01/02/2017
Algunas cosas nunca cambian, y hace dos años emprendí un camino lleno de incertidumbre, con las bolsas vacías pero pletórico de esperanza, con una multitud a la expectativa, lo único que podía presumir era convicción y voluntad, en el trayecto probé las mieles de la efímera popularidad, me involucre en el mundo de la falacia patética y el vicio moral, donde podía estar rodeado de mil personas y sentirme solo, el poder es una prueba de carácter, donde la integridad y la virtud te definen como líder o tirano, quien con monstruos lucha cuide de no convertirse a su vez en monstruo, pues cuando miras largo tiempo a un abismo, el abismo también mira dentro de ti, la certidumbre fue un lujo que pocas veces disfrute, pero también entendí que la única manera en que la gente no te criticara, era no haciendo nada, y fue de esa manera como cada idea, cada sueño y cada emoción se cristalizaron en actividades, retorica o discursos, en ocasiones fue necesario liberar el espíritu encadenado por los prejuicios, el temor y la desconfianza, para reinventarme en formas que desconocía.
Podemos pasar años sin vivir en absoluto, y de pronto toda nuestra vida se concentra en un solo instante, pero como dije al principio, algunas cosas nunca cambian, y el día de hoy me despido con las mismas bolsas vacías, pero en esencia soy alguien diferente, embarnizado de momentos y experiencias, de personas y emociones.
Gracias a todos ustedes, que me enseñaron el verdadero significado del liderazgo, el sacrificio del bienestar individual por el colectivo, que en cada adversidad también hay una oportunidad, y que en el camino del servicio las personas vienen y se van, pero las acciones permanecen, trascienden como fragor y mito.
Hasta siempre mi querido Consejo Estudiantil.