preceptoría Nacional del Priorato
Templario San Bernardo de Claraval. (Avalados por la prestigiosa Asociación Española de Estudios Histórico Medievales).
✠ Reconocidos eclesiásticamente por la Iglesia Católica Apostólica. (Apostolic Catholic Church).
✠ Miembros fundadores del Tratado Internacional Templario Europeo (T.I.T.E.).

✠ EFEMÉRIDES / ACONTECIMIENTOS HISTÓRICOS DEL DÍA "27 DE JULIO".

El 27 de julio es el 208.º (ducentésimo octavo) día del año en el calendario gregoriano y el 209.º en los años bisiestos. Quedan 157 días para finalizar el año.

Cada día del año está lleno de efemérides, fechas que marcaron un antes y un después en la historia de la humanidad...

Tal día como hoy, pero del año...

✠ El 27 de Julio de 1214: En las cercanías del pueblo de Bouvines, en Flandes (actual Francia), tiene lugar la Batalla de Bouvines, decisivo choque militar entre el ejército francés y los ejércitos de una coalición de potencias europeas, lideradas por el excomulgado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico Otón IV, por su tío el rey inglés Juan Sin Tierra, por Fernando, conde de Flandes, y por otros príncipes de menor entidad que han decidido poner freno al creciente poderío de Francia. El rey Felipe II de Francia, comandante del ejército francés, recibe el apoyo de Federico de Hohenstaufen, rival de Otón IV y pretendiente al trono imperial, al que apoya el Papa. Las tropas francesas, a pesar de ganar la batalla, tendrán que soportar, al igual que las tropas de coalición, miles de bajas. Tras la batalla, al año siguiente, Federico de Hohenstaufen será coronado emperador del Sacro Imperio Romano Germánico con el nombre de Federico II, y Francia seguirá extendiendo su dominio hasta convertirse en una de las primeras potencias de Europa. Para Juan Sin Tierra de Inglaterra la derrota también tendrá consecuencias: se verá obligado a firmar la Carta Magna el 15 de junio de 1215, al ser incapaz de resistir por más tiempo la rebeldía de sus nobles, debido a lo elevado de los impuestos que tienen que pagar y a la forma despótica en que ha venido ejerciendo los privilegios de su cargo a lo largo de los últimos años.
El 27 de julio de 1214 tuvo lugar la Batalla de Bouvines, que enfrentó a las tropas francesas, comandadas por Felipe Augusto, contra una alianza formada por los ejércitos de Flandes, Inglaterra y Alemania. El monarca inglés, Juan sin Tierra, no solo perdió una batalla: esta derrota sirvió de excusa a sus enemigos internos para atacarle.
Otón IV y Juan sin Tierra decidieron unir sus fuerzas contra el rey de Francia. El primero no le perdonaba que hubiese apoyado a un rival y el segundo intentaba poner fin a su larga lista de derrotas. Pese a la superioridad numérica de la coalición, Felipe Augusto, en una maniobra arriesgada, consiguió llevarse la victoria contra todo pronóstico. El monarca francés fue reconocido como un gran héroe durante su triunfal regreso a París, y esta fecha pasó a formar parte de la historia más sobresaliente del país. Por su parte, Otón no solo perdió la batalla, también la corona y el Sacro Imperio Germánico Romano. El que tampoco salió muy bien parado fue el inglés Juan sin Tierra, que a diferencia de su homólogo alemán tenía un plan B para evitar ser derrocado.
Juan I de Inglaterra fue conocido como Juan sin Tierra por haber perdido la mayor parte de las posesiones del imperio angevino en Francia. Durante su reinado, cedió el ducado de Normandía y gran parte de la región de Aquitania. Aunque su destino no era el trono, las luchas entre sus hermanos mayores y la muerte de Ricardo Corazón de León le otorgaron la corona. Durante su mandato, a principios del siglo XIII, el imperio inglés colapsó. Después de la derrota de Bouvines, Juan sin Tierra se agarró a la única posibilidad para no ser destituido, y concedió a los nobles que se habían rebelado contra él la Carta Magna. Este importante documento —considerado una de las fuentes del derecho británico y norteamericano— permitió a Inglaterra avanzar en una nueva dirección, la de la libertad, mientras que su rival perpetuaba el modelo político absolutista.
IMAGEN I.- Batalla de Bouvines.

✠ El 27 de Julio de 1276: Fallece en la ciudad valenciana de Alcira (España) a los 68 años de edad, Jaime I el Conquistador (EL REY TEMPLARIO), rey de Aragón de 1213 a 1276 y uno de los más importantes personajes de la Guerra de Reconquista española, artífice de la incorporación de los reinos de Mallorca y Valencia, hasta entonces en poder de los musulmanes de al-Andalus, a los dominios de su Corona de Aragón. Tras su muerte su reino se dividirá entre sus hijos.
"JAIME I, BIOGRAFÍA"
Jaime I. El Conquistador. Montpellier (Francia), 2.II.1208 – Alcira (Valencia) 27.VII.1276. Rey de Aragón, de Mallorca y de Valencia, conde de Barcelona y de Urgel y señor de Montpellier.
Era hijo de Pedro II de Aragón y de María de Montpellier, y fue engendrado de forma casual, según la leyenda, debido a las malas relaciones de sus progenitores. Como Pedro II no quería ver a la Reina, un caballero, con engaños, haciéndole creer que en el lecho estaba otra dama a la que cortejaba el Monarca, logró llevarlo al palacio de Mirabais, introducirlo en la cama y conseguir que la Reina quedara encinta. En este palacio de Montpellier nació, el 2 de febrero de 1208, el primogénito. La Reina ordenó encender doce cirios con los nombres de los apóstoles, manifestando que el que durara más daría el nombre de su hijo, lo que sucedió con Santiago Apóstol, san Jaime.
Casó Jaime I el 6 de enero de 1221 en Ágreda con Leonor, hija de Alfonso VIII de Castilla y de Leonor de Inglaterra, a los catorce años. El matrimonio fue anulado por la Iglesia, a petición del propio Jaime, por razones de parentesco, cuando el Rey cumplió veintidós años y tenía ya un hijo (Alfonso, mu**to en 1260).
Su segundo matrimonio se celebró en Barcelona el 8 de septiembre de 1235, contando veintiséis años, y la elegida fue Violante, hija de Andrés II de Hungría, mujer de carácter fuerte, cuyo objetivo fue hacer reyes a sus hijos Pedro y Jaime, mediante la persecución a Alfonso y la intervención en la política real. Tuvieron cuatro hijos y cinco hijas: Pedro III, el sucesor al Trono; Jaime, que reinaría en Mallorca; Fernando, que murió en vida del padre; y Sancho, arcediano de Belchite, abad de Valladolid y arzobispo de Toledo, falleciendo en 1275 prisionero de los moros granadinos. Las hijas fueron: Violante, que casó con Alfonso X de Castilla; Constanza, casada con el infante castellano don Manuel, hijo de Fernando III; María, que entró en religión; Sancha, que murió como peregrina en Tierra Santa; e Isabel, casada en 1262 con Felipe III de Francia. La reina Violante de Hungría murió en Huesca, el 12 de octubre de 1251.
Tradicionalmente se ha considerado que fue el deseo de Violante conseguir buenas herencias para sus hijos, y que fue éste el motivo que llevó a convencer a Jaime I de la partición de sus reinos, pero a esta explicación simplista se añade también su concepción patrimonial, que convirtió la Corona de Aragón en una serie de piezas que manejó a su antojo, y así, hizo un primer reparto (1241), según el cual el primogénito Alfonso heredaría Aragón y Cataluña, la herencia peninsular de su padre, y a Pedro, habido con Violante, pasarían Valencia, las Islas Baleares, el Rosellón y la Cerdaña. Pero en 1243 en un nuevo testamento legó Aragón a Alfonso; a Pedro, Cataluña y Valencia, y a Jaime, las Baleares. De nuevo testó en 1248, incluyendo en el reparto al nuevo hijo, Fernando. Mu**to Alfonso (1260), otorgó nuevo testamento y legó (1262) a Pedro Aragón, Cataluña y Valencia; a Jaime, las Baleares, Rosellón, Cerdaña y Conflent.
Tras la muerte de Violante, el Rey se lanzó a una carrera de amoríos, ya que, como anotaron sus cronistas, era “hom de fembres”, entre las que se pueden citar a Aurembiaix de Urgel o a Teresa Gil de Vidaure, a la que se prometió en matrimonio, pero el Rey la abandonó cuando enfermó de lepra, con la intención de casarse de nuevo. Teresa recurrió a Roma y el Papa no anuló dicho matrimonio, lo que movió la ira de Jaime I contra su confesor, el obispo de Gerona (Berenguer de Castellbisbal), acusándolo de revelar el secreto de confesión de su matrimonio, y le mandó cortar la lengua, según los cronistas. De este matrimonio nació Jaime, señor de Jérica, y Pedro, señor de Eyerbe. De las relaciones amorosas Blanca de Antillón nació Fernán Sánchez, al que entregó la baronía de Castro. Con Berenguela Fernández tuvo a Pedro Fernández, señor de la baronía de Híjar, mientras que con Berenguela Alfonso, hija del infante Alfonso de Molina, no tuvo descendencia. Estos bastardos reales, pues, fueron el origen de algunas de las más importantes casas nobiliarias de Aragón y Valencia.
Jaime I fue un Rey de gran carácter y una fuerte personalidad, como se ve en su propia Crónica y en las descripciones que han dejado otros autores, en particular Desclot. El Rey aparece como un personaje de considerable estatura y, como cuenta Desclot, de presencia caballeresca, blanco de cutis y de pelo rubio, hermosos dientes y finas y largas manos. Entre sus cualidades morales sobresalen dos: su generosidad y su fidelidad a la palabra empeñada. Religiosidad y belicosidad se entremezclaban en su personalidad, fruto de su crianza y educación entre los templarios, de forma que consideró su espíritu cristiano al servicio armado de la cristiandad, plasmado en la lucha contra el islam. En su vida y sus empresas aparece también la fe, el providencialismo y la devoción mariana, como testimonian las numerosas mezquitas transformadas en templos cristianos y consagrados a María. Su valentía y orgullo también formaron parte de su personalidad, visible en el episodio de sacarse él personalmente la saeta que le atravesó el hueso del cráneo; el orgullo de su familia, conservado hasta su vejez; su sensibilidad, visible en el episodio de la golondrina que anidó en su tienda, las lágrimas derramadas al conquistar Valencia y tantos episodios, que no son incompatibles con la crueldad, como cortarle la lengua al obispo de Gerona. Fue un gran creyente y un gran pecador, además de mujeriego, ya que sus últimos amores corresponden a las vísperas de su muerte.
Monarca longevo, falleció a los setenta y un años, tras sesenta y tres de reinado, que coincidió con la época del apogeo medieval.
La infancia de Jaime I fue muy difícil, porque su padre abandonó a la reina María y también al propio Jaime, envuelto en la vorágine de las guerras en el Midi francés, donde Pedro II halló la muerte en la batalla de Muret (1213), quedando el infante en manos de su enemigo Simón de Montfort, a cuya hija había sido prometido. Ese año falleció la reina María en Roma. Fueron años difíciles, pues ya de niño Jaime sufrió un atentado en la cuna. Su reinado se inició con una minoría bajo la protección especial del papa Inocencio III, que hizo que en 1214 Simón de Montfort devolviera al Rey-niño, que permaneció desde 1215 en Monzón, confiado a la Orden del Temple, según las disposiciones de la reina María: un consejo de regencia integrado por aragoneses y catalanes, presidido por el conde Sancho Raimúndez, hijo de Ramón Berenguer IV y tío abuelo de Jaime, gestionaba los asuntos públicos en estos primeros años.
Una de las primeras dificultades que tuvo que afrontar el Rey-niño, fue la amenaza del nuevo papa Honorio III, sucesor de Inocencio, defensor de Simón de Monfort, de replicar a los intentos de los aragoneses de vengar la muerte del rey Pedro; situación aprovechada por el abad de Montearagón Fernando, tío del Rey, para oponerse al regente don Sancho y obligar a la reunión de la curia real en Monzón en 1218, concluyendo la regencia del conde por la presión del bando contrario, en el que figuraban los nobles aragoneses Jimeno Cornel, Pedro de Ahones y Blasco de Maza, que luego participaron activamente en los enfrentamientos de la nobleza y la Monarquía. En 1219 inició su andadura un nuevo consejo encabezado por el arzobispo de Tarragona, período que se puede considerar finalizado con la boda de Jaime con Leonor de Castilla, hija de Alfonso VIII, cuando apenas tenía trece años, en 1221. Ese año se celebraron Cortes en Daroca, a las que asistieron, para prestar homenaje al Rey, el conde de Urgell y el vizconde de Cabrera. La pugna nobleza-monarquía se recrudeció durante los primeros años del Monarca, alternando las estériles luchas nobiliarias, la bancarrota financiera heredada de su padre, los problemas derivados de la sucesión en el condado de Urgel y el enfrentamiento con los Montcada y los Cabrera, y la rebelión de los ricos-hombres aragoneses tras la muerte de Pedro de Ahones en 1226.
La habilidad de Jaime I le permitió crear márgenes de actuación relativamente holgados, utilizando para ello la empresa reconquistadora contra el islam. Se trataba de un proceso mucho más amplio, inscrito en el marco global de la política de los reinos cristianos peninsulares. En efecto, a partir de 1212 y a raíz de la batalla de las Navas de Tolosa se produjo el hundimiento y la fragmentación del poder almohade en al-Andalus, que propició en las décadas siguientes el avance de las fronteras de los reinos cristianos hacia el sur, y así, mientras Portugal llegaba al Algarbe en 1249, Fernando III de Castilla conquistaba Sevilla (1248) y Jaime I tomaba el castillo y villa de Biar (1245), dando por finalizada la conquista de las tierras valencianas. Al porqué de estas campañas, la historiografía ha dado muy variadas explicaciones, y si el hispanista francés Pierre Guichard la ve como el resultado de la superioridad militar de los cristianos, en el marco del choque entre una sociedad cristiana feudalizada y una sociedad islámica tributaria, incapaz de generar un poder político y militar fuerte, capaz de resistir una ofensiva exterior, otros autores insisten en la importancia que la guerra, la conquista de nuevas tierras, tenía para la clase feudal dominante, los nobles, como medio de incrementar su patrimonio y rentas, lo que en este caso se haría a costa de los andalusíes, fragmentados políticamente y débiles militarmente, en tanto que para R. I. Burns lo fundamental sería el espíritu de cruzada que impregnaría a los cristianos, tesis hoy poco compartida. No olvidemos que desde 1228 el Rey propiciaba un programa para reafirmar su poder, para recuperar el prestigio y la autoridad de la Corona, que su padre había arruinado, y para ello propuso una empresa militar colectiva que beneficiara a todos, con el Rey como motor y como cabeza suprema de este proyecto.
En las Cortes de Tortosa de 1225 se proclamó la necesidad de emprender la reconquista contra el islam, que se inició con el fracaso del sitio sobre Peñíscola, al no contar con la colaboración de los caballeros aragoneses.
Pero no por ello cejó en su empeño de ir contra Valencia y en 1226 planeó una nueva expedición, partiendo de Teruel, que no llegó a realizarse por el fracaso de la convocatoria, aunque el rey de Aragón obtuvo de Zayd Abū Zayd el pago de un quinto de sus rentas de Valencia y Murcia a cambio de la paz.
El viejo sistema de las parias seguía teniendo plena vigencia. La violación de la paz por su vasallo Pedro de Ahones se saldó con su muerte y una guerra civil en Aragón. La fidelidad y ayuda del noble Blasco de Alagón fue compensada por Jaime I en 1226 con la concesión de todos los lugares y castillos que pudiera conquistar en territorio musulmán valenciano, hecho que años después tendría importantes consecuencias.
En 1227, la intervención papal a través del arzobispo de Tortosa permitió firmar la concordia de Alcalá, que procuraba una paz entre el Rey y sus aliados, por un lado, y las facciones de los barones, por otro, lo que dejó la puerta abierta a las grandes empresas conquistadores de Jaime I. En el condado de Urgel el rey de Aragón restableció en su condado a Aurembiaix de Urgel, bastando una campaña para apoderarse de sus territorios, que ella traspasó a Jaime I. Éste, a su vez, se los devolvió en feudo.
Por entonces se produjo la descomposición política del Sharq al-Andalus y en 1228 Ibn Hūd se proclamó emir de los musulmanes en Murcia, siendo reconocido por los arraeces de Alcira, Játiva y Denia, territorios que perdió Zayd Abū Zayd, cuyo dominio llegaba hasta el Júcar. La sublevación de Zayyan de Onda llevó a la guerra civil entre ambos, ocupando Zayyan Valencia y refugiándose Zayd en Segorbe y pidiendo la ayuda de Pedro Fernández de Azagra, a cambio de la cual entregó Bejís (1229) y quizá la cuenca del alto Turia. Zayd buscó la ayuda de Jaime I y el 20 de abril de 1229 firmó en Calatayud un acuerdo por el que se declaró vasallo del rey de Aragón, le ofreció la cuarta parte de las rentas del territorio perdido y la donación de Peñíscola, Morella, Alpuente, Culla y Segorbe, a cambio de ayuda militar y la entrega de los castillos de Ademuz y Castielfabib.
Jaime I fue el primer gran protagonista de la expansión mediterránea de la Corona de Aragón, comenzando por la conquista de Mallorca, que Jaime promocionaría como una obra colectiva, que a todos beneficiaría. Ante las agresiones de los piratas mallorquines musulmanes a los mercaderes de Barcelona, Tarragona y Tortosa, éstos pidieron ayuda al Monarca, al que en la reunión de Barcelona (diciembre de 1128) ofrecieron sus naves, mientras que los barones catalanes acordaron participar en la empresa a cambio del botín y tierras. En otra reunión en Lérida los barones aragoneses aceptaron las mismas condiciones, pero sugirieron al Rey que la empresa se dirigiera contra los musulmanes de Valencia. La conquista de Mallorca, aunque participó un grupo de caballeros aragoneses en virtud de sus obligaciones con el Soberano, fue una empresa catalana, y catalanes serían la mayoría de sus repobladores.
Las Cortes catalanas de 1228 reunidas en Barcelona concedieron al Rey el subsidio correspondiente a la recaudación del impuesto del bovaje. La expedición estaba integrada por ciento cincuenta naves y salió desde Salou, Cambrils y Tarragona el 5 de septiembre de 1229. Tras un largo asedio de tres meses, la ciudad de Palma se rindió el último día del año, y con ella el resto de la isla, que apenas ofreció resistencia. El Rey volvió en 1231 a la isla, cuando moros no sometidos se ofrecieron al Rey, reduciendo Menorca a la condición de tributaria. La isla de Ibiza fue conquistada en 1235 por el arzobispo de Tarragona, Guillem de Montgrí, y su hermano Bernat de Santa Eugenia.
Mallorca se constituyó como un territorio más de la Corona bajo el nombre de “regnum Maioricarum et insulae adyacentes”, obtuvo una carta de franquicia en 1230 y la institución en 1249 del municipio de Mallorca contribuyó a la institucionalización del reino. La conquista supuso acabar con la piratería islámica en las Baleares, que se constituían en puente para el comercio entre Cataluña y el norte de África.
Los participantes recibieron donaciones en la isla, en particular la nobleza, plasmadas en el Libre del repartiment de Mallorca, lo que fortaleció su poder político y social.
La conquista de Valencia, auténtica obsesión para Jaime I, cuyas energías absorbió durante quince años, se preparó minuciosamente dada su trascendencia, una vez ocupada Mallorca y alejado el peligro musulmán del Mediterráneo. A pesar de los iniciales fracasos y del interés de los caballeros de frontera por beneficiarse para sí de estas conquistas, Jaime I no se inhibió de la empresa cuando Blasco de Alagón se apoderó de Morella en 1232 y fue un peligro para el fortalecimiento de la nobleza. En 1233 en Alcañiz se planificó la campaña, desarrollada en tres etapas: la primera dirigida a las tierras de Castellón, con la toma de Burriana en 1233 y otros enclaves, como Peñíscola; la segunda abarca la zona central con la conquista de Valencia (1238) y las tierras llanas hasta el Júcar, para lo cual las Cortes generales de Monzón de 1236 concedieron la ayuda necesaria y el papa Gregorio IX dio a la empresa el carácter de cruzada. El Puig se tomó en agosto de 1237, fracasando una escuadra enviada por el rey de Túnez en auxilio de Valencia, firmándose unas capitulaciones el 28 de septiembre y entrando el Rey en la ciudad el 9 de octubre; la tercera fase abarca desde 1243 a 1245 llegándose a los límites estipulados para la conquista entre Aragón y Castilla en el tratado de Almizrra en 1244, firmado entre Jaime I y el infante Alfonso para delimitar las áreas de reconquista de las Coronas de Castilla y Aragón. Las tierras al sur de la línea Biar-Villa Joyosa quedaron reservadas para Castilla, incorporándose al reino de Valencia por Jaime II tras la sentencia arbitral de Torrellas (1304) y Elche (1305).
Jaime I obtuvo un gran triunfo sobre la nobleza, que consideraba las tierras conquistadas en Valencia como una prolongación de sus señoríos, al convertirlo en un reino privativo (1239), formando una entidad político-jurídica propia unida dinásticamente a la Corona de Aragón, hecho que provocó la airada reacción de la nobleza aragonesa, que veía cercenadas sus posibilidades de hacer de las tierras valencianas una prolongación de sus señoríos aragoneses. El reino fue repoblado por catalanes y aragoneses, aunque durante mucho tiempo la población musulmana siguió siendo mayoritaria. La falta de respeto, por los cristianos, de los pactos y capitulaciones firmados con los mudéjares llevó a la sublevación de al-Azraq en 1247.
En su pugna con la nobleza Jaime I encontró el soporte de la doctrina jurídica romana revitalizada por la escuela de Bolonia, que afirmaba la supremacía del príncipe, y con tal de contrarrestar a la insumisa nobleza, el Rey favoreció decididamente a los municipios y a la burguesía. La renuncia a la política tradicional sobre el Midi hizo que la atención se desviara hacia el Mediterráneo. Y también se modificaron las relaciones con los reinos hispánicos. La falta de descendencia del monarca navarro Sancho VII a punto estuvo de llevar a la unión con Aragón. Ante las dificultades del rey de Navarra, al que hacía la guerra Castilla, deseosa de anexionarse parte del reino navarro, la solución que encontró Sancho VII fue establecer en 1231 un pacto de prohijamiento mutuo con Jaime I, en virtud del cual Sancho se convertía en padre de Jaime, y al morir uno de ellos, el otro le sucedería en sus territorios. El pacto era favorable a Jaime I, muy joven, dada la delicada salud y avanzada edad de Sancho VII, y contenía diversas cláusulas por las que el rey de Aragón debía defender Navarra frente a agresiones exteriores. Pero las campañas de conquista en Mallorca y Valencia hicieron que Jaime I se desentendiera de Navarra, donde al morir Sancho VII en 1234 subió al trono como su sucesor Teobaldo de Champaña.
Con el reino de Castilla, además del tratado de Almizrra (1244), que delimitó las zonas de expansión hacia el sur de ambas Coronas, Jaime ayudó a su yerno Alfonso X a pacificar la rebelión de los mudéjares murcianos. Pero el interés de Jaime I por ayudarle desató la oposición de la nobleza aragonesa en las Cortes de Zaragoza (1264), que se negó a cooperar, alegando que no obtenía beneficios en tal empresa. A pesar de tales reticencias, Jaime I acudió en ayuda del rey de Castilla, sometió Murcia en 1266 e inició un proceso de repoblación con catalanes y aragoneses, devolviendo luego Murcia a Alfonso el Sabio. También el Conquistador autorizó a sus súbditos a luchar con el rey de Castilla frente a la ofensiva de Marruecos y Granada.
Para resolver sus diferencias con Francia, el 11 de mayo de 1258 Jaime I firmó con Luis IX (san Luis), el tratado de Corbeil, en virtud del cual Luis IX renunció a los derechos “teóricos”, que desde tiempos de Carlomagno pretendía tener sobre el Rosellón, Conflent y Cerdaña, y a los condados catalanes (Barcelona, Urgel, Besalú, Ampurias, Gerona y Vic), y Jaime I a los derechos —más evidentes— que le asistían sobre diversos lugares del mediodía francés.
Prenda de la nueva amistad sería la infanta Isabel, hija menor de Jaime I, que casaría con Felipe, hijo y heredero de san Luis. Ahora cedió también Jaime I a la reina de Francia, Margarita, sus derechos a los condados de Provenza y Folcalquier, lo que tenía en el marquesado de Provenza y el señorío de las ciudades de Arles, Marsella y Aviñón, que fueron del conde Ramón Berenguer. El tratado ha sido juzgado con dureza por los historiadores, en particular los catalanes, ya que ponía fin a la expansión y política ultrapirenaica de la Corona de Aragón.
Respecto a la política norteafricana de Jaime I, éste se benefició del interés comercial que desde el siglo xii habían demostrado los catalanes. La política real se aprovechó de su presencia en los reinos o sultanatos de Marruecos, Tremecén y Túnez, dedicando sus esfuerzos a someterlos por diversos medios, utilizando el procedimiento de unir el comercio catalán al pago de un tributo por el sultán. Se establecieron alfòndecs (alhóndigas) en Túnez y Bugía, en tanto que las milicias cristianas actuaban al servicio de los hafsidas tunecinos.
Puede decirse que comienza ahora, en los últimos años de la vida del Conquistador, una etapa de fracasos, de decadencia: Corbeil, Tierra Santa, repartos de sus reinos y luchas internas, etc. En 1260 murió el infante Alfonso y en 1262 el Rey se vio obligado a hacer un nuevo reparto, dando a Pedro, Aragón, Cataluña y Valencia, y a Jaime las Islas Baleares.
El espíritu de cruzada de Jaime I le llevó a emprender una expedición a Tierra Santa, como resultado de la embajada tártara que recibió mientras estaba en Toledo en la Navidad de 1268, para asistir a la primera misa de su hijo el infante Sancho, arzobispo de la ciudad.
Los tártaros, enemigos de los turcos, ofrecían unir su ayuda a la del emperador bizantino Miquel Paleólogo en la expedición a Tierra Santa, que desde hacía tiempo Jaime I proyectaba. El 4 de septiembre de 1269 zarpó de Barcelona una flota de treinta naves gruesas y algunas galeras, con ochocientos hombres escogidos, almogávares, los maestres del Temple y del Hospital, y los infantes Fernán Sánchez y Pedro Hernández. La empresa —que Soldevila sugiere que pudiera ir dirigida contra la isla de Sicilia— fue un fracaso total, pues una tempestad obligó a la flota a refugiarse en Aigües-Mortes, cerca de Montpellier, donde desembarcó el Rey, que regresó por tierra a Cataluña, olvidándose de la empresa, lo que hizo de manera definitiva en el Concilio de Lyon de 1274.
Las razones del abandono nunca estuvieron claras y la mayoría de los historiadores apelan a la edad del Monarca, con sesenta años, y, sobre todo, al deseo de estar junto a Berenguela Alfonso, con quien tenía amores.
En 1274 asistió al Concilio de Lyon reunido por Gregorio X en su deseo de ser coronado por el Papa, pero éste le exigió a cambio la ratificación del feudo y tributo que Pedro II había ofrecido dar a la Iglesia, por lo que no hubo acuerdo.
Los últimos años del reinado agudizaron los conflictos político-sociales: se produjo una revuelta de la nobleza catalana en 1259, encabezada por el vizconde Ramón de Cardona y Fernando Sánchez de Castro (bastardo de Jaime I), motivada por las diferencias con el conde de Urgel, en tanto que en la década de 1270 se produjo una auténtica guerra civil, cuando el Rey se vio presionado por los partidarios del primogénito, el infante Pedro, y por los rebeldes encabezados por el bastardo Fernández de Castro, aglutinador del frente nobiliario que se puede calificar de nacionalista, aunque lo que pretendían era imponer su autoridad a la Corona y alterar el autoritarismo regio a su favor, celosa también del ascenso social de los grupos urbanos y su apoyo a la Monarquía.
La lucha se saldó con la muerte del hermanastro Fernández de Castro por el infante Pedro (1275), mientras que sus partidarios aguardarían la hora de la venganza.
En 1275 se sublevaron los mudéjares valencianos y Jaime I fue en persona a sofocar la revuelta. El Conquistador fue derrotado por los moros en Llutxent (junio de 1276), falleciendo el mes de julio de ese mismo año. Su herencia se repartió entre Pedro III de Aragón (Valencia y condado de Barcelona) y Jaime (Mallorca, los condados de Rosellón y Cerdaña y el señorío de Montpellier) Fue en el reinado de Jaime I cuando se produjo el nacimiento de la conciencia territorial en la Corona de Aragón, sobre todo en los Estados fundacionales de Aragón y el principado de Cataluña, con la actuación de dos fuerzas: la normalización del derecho, que creó una conciencia territorial, y la conversión de las Cortes, reflejo de una realidad estamentalizada, en una institución reivindicativa y cohesionadora de la conciencia de la comunidad. En el ámbito jurídico, los Fueros de Aragón superaban el derecho consuetudinario por un marco más amplio de reminiscencias romanistas. La obra la encargó Jaime I al obispo de Huesca, el jurista Vidal de Cañellas, promulgándose en las Cortes de Huesca de 1247, sustituyendo a tradiciones jurídicas locales como el fuero de Jaca.
En Cataluña, la protección de la Monarquía permitió el triunfo de los Usatges de Barcelona y su difusión territorial por Cataluña a mediados del siglo xiii.
También Jaime I otorgó a Valencia una ordenación político-administrativa, la Costum (1240), de carácter municipal, que fueron revisadas en 1251. Los Foris et consuetudines Valentiae fueron confirmados por el Rey en 1271 y se fueron extendiendo por todo el reino, a pesar de la oposición de la nobleza aragonesa, deseosa de mantener su legislación, lo que generó una pugna foral no resuelta hasta 1329 con el triunfo de los Fueros valencianos.
Fue durante su reinado cuando tuvo lugar la consolidación de las Cortes privativas de cada reino, que actuaron como elemento esencial en la creación de una conciencia diferenciadora de cada territorio. Desde que en 1244 se decidió que el Cinca fuera el límite entre Aragón y Cataluña, las Cortes se reunieron por separado, en tanto que en Valencia la incipiente institución comenzaba su andadura a partir de 1261, aunque su consolidación no tuvo lugar hasta el siglo xiv.
Durante el reinado de Jaime I las ciudades interiores de la Corona perdieron impulso a favor de las ribereñas, estableciéndose la Corte y la Cancillería —base del actual Archivo de la Corona de Aragón— en Barcelona.
Aunque su reinado estuvo lleno de conflictos, no conviene olvidar la parte positiva de su obra, como señaló F. Soldevila: las conquistas de Mallorca y Valencia, el matrimonio de su hijo Pedro con Constanza de Sicilia, que daría un impulso decisivo a la expansión mediterránea; el impulso dado al comercio y a la política africana; la redacción del Llibre del Consolat de mar, primer código de costumbres marítimas; su protección a los judíos; las reformas monetarias, con la introducción del grueso de Montpellier y la creación de monedas propias en Valencia y Mallorca; su intervención en el movimiento jurídico, muy intenso, con figuras como Raimundo de Penyafort o Vidal de Cañellas, con el refuerzo dado al derecho romano; el impulso dado a las instituciones generales, como las Cortes, y municipales; el progreso de las letras catalanas, con el Rey como protagonista en esa gran obra que es el Llibre dels Feits, primera gran crónica catalana medieval, escrita o dictada por el Rey, en estilo autobiográfico.
Para los historiadores aragoneses el juicio histórico sobre Jaime I suele ser negativo, acusándole de tener una concepción mezquina de la Monarquía, ya que sin pensar en la unidad de la Corona, ya cimentada, separó Aragón y Cataluña, entregando la primera a Alfonso y la segunda a Pedro, quedando Valencia para el tercer hijo, Jaime. Complicó el problema con el trazado de la frontera entre Aragón y Cataluña, tras la adjudicación final de Lérida a Cataluña, y puso la frontera en el cauce del Cinca, y el resultado fue el enfrentamiento entre ambos países, que llevaban cien años unidos. Y la misma opinión les merece sus acciones de conquista y la creación de los reinos de Valencia y de Mallorca “que no correspondían a las necesidades ni al espíritu del momento” y que fragmentaron la unidad de la Corona, que de ser un espacio unificado pasó, por obra de Jaime I, a cuatro estados bajo la soberanía de un mismo Rey y sin ningún ideal común.
Obviamente, para mallorquines y valencianos, la visión del Monarca es radicalmente opuesta y es el gran Rey, el tótem histórico, el mito, el punto de partida de los futuros reinos de Mallorca y de Valencia, el creador de sus señas de identidad hasta nuestros días: territorio, fueros, moneda, instituciones, etc.
Jaime I murió abrazando el hábito de los monjes blancos (cistercienses).
imagen II.- Jaime I, el rey templario.

✠ El 27 de Julio de 1309: El rey de Castilla, Fernando IV, rompe la tregua que había firmado con el de Granada, Muhammad III, y pone el sitio de Algeciras.

✠ Nacimientos:
1451: Hernán Pérez del Pulgar, militar e historiador español (f. 1531).
1452: Ludovico Sforza, aristócrata milanés (f. 1508).

✠ Fallecimientos:
432: Celestino I, papa italiano (n. ¿?).
1101: Conrado, rey romano (n. 1074).
1276: Jaime I, rey aragonés (n. 1208).

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