08/10/2026
Hoy en nuestra sección 𝗖𝗼𝗻𝗼𝗰𝗲𝗺𝗼𝘀 𝗮…”, os presentamos a 𝗗. 𝗝𝗲𝘀ú𝘀 𝗠𝗮𝗿𝘁í𝗻 𝗱𝗲 𝗩𝗶𝗱𝗮𝗹𝗲𝘀 𝗖𝗮𝗹𝘃𝗼
Eran mediados de los 90, y aunque era un niño, recuerdo perfectamente cómo cada Viernes Santo por la mañana acompañaba a mi padre a la reunión de la Hermandad del Sepulcro. Hoy, más de treinta años después, puedo decir con orgullo que son mis hijos, de 6, 8 y 10 años, quienes me acompañan cada año, tanto a la reunión como en la procesión.
A menudo me pregunto: 𝗟𝗮 𝗽𝗿𝗲𝗴𝘂𝗻𝘁𝗮 𝗾𝘂𝗲 𝗺𝗲 𝗵𝗮𝗴𝗼 𝗲𝘀: ¿cómo se transmite la Fe, nuestras tradiciones y nuestra cultura?.
No creo que exista una respuesta sencilla. Es un sentimiento profundo, difícil de describir, que se hereda.
𝗤𝘂é 𝗿𝗲𝗰𝘂𝗲𝗿𝗱𝗼 𝘁𝗶𝗲𝗻𝗲𝘀 𝗱𝗲 𝘁𝘂 𝗽𝗿𝗶𝗺𝗲𝗿𝗮 𝗽𝗿𝗼𝗰𝗲𝘀𝗶ó𝗻?
Mi primera procesión fue a los 12 años, como corneta en la banda del Sepulcro. Repetí aquella experiencia durante seis años, hasta que con 18 años comencé los estudios de arquitectura en Valladolid y ya no podía acudir a los ensayos con la banda. Pero mi relación con la Hermandad del Santo Sepulcro no podía terminar ahí. Fue entonces cuando mi madre me cosió la túnica, la capa y el capuchón, y comenzó a salir de penitente.
Hoy vivo en Valladolid, ciudad en la que terminé la carrera, me casé y junto a mi mujer formamos nuestra familia con tres hijos. Aunque en sus DNI ponga Valladolid, son sonsecanos de sentimiento. No perdonan ni la Semana Santa ni la feria. Y, aunque la Semana Santa de Valladolid sea una de las más importantes de España, el sentimiento de "tu tierra", ese que se transmite de generación en generación, no se cambia por nada.
𝗤𝘂é 𝘀𝗶𝗴𝗻𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝘁𝗶 𝘃𝗲𝘀𝘁𝗶𝗿 𝗹𝗮 𝘁ú𝗻𝗶𝗰𝗮?
Ese sentimiento de transmitir la Fe, nuestras tradiciones y nuestra cultura hace que no importe la distancia, ni llegar un Miércoles Santo de madrugada o incluso un Jueves Santo por la mañana. No es solo estar en Sonseca: es participar, es vivir la Semana Santa, es preparar los trajes de mis tres hijos, coger los bajos de las capas y túnicas a toda prisa, planchar otros siete trajes más, correr durante la comida, tener ropa por todos lados, preguntarse si hará frío o calor, escuchar “¡yo me voy!”, “¡espérame que me tienes que llevar!”, “¡llegamos tarde!”. Y, aun así, se consigue. Vaya si se consigue. Gracias a ese sentimiento y gracias también a quienes están detrás: mi mujer y, sobre todo, mi madre.
𝗤𝘂𝗶é𝗻 𝘁𝗲 𝗶𝗻𝘁𝗿𝗼𝗱𝘂𝗷𝗼?
Mi madre, que desde aquellos años 90, en los que comienzan mis recuerdos, llenaba el salón de blanco y morado junto a mi tía Reme, cosiendo los primeros trajes de mi padre, mi tío Julián y mi primo Julito.
𝗤𝘂é 𝘀𝗶𝗴𝗻𝗶𝗳𝗶𝗰𝗮 𝗽𝗮𝗿𝗮 𝘁𝗶 𝗵𝗮𝗯𝗲𝗿 𝗻𝗮𝗰𝗶𝗱𝗼 𝗲𝗻 𝘂𝗻 𝗽𝘂𝗲𝗯𝗹𝗼 𝗰𝗼𝗺𝗼 𝗦𝗼𝗻𝘀𝗲𝗰𝗮 𝘆 𝗰ó𝗺𝗼 𝘀𝗲 𝘃𝗶𝘃𝗲 𝗲𝘀𝗲 𝘀𝗲𝗻𝘁𝗶𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 𝗱𝗲 𝗮𝗿𝗿𝗮𝗶𝗴𝗼 𝘆 𝘁𝗿𝗮𝗱𝗶𝗰𝗶ó𝗻 𝗰𝘂𝗮𝗻𝗱𝗼 𝘀𝗲 𝗿𝗲𝘀𝗶𝗱𝗲 𝗳𝘂𝗲𝗿𝗮 𝗱𝗲 é𝗹?
El sentimiento de un 8 de septiembre, un 6 o un 9 de mayo, un Viernes Santo, hace que un sonsecano se acuerde de su pueblo, aunque esté en las antípodas del mundo.
He trabajado como profesor de secundaria en distintos institutos de Valladolid y su provincia, y ese sentimiento del que hablo se percibe aún más arraigado en los pueblos, incluso en los niños y jóvenes.
Tenemos la fortuna de tener como cuna un pueblo. Algo que llevaremos en lo más profundo de nuestro ser durante toda la vida y así poder transmitir la Fe, nuestras tradiciones y nuestra cultura.