28/08/2025
Felisa Bermejo fue la primera persona que conocí al llegar a Turín en 1993 para incorporarme a mi puesto de Lector de Intercambio de español de la Facultad de Letras. Recuerdo con claridad la imagen del viejo estudio del que había sido Instituto de Hispanismo, en el 5º piso de Palazzo Nuovo, con sus escritorios burocráticos de formica, despacho en el que Feli y Mariángeles me pusieron al corriente de los aspectos fundamentales de la que iba a ser mi ocupación durante los años sucesivos. Feli tenía todos los méritos —y creo que había tenido también la aspiración— para ser ella la que, después de algunos años de ejercicio del lectorado, como era en aquellos tiempos, ocupase la más ventajosa y conspicua posición de Lector de Intercambio. Sin embargo, a sabiendas de que nada tenía que ver conmigo el hecho de que no hubiese sido ella la elegida, me acogió con toda la amistad y la generosidad de que era capaz, que eran muy grandes. Pronto descubrimos que teníamos orígenes comunes (ella de Fitero, mi familia paterna de Tudela, a poco más de 20 km) y la misma edad, los dos nacidos en 1959. Desde aquel primer día, con la habilidad, el realismo pragmático y la discreción que le eran característicos, fue no pocas veces mi Virgilio en el burocrático Inferno turinés.
En poco tiempo la relación de colegas dejó paso a una amistad que, aun distantes en ocasiones por las distintas circunstancias de nuestras vidas y los avatares universitarios, solo ahora había de extinguir la muerte y que llegó a convertirse en verdadero y profundo afecto, al menos por mi parte; me gustaría honrarme pensando que mutuo.
Felisa ha sido un modelo para mí por su pasión profesional y vital, su dedicación al trabajo académico en todas sus facetas de la investigación y de la didáctica, su responsabilidad y su integridad ética y por su profunda humanidad, que le hacía ver el lado mejor de cada persona. Por más que supiera de su enfermedad y de su agravamiento en los últimos meses, la noticia de su fallecimiento este 24 de agosto me deja desolado y más solo, aunque estoy seguro de que es una sensación que comparto con las muchas personas que la conocían y la estimaban.
Guillermo Carrascón