21/04/2025
Gracias, Santo Padre, por enseñarnos a creer con alegría, amar con valentía y servir con humildad.
Nos queda tu testimonio. Nos queda tu sueño de una Iglesia joven, abierta y en salida.
Y ese sueño, Francisco, lo llevaremos adelante. Con vos, siempre.
Con el corazón estremecido y la mirada al cielo, recibimos la noticia del fallecimiento de nuestro amado Papa Francisco. En medio del dolor, proclamamos nuestra fe firme en la vida eterna.
Francisco fue más que un Papa: fue un testigo del Evangelio en la humildad, profeta de la misericordia y amigo cercano de los jóvenes. Su vida reflejó a Cristo que camina con su pueblo, que abraza, que reza y sonríe.
“La juventud no es solo un tiempo de la vida; es un estado del corazón”, solía decir. Y él vivió con un corazón siempre joven, capaz de soñar, arriesgarse y amar sin medida.
Confiamos en que la Virgen María, a quien amó con ternura, lo haya recibido ya en la gloria del cielo. Y como él nos pidió tantas veces: “Recen por mí”. Hoy lo hacemos con lágrimas, pero también con gratitud.
Gracias, Santo Padre, por enseñarnos a creer con alegría, amar con valentía y servir con humildad.
Nos queda tu testimonio. Nos queda tu sueño de una Iglesia joven, abierta y en salida.
Y ese sueño, Francisco, lo llevaremos adelante. Con vos, siempre.