27/04/2026
Lunes 27 de abril de 2026. Se convoca a los miembros de este taller al cumplimiento de sus compromisos para con la orden.
En la quietud del templo encendido en luces,
donde el silencio habla y el alma se conduce,
se alza el hermano firme, con pulso contenido,
a dar forma en palabra a lo que ha construido.
No es solo voz la suya, ni un discurso al viento,
es piedra que se talla con juicio y con talento;
es verbo que revela, en trazos de conciencia,
el lento y noble arte de pulir la esencia.
La tribuna le aguarda, solemne y vigilante,
como espejo del hombre que avanza constante;
y al tomar la palabra, con respeto profundo,
se descubre aprendiz del misterio del mundo.
Cada trazo expuesto, cada idea elevada,
es semilla interior que en luz fue transformada;
y al compartir su obra con la logia atenta,
su espíritu crece, se ordena y se cimenta.
Ahí aprende que el juicio no es filo que hiere,
sino mano que guía, corrige y sugiere;
que el error es maestro, que el acierto es camino,
y que el hombre se forja en su propio destino.
La elocuencia no es brillo de vana apariencia,
es verdad que se expresa con limpia conciencia;
es voz que se afina en la fraternidad,
y encuentra en los otros su propia verdad.
Así, piedra tras piedra, palabra tras palabra,
se eleva el templo interno que el masón labra;
y en cada presentación, humilde y sincera,
da un paso hacia el hombre que anhela y espera.
Porque no hay mayor obra, ni logro más cierto,
que el alma que despierta de su propio desierto;
y en la tribuna, hermano, cuando al fin te levantas,
no solo hablas… te encuentras, te construyes… y avanzas.