30/11/2017
Hoy 30 de noviembre de 2017, es el día internacional de la lucha contra los trastornos de la conducta alimentaria (TCAs), que son enfermedades psicosomáticas graves, multifactoriales, en las que intervienen factores psicológicos y fisiológicos que se potencian y modifican mutuamente, y engloban aquellas patologías donde aparece un patrón de alimentación inadecuado y de conductas patológicas ligadas al control de peso. Aunque mucha gente no lo sepa, este tipo de trastornos es relativamente frecuente entre estudiantes de nutrición, y por eso nos gustaría dedicarles este pequeño artículo.
Basándonos en una revisión acerca los trastornos alimenticios y los trastornos del comportamiento alimenticio entre los estudiantes de nutrición y los dietistas nutricionistas graduados (Mahn, H. M., 2015) observamos que la mayoría de las profesionales del campo de la nutrición son mujeres, las cuales están más influenciadas por la industria de la imagen corporal y su influencia a través de las redes sociales, modelos, etc. Tras una revisión de unos 20 artículos en total, los autores de la revisión concluyeron que la profesión de nutricionista-dietista está muy marcada por las apariencias pudiéndose comparar con profesiones como: bailarinas, modelos, o actrices. Esto significa que los pacientes consideran que una buena figura es un requisito indispensable para confiar en un dietista (“si no adelgaza el, no me va a adelgazar a mi”). Esto tiene como consecuencia el incremento de la tendencia a restringir la comida para un mayor control de peso, siendo mayor cuanto más conocimiento se tiene acerca de la materia.
Estas restricciones de comida no es más que una de las múltiples caras de la moneda en cuanto a trastornos alimentarios se refiere, que vienen promovidas por trastornos de la imagen corporal, estrés y una continua exposición a la comida y las dietas. La mayor parte de las pacientes estudiantes a las que se sometió este estudio refirieron sentirse juzgadas por su apariencia y cuestionaban su propia profesionalidad según su aspecto físico, lo que no solo era un perjuicio en sí mismo sino que añadía estrés a sus vidas (que como hemos visto antes, es otro factor que influye mucho en el desarrollo de los TCAs).
Este artículo propone la mejora de un ambiente sano, donde los estudiantes puedan explorar sus problemas con la comida y su imagen corporal de manera compasiva, y en el cual se pueda aprender más sobre estos trastornos. Desde ADINU nos gustaría apoyar al 100% esta conclusión, ya que más allá de la Anorexia o la Bulimia nerviosa que aparece en los libros, podemos estar involucrados en este tipo de enfermedades sin ser conscientes y simplemente por miedo a que nos juzguen y no nos permitan ejercer plenamente nuestra profesión solo por no estar delgadas y no seguir las tallas de las modelos.
En conclusión, tenemos que ser sumamente conscientes del peligro que tenemos en estos temas por nuestro conocimiento, siendo una de las profesiones que mayores críticas vamos a sufrir por nuestro aspecto físico sin que los pacientes sean conscientes de que lo primordial que es estar sano.