06/07/2026
🥾 LOS LUNES DE FRANCISCO.
Cuentan las crónicas de Tomás de Celano que cuando la primera comunidad franciscana empezó a crecer, San Francisco reunió a los hermanos para enviarlos a los pueblos vecinos. No les organizó una reunión de estrategia, ni les prometió que todo saldría rodado, ni les deseó una semana idílica.
Se plantó frente a ellos y les soltó estas palabras:
—"Id, carísimos, de dos en dos por las diversas partes de la tierra, anunciando a los hombres la paz y la penitencia... Sed pacientes en la tribulación, vigilantes en la oración y constantes en el trabajo. Modestos en el hablar, graves en el comportamiento y agradecidos por los beneficios que recibáis".
Los hermanos, antes de ponerse en marcha, se despedían de él uno a uno. Francisco abrazaba a cada uno con fuerza y les decía:
—"Pon tu confianza en el Señor, que Él cuidará de ti".
Y así, sin dinero en los bolsillos ni certezas de dónde iban a pasar la noche, se ponían en camino. Sabían perfectamente que el lunes no era el inicio de una carrera por acumular logros o medallas, sino el día de volver a la calle a encontrarse con la vida tal y como venía: con gente amable, pero también con portazos, indiferencia y fatiga.
Es muy fácil empezar la semana queriendo controlarlo todo, agobiados por las tareas pendientes o enfadados con la rutina. La espiritualidad seglar no es para vivir en una burbuja los domingos; es para sostener la calma el lunes por la mañana cuando los planes se tuercen y la realidad te desmonta la agenda.
Planificarlo todo en un papel es cómodo; encajar los imprevistos cotidianos sin perder la paz exige un desapego real de nuestro propio ego. ¿Estás empezando la semana obsesionado con que todo salga exactamente como tú quieres, o estás dispuesto a aceptar lo que el día te traiga?
Que la prisa de Que la prisa de la semana no te nuble la presencia del Señor.
Paz y bien.