10/09/2020
5TA MEDITACION
POR LOS JOVENES
Señor este día queremos darte gloria a ti, meditando el Dolor que sufrió tú Santa Madre
cuando te perdió en Jerusalén.
Eres el único Hijo engendrado por Dios, pero también eres el hijo de María. La Virgen te
ama tanto, más que a ella misma. Imagino la amarga angustia y la ansiedad que perturbo
su corazón al darse cuenta que te había extraviado mientras regresaba de Jerusalén, el mundo se convirtió en algo tan grande y solitario que creyó que no podría seguir viviendo sin ti, tan grande era su dolor, el mismo dolor que tu sentiste cuando fuiste abandonado por tus apóstoles durante la Pasión.
Se culpó a sí misma, preguntándose por qué no te había cuidado mejor. Cuando te
encentro imagino la alegría que esto le provoco, aun así ella atesoraba todas estas p***s en su corazón.
Querida Madre, enséñanos a aceptar todos nuestros sufrimientos por nuestros pecados y
para expiar los pecados del mundo entero. Hoy en este día quiero encomendar en tus
manos a todos los jóvenes. No permitas que se dejen llevar por ideologías mezquinas. Que
descubran que lo más importante no es ser más, tener más, poder más, sino servir más a
los demás. Enséñales la verdad que libera, que rompe las cadenas de la injusticia, que
hace hombres y forja santos.
Muéstrales a tu Hijo, para que también ellos lo conozcan y lo amen. Hazlos constructores
de la nueva civilización del amor y testigos de esperanza para todo el mundo. Pon en cada
uno de ellos, un corazón universal que hable el mismo idioma, que no vea el color de la
piel, sino el amor que hay dentro de cada uno, un corazón que a cada hombre le llame
hermano.
Ayúdalos, a descubrir y creer que este mundo, marcado por la injusticia, los conflictos y el
vacío, puede renacer solamente pasando a través de Tu Hijo Jesucristo, y que ellos pueden y deben ser los forjadores de esta resurrección. Que sepan comprender que: "es mejor
vivir heroicamente que vivir cómodamente". Dales un corazón generoso y disponible, para
que sepan embarcarse en la búsqueda sincera de la propia vocación y puedan responder a
su llamado particular de una manera entregada.Que los jóvenes, fuerza vital de la Iglesia Misionera, asuman con valentía la misión de llevar a Jesucristo a todos los hombres, especialmente a los otros jóvenes. Amén