06/05/2026
La Instalación Multidisciplinar nace de una necesidad profunda de convertir el testimonio en carne y el silencio en movimiento. A partir de la narrativa del poema de las Mujeres de Chalco, esta propuesta se sumerge en una investigación de la corporalidad femenina, entendiendo el cuerpo no solo como instrumento, sino como un territorio donde habitan las memorias ancestrales. Aquí, el movimiento no es ornamento; es una herramienta de empoderamiento que permite a la mujer reapropiarse de su historia, transformando el dolor heredado en una danza de resistencia y libertad.
El proceso creativo se centró en el entretejer de las voces, un acto simbólico donde las experiencias individuales se funden en una conciencia colectiva. Al danzar entre hermanas, se invoca el legado de quienes nos precedieron, logrando que la dramaturgia corporal sea un puente entre el pasado y un presente que exige justicia, visibilidad y, sobre todo, una cultura de paz. Es una invitación a ver la danza como un motor de transformación, un espacio donde el movimiento humano es capaz de reconstruir el tejido social a través del amor y la creación compartida.
Este trabajo fue posible gracias a la unión de voluntades y talentos que dieron vida al espectáculo: la búsqueda de una dramaturgia corporal en la escena y la fuerza de las creadoras escénicas de las maestras Marysol Flores, Adriana Villegas y Martha Karina Rosiles Vélez, la adaptación y narrativa del Dr. William Villatoro, se entrelaza con la dirección musical del maestro Jorge Luis Sandoval Lara y el talento de los estudiantes y egresados de Enseñanza de las Artes: Verónica Alejo López, Christopher Gómez Ledezma, Noemi Montejo Kimenez, María Fernanda Vásquez Ortiz, Idelny Narváez García y José Marcelo Chimeo.
El respaldo técnico y creativo fue fundamental, contando con la edición musical de Carlos Iván Valencia, la iluminación de Leonardo Juan Román, la escenografía de William Villatoro y Martha Karina Rosiles y la producción de Emilio Espronceda, Miguel Altamirano, Valeska Escolástico y Hugo Noble, así como el registro visual en la fotografía de Adán Paredes y William Villatoro.
Que nuestra danza sea el idioma universal que disuelva las fronteras del miedo, para que, al compartir nuestras voces y cuerpos, sembremos en cada espectador una semilla de paz y un acto de amor que transforme el mundo a través del arte.