03/06/2026
Sergio Gomez
En los Pasos Perdidos, donde el eco del Templo se funde con el latido de la vida profana, nos reunimos esta jornada. No bajo el peso de dogmas ni las cadenas de paradigmas, sino en la sencilla y augusta ceremonia de compartir el pan y la sal.
El pan, fruto de la tierra y del trabajo silencioso del labrador —símbolo estoico de lo necesario, de aquello que nutre el cuerpo sin vanagloria—.
La sal, principio de conservación y de alianza, que purifica y sazona la palabra; recordatorio de que toda fraternidad verdadera debe ser incorruptible ante el tiempo y las adversidades.
Hoy, las Respetables Logias Simbólicas Fiat Lux N.º 37 y Liberales 3 N.º 418 no se encuentran para afirmar diferencias alguna, sino para el encuentro de la única y verdadera luz que nos convoca: la Fraternidad Universal. Aquella que, como enseñaban los estoicos, reconoce en cada ser humano una chispa del Logos común; aquella que sabe que el bien de la Orden, de la Humanidad y de nuestro pueblo en particular brota del mismo manantial: el respeto activo, la ayuda mutua y el cariño fraterno que trasciende cualquier etiqueta.
Y al sentir ese júbilo, esa alegría serena y profunda que nace de mirarnos a los ojos sin muro ni recelo, recordamos las palabras antiguas del Salmo 133:
«¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es
habitar los hermanos juntos en armonía!
Es como el buen óleo sobre la cabeza,
que desciende sobre la barba, la barba de Aarón,
y que baja hasta el borde de sus vestiduras;
como el rocío de Hermón,
que desciende sobre los montes de Sion;
porque allí envía Jehová bendición,
y vida eterna.»
Esa unción que no distingue ritos ni obediencias, ese rocío que fecunda sin preguntar, ése es el Fiat Lux que buscamos: que la luz nazca del encuentro, no de la imposición; que la sal conserve la amistad más allá de toda polémica; y que el pan partido sea siempre más abundante que el pan acumulado.
Que esta conmemoración quede grabada en las piedras vivas de nuestras conciencias: la fraternidad no es un ideal abstracto, sino una práctica cotidiana. Y hoy, en estos Pasos Perdidos —que en realidad son los más encontrados—, la hemos hecho carne, sal y lumbre.
Por el bien de la Orden, por la Humanidad entera, y muy especialmente por nuestro pueblo, cuyas esperanzas también merecen el calor de este abrazo sin condiciones.
Así sea.
Lux in tenebris lucet.
Fraternalmente, desde el corazón de dos Logias que hoy son una sola.