04/06/2026
“𝗖𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝗹𝗮 𝗱𝗶𝗿𝗲𝗰𝗰𝗶ó𝗻 𝗳𝗮𝗰𝘂𝗹𝘁𝗮𝘁𝗶𝘃𝗮 𝗵𝗮𝗯𝗹𝗮, 𝗹𝗼𝘀 𝗱𝗲𝗺á𝘀 𝗰𝗮𝗹𝗹𝗮𝗻”
Ayer me contaron una historia que, según iba escuchando, se me llevaban los demonios.
Y es una historia que tiene que ver con las relaciones entre los diferentes agentes que intervienen en una obra, que, en esa obra en concreto, la de la historia, eran tres: cliente, dirección facultativa y empresa constructora.
Bien, la cuestión es que el cliente es aquel que tiene un problema y quiere una solución.
El proyectista y dirección facultativa es quien diseña la solución, y vela porque se haga según lo proyectado, y que mejor se adapte a la realidad de la obra, que el papel es muy sufrido y lo aguanta todo.
Y la empresa constructora es ese agente que va a ejecutar lo que necesita el primero, y ha diseñado el segundo.
Así pues, ¿quién es más importante?
Pues mira, ninguno.
Porque los tres son colaboradores necesarios, y ninguno es enemigo de los otros.
Y la clave es esa.
Y el problema es cuando alguno de los tres piensa que alguno de los otros es un enemigo a abatir.
Y esto es lo que le pasó ayer a un amigo mío en una reunión de obra, que hubo quien dijo “Yo soy la DF, y cuando la DF habla, los demás se callan”.
Un maleducado vamos.
Y más cosas.
Pues bien, en una obra no se trata de ver quién la tiene más grande.
Se trata de que cada decisión técnica, cada cambio y cada imposición tenga una consecuencia económica clara.
Y ahí es donde muchas constructoras pierden dinero: no porque no sepan ejecutar, sino porque no saben medir cuánto les cuesta obedecer, improvisar o corregir.
En 𝗜𝗠𝗣𝗨𝗟𝗦𝗔-𝗧𝗘 analizamos precisamente eso: dónde se te está escapando la rentabilidad, qué decisiones te están costando dinero y qué necesitas ordenar para que tu empresa no dependa del carácter de nadie en una reunión de obra.
Porque cuando los datos hablan, también conviene que algunos se callen.
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