05/09/2026
El capital que espera sentado en el muelle
Toda planta conoce el ritmo del capital extranjero: llega cuando hay certeza y se queda cuando hay reglas, pero las cifras del primer semestre cuentan otra historia. La fabricación de automóviles, camiones y autopartes captó 4,285 millones de dólares de inversión extranjera directa, la menor cifra para un periodo similar desde 2022, con una caída de 11.2% frente al mismo semestre de 2025, según datos de la Secretaría de Economía. "El ajuste en la industria automotriz es resultado, en parte, de la aplicación de los aranceles de la sección 232, que le ha pegado de una forma impresionante al sector", explican analistas. Es el segundo semestre consecutivo a la baja, con la industria en pausa esperando decisiones sobre el T-MEC y los resultados electorales estadounidenses.
El dato cobra otra dimensión al cruzarlo con el resto del perfil exportador: 8.7% del capital extranjero del semestre se redirigió a equipos de cómputo y electrónicos, en la misma proporción que perdió el sector automotriz, según analistas del ámbito económico. Como consecuencia, viene el reajuste: el perfil exportador se está reacomodando del motor histórico al hardware de la inteligencia artificial. Al mismo tiempo, los inversionistas extranjeros buscan asegurar plazos de consistencia de 20 a 30 años antes de traer nuevos proyectos, y esa escala choca frontalmente con una incertidumbre que se renueva cada ciclo político y arancelario. Ahí está el verdadero cuello de botella: no es la falta de capital, es la falta de horizonte.
La propuesta que atraviesa esta serie repite su tesis: la certeza jurídica y regulatoria es la infraestructura invisible de la inversión, tan determinante como la carretera o el puente. Si el país resuelve la incertidumbre del tratado y encamina la transición tecnológica, el capital que hoy espera en la frontera construirá proveeduría y nóminas por décadas; si las decisiones siguen aplazándose, cada semestre de espera será un semestre de proyectos que se radicaron en otro lado. Queda la frase para llevarse: el capital no se asusta del cambio tecnológico, se asusta de la incertidumbre que lo rodea.