23/04/2026
Estaré presentando una investigación que realicé hace 12 años con motivo de mi graduación en la licenciatura en Sociología en la UNISON.
La drogadicción en Hermosillo. En la colonia Nueva Esperanza (Surponiente de la ciudad) Años 2014 al 2016.
Un acercamiento al mundo de las adicciones desde la perspectiva de los protagonistas.
El problema a tratar: Las creencias de las personas acerca del por qué alguien recurre a sustancias prohibidas (dr**as) como parte importante de su vida. Y si es el grupo o el individuo quien determina el llegar a ser una persona farmacodependiente.
Introducción
Ser parte de un todo y ese todo determine tu actuar según el contexto donde te tocó existir es algo que critica la Teoría de la decisión racional, esta afirma que todas las decisiones se toman en un contexto donde el individuo racionalmente tiene la capacidad de escoger lo que mejor le convenga o lo que él prefiera y que la sociedad se compone de la suma de las individualidades.
En el otro lado existe la noción de que el individuo actúa de acuerdo a lo que la sociedad en su desarrollo va imponiendo como normas o reglas para la mejor convivencia (funcionalismo) y que todo lo que se salga de ese modo de coexistencia es una conducta desviada. Se analiza que no todo es una decisión individual, pone por ejemplo el jugar una partida de ajedrez, se jugará de acuerdo a reglas preestablecidas y no de acuerdo a una decisión personal; el pagar impuestos no depende de si queremos hacerlo o no, y así expone varios ejemplos dando la contra a la teoría de la decisión racional. En cuanto al consumo de estupefacientes que alteran el organismo humano tanto en lo psicológico como en lo físico se debate si es el grupo el que impone la presión sobre el individuo, si son la imitación o la falta de algún refuerzo psicológico lo que lleva a las adicciones o simplemente si es una decisión que se tomó calculadamente para iniciarse en esta práctica que cada vez se torna en más común y que al final de cuentas se convierte en una problemática social donde hacen falta políticas públicas que se encarguen de afrontarla y que proponga soluciones para resolverla.
A lo largo de este estudio se trata de encontrar un justo medio entre las dos posiciones antagónicas y en última instancia saber cuál es la percepción general de las personas entrevistadas respecto a los puntos de vista a los que son expuestos.
Prólogo
Desde el comienzo de la humanidad, las dr**as han sido parte de su cotidianeidad, la han acompañado en sus momentos de alegría y tristeza, cuando el hombre ( y la mujer por supuesto) han tenido angustia o ansiedad, brindan momentos de relajación y de euforia, ayudan a escapar de una realidad que a veces duele, que se torna en momentos insoportable.
Al principio las plantas alucinógenas y las hipnóticas fueron descubiertas en un ensayo constante, acierto error y volver a comenzar. Lo mismo pasó con las plantas alimenticias, muchos fueron los que murieron en el intento de domesticar las plantas, de sacarle su máximo provecho.
Cuando el hombre descubrió los efectos tan especiales de los alcaloides, sustancias esenciales en los efectos de las llamadas dr**as, dio un salto de alegría porque se había topado con algo que le podría producir tranquilidad tan solo al consumirla, o por el contrario euforia cuando se sintiera cansado o deprimido, visiones agradables de un mundo irreal lleno de colores o sonidos que lo llevaba a experimentar momentos que se tornaban del todo interesantes y llenos de contenidos aunque luego se desvanecieron como el agua entre las manos.
Las adicciones se han convertido en un problema del mundo moderno, los seres humanos han encontrado en ellas una manera rápida de escapar de los momentos más difíciles con los que se encuentran en su andar por este mundo. Aunque posteriormente las consecuencias sean demasiado caras para las personas que de repente y sin darse apenas cuenta se hallan inmersas en un mundo hostil y difícil en el cual nunca se imaginaron estar, y el tal sueño hermoso se convierte realmente en una pesadilla.
Hay quienes piensan en la legalización de las dr**as, aduciendo que somos libres para tomar nuestras propias decisiones y que éstas no reducen nuestro desempeño profesional, laboral o relacional (Puga, 2012). Que el estado no debería atribuirse el derecho a prohibir el consumo de sustancias que la persona, en este caso adulta, quiera consumir bajo su responsabilidad, asumiendo sus consecuencias.
Por otro lado, se encuentran las personas que están en contra de la legalización de las mismas dr**as, incluso si estas se usan con fines medicinales, argumentan que las consecuencias son mayores a las supuestas soluciones.
Otra pregunta que surge en la investigación sobre el uso de las dr**as es ¿quién influye más en la toma de la decisión de consumir sustancias que de una u otra manera alteran el funcionamiento normal de un organismo? ¿El grupo como presión social, como fuente de afecto, de aceptación, de pertenencia o es una decisión meramente personal, tomada con todo el conocimiento de causa y asumiendo todas las consecuencias que este acto lleva implícito?
Sin negar la influencia grupal que es muy importante, las personas en un porcentaje mayor dicen que al final la decisión del consumo o no de sustancias que alteren su conducta, recae en el individuo.
El abordaje de esta problemática social se puede hacer desde lo moral, donde se está en contra de todo lo que altere la conducta de una manera superficial o no natural, de que la persona dependa de una sustancia para poder funcionar, si no su situación se torna desagradable y confusa, es como su motor que lo mueve para realizar sus actividades y eso moralmente es negativo ya que nacemos con capacidades para funcionar de manera “normal” sin necesitar algo adicional a lo que ya poseemos, lo cual nos haría seres dependientes.
Se puede hacer desde el mundo de la medicina, desde ahí podemos ser informados de las alteraciones anatómicas y fisiológicas que producen el uso constante de sustancias psicoactivas, y de los cambios psicológicos que operan en las personas consumidoras que los lleva a actuar de una manera antisocial y muchas veces con un alto grado de violencia, lo que propicia un clima de inseguridad en quienes lo rodean.
El abordaje sociológico, la libertad individual versus el control del Estado tornándose este paternalista y protector, no dejando a sus adultos tomar sus propias decisiones. La lucha por un poder por un lado de decidir “lo que quiero hacer sin que nadie me obligue a hacer algo diferente” y por el otro el Estado regulando las conductas de sus miembros para “una buena convivencia” argumentando que se cuida que la mayoría esté bien, restringiendo las preferencias individuales.
En cuanto a por qué consume dr**as la persona, dentro de las variadas respuestas surge algo que fue dicho o se manifiesta implícitamente, se consume porque el individuo se siente solo, ya sea porque lo dejó su pareja, lo corrieron de su familia, lo rechazaron los amigos, siente que no encaja en algún sitio, no encuentra su alma gemela, no entienden sus ideas, quiere entrar a un grupo y ser aceptado y ahí consumen.
Al final vemos que el incremento del uso de estupefacientes, se ha convertido en un problema social, los gastos en salud pública para rehabilitar personas con adicciones le cuestan demasiado a la sociedad, el problema de inseguridad se ha agudizado: los asaltos que llevan a cabo personas adictas con el único fin de adquirir liquidez para la obtención de sus satisfactores de sus adicciones se han incrementado exponencialmente, los robos a las casa habitación , con el mismo fin, la violencia intrafamiliar; el descuido infantil por los padres adictos, los nacimientos de niños con muchos problemas físicos debido al descuido de esos mismos padres.
Al final quienes se manifiestan a favor de la legalización de las dr**as pasan por alto lo que diariamente vemos en la prensa y en los medios electrónicos, mencionado anteriormente, destacado en primeras planas y como noticias que “venden” el incremento de la delincuencia y la inseguridad social.
Los métodos usados en el combate a las adicciones incluyen la fuerza punitiva del Estado con su derecho exclusivo del uso de la violencia, castigando tanto a consumidores como a traficantes o vendedores de dr**as. También el mismo Estado ofrece centros de rehabilitación a personas que de manera voluntaria asisten a pláticas y terapias, también pone a disposición de las personas adictas sus centros hospitalarios psiquiátricos a donde los familiares llevan a los suyos a recibir tratamientos con un dejo de “último recurso” esperando que ocurra “el milagro” de la rehabilitación.
Paralelamente a lo que el gobierno ofrece existen los centros de rehabilitación que ofrecen las asociaciones civiles, los cuales usan una metodología poco ortodoxa ya que ingresan a los adictos inclusive utilizando la fuerza (sometimiento de la persona) y los internan por un período de tiempo que está determinado por la manera como el “enfermo” responde al tratamiento. En un mundo liberal como afirma Freeman, citado por puga (2012) se habla que el individuo tiene derecho inclusive hasta la autodestrucción, pero el Estado puede intervenir para evitar “acciones que destruyan nuestra autodeterminación” (Freeman, 2000, pág. 198)
Tal vez los que abogan por la legalización, no han convivido o no tienen un familiar cercano que esté pasando por problemas de salud debido al uso de estupefacientes y no han visto cómo esta persona se va deteriorando en su físico paulatinamente hasta que encuentra la muerte.
Al final como opinión personal, yo creo que al adicto no se le debe criminalizar, sino verlo como un enfermo al cual se le debe proporcionar ayuda médica y psicológica para rehabilitar e integrar a la vida social como persona productiva.