07/05/2026
Cada 6 de mayo, la Iglesia Católica celebra a Santo Domingo Savio (1842-1857), uno de los santos más jóvenes en alcanzar los altares sin haber sido mártir. Discípulo de San Juan Bosco en el Oratorio de San Francisco de Sales, destacó desde niño por su profunda vida espiritual, resumida en su lema: “¡Quiero ser santo!”. Su camino a la santidad se caracterizó por la alegría, la amistad con Dios y el esfuerzo constante por vivir en gracia.
Nacido en Italia, ingresó al oratorio en 1854, donde fundó la “Compañía de la Inmaculada”, un grupo juvenil dedicado a la oración, los sacramentos y el servicio a los demás, especialmente a los más necesitados. Aunque era un joven como cualquier otro —jugaba, estudiaba y compartía con amigos—, su interior reflejaba un amor extraordinario por Jesús, evitando todo lo que pudiera alejarlo de Él.
Es patrono de los niños que integran coros y de quienes sirven en la música litúrgica, así como de las mujeres embarazadas, debido a un hecho atribuido a su intercesión con la Virgen María. Su vida fue recogida por Don Bosco en una biografía que resalta tanto su espiritualidad como su humanidad.
Domingo falleció a los 14 años, dejando un testimonio luminoso de santidad juvenil. Sus últimas palabras, “¡Qué cosa tan hermosa veo!”, reflejan la esperanza cristiana en la vida eterna y el encuentro con Dios.