15/04/2021
¿ORGULLO O INDIGNACIÓN?
ORGULLO:
El mes pasado se publicó en la revista Science la descripción de un nuevo tiburón fósil hallado en la Formación Agua Nueva en el estado de Nuevo León. El ejemplar fue descubierto en el año 2012 y mide 1.65 metros de largo por 1.90 metros de envergadura, se trata de Aquilolamna milarcae, una especie que habitó hace 93 millones de años las aguas someras que en algún momento cubrían gran parte del Norte de México durante la era Mesozoica. Aquilolamna se ha asignado a un grupo de peces que los científicos han denominado como “tiburones águila”, esto debido a la presencia de grandes aletas pectorales que asemejan a las alas de una gran ave. Este rasgo nos hace pensar en un aspecto quimérico que combina rasgos de tiburones y de rayas actuales.Da orgullo porque pocas veces material mexicano ha ocupado la portada de tan “distinguida revista” y efectivamente el continuo estudio del registro fósil ayuda conocer sobre la biodiversidad del pasado, no sólo de México sino del mundo entero.
INDIGNACIÓN:
Existen varias anomalías en el artículo que nos ponen a pensar sobre la ética de la investigación, el papel de las revistas, así como la protección del registro fósil en México y en general en Latinoamérica.
1. Los autores en el material suplementario del artículo indican que el ejemplar fósil fue comprado por Mauricio Fernández (colector privado). En territorio mexicano, la venta de fósiles nacionales es ilegal de acuerdo con la Ley Federal Sobre Monumentos y Zonas Arqueológicas, Artísticas e Históricas. En una corrección exprés recientemente publicada el 8 de abril, los autores ridículamente quitan la palabra “comprada” por “cedida” en una corrección que se hizo en menos de un mes, cuando sabemos que estos procesos en las revistas pueden tomar largos meses.
2. El hallazgo no fue reportado al INAH, el ejemplar fue colectado por Margarito Gonzáles y el lo “cedió” a Mauricio Fernández que a su vez lo entregó para su estudio a investigadores alemanes y franceses, quienes han sido los únicos científicos que han podido estudiar el ejemplar.
3. Por ética profesional los investigadores extranjeros deben colaborar con académicos locales para llevar a cabo investigaciones conjuntas y poder trabajar como iguales. La exclusión de los investigadores locales es visto como colonialismo científico, es decir el seguir pensando que los conquistadores siguen viendo a América Latina como parte de su territorio y por ello les pertenecen los fósiles o la información que se deriva de estos. En este artículo, el único autor mexicano citado como “investigador independiente” nos comentó en una entrevista que él no es paleontólogo, es curador y su trabajo sólo fue el de curar el ejemplar fósil y no se dedica a la investigación.
4. Este ejemplar con el que se describe una nueva especie es un holotipo que debería de estar alojado en una colección científica y pública para que el resto de la comunidad científica rechace o apruebe la hipótesis de ser una especie nueva (método científico). Sin embargo, en un principio se reportaba que el ejemplar será albergado y exhibido en un nuevo museo público llamado Museo La Milarca en San Pedro Garza que abrirá hasta el 2021. Días más tarde de la publicación del artículo, el diputado del PAN Mauricio Fernández salió en redes sociales a presumir la portada de la revista y el fósil en su casa. Finalmente, en la última corrección del artículo se menciona que será depositado en el Museo del Desierto y será accesible desde el 1ero de Mayo. Tal parece que este ejemplar tan especial y único en el mundo puede andar de una colección.
5. Entre el grupo de investigadores que estudian al tiburón se encuentra Eberhard Frey, uno de los investigadores inmiscuidos en el polémico caso de Ubiraja jubatus, un dinosaurio extraído de manera ilegal de Brasil, cuyo caso aún sigue en proceso y que disparo un gran movimiento por parte de científicos brasileños exigiendo que este fósil regresara a Brasil.
Sin duda un caso para reflexionar sobre la ética de los grupos de trabajo que están explorando nuestro territorio, su serio desconocimiento de las leyes y reglamentos de los países en donde están trabajando (México y Brasil). Su renuencia para ver a los científicos locales como colaboradores y como iguales. Así como también nos pone a pensar sobre el alcance de las leyes, reglamentos y lineamientos dedicados a la protección del patrimonio paleontológico en México. Deja al descubierto el papel del equipo de trabajo de la revista Science y los revisores del artículo (que por cierto también son científicos) para dar poca importancia a la proveniencia de los fósiles, la averiguación sobre permisos de colecta y sobre el destino final que tendrá el fósil. Desde el periodo de revisión del artículo debió exigirse el resguardo del ejemplar en una colección científica y pública que asegurara su acceso a la comunidad científica y hacer ciencia ....... pero todo hace pensar que