Voces de Vallejo, voces universitarias

Voces de Vallejo, voces universitarias Comunicación e información de calidad para la comunidad universitaria

19/06/2026

La máxima casa de estudios suspendió la aplicación de pruebas dirigidas a aspirantes con inconsistencias detectadas en su proceso de admisión y advirtió que presentará denuncias contra quienes obstaculizaron la jornada y contra empresas que ofrecen servicios fraudulentos.

https://www.dgcs.unam.mx/boletin/bdboletin/2026_365.html?fbclid=IwdGRjcASiK0BleHRuA2FlbQIxMQBzcnRjBmFwcF9pZAo2NjI4NTY4Mz...
19/06/2026

https://www.dgcs.unam.mx/boletin/bdboletin/2026_365.html?fbclid=IwdGRjcASiK0BleHRuA2FlbQIxMQBzcnRjBmFwcF9pZAo2NjI4NTY4Mzc5AAEeREX1vqzgaLtcbeqA91jotU1WAFzdCVFnuP5GB6suOULy6CKSj7UWv0g_KV0_aem_9_9asTMbhBfFXc_N90U3Ig

COMUNICADO El día hoy, personas ajenas a la Universidad y grupos de presión, así como aspirantes y padres de familia, impidieron de manera violenta la realización del proceso de admisión a la licenciatura de la UNAM, correspondiente a los casos en los cuales se detectaron inconsistencias e irre...

“Así aprenderás”: ¿Quién está educando a nuestros jóvenes?Pedro David Ordaz Hace unos días apareció en mis redes sociale...
19/06/2026

“Así aprenderás”: ¿Quién está educando a nuestros jóvenes?
Pedro David Ordaz

Hace unos días apareció en mis redes sociales un anuncio de Netflix que decía: “Un profesor llega a darle su merecido a los bullies”. En un momento de ocio decidí verla.

La serie coreana se llama “Así aprenderás” (Jong-chan, Nam-kyu y Da-hee, 2026). El argumento que plantea es fuerte: la violencia que algunos estudiantes ejercen contra compañeros, profesores y autoridades ha crecido tanto que la única forma de recuperar el orden es la propia violencia, o reinterpretando mal a Engels: “ante la violencia reaccionaria, la violencia institucional”(Engels, 1978).

“Así aprenderás” es una serie de 10 capítulos de aproximadamente una hora. Y me hizo recordar la trama de Adolescencia (Thorne y Graham, 2025) en donde conocimos el término incels que luego sacudió a nuestro Colegio de Ciencias y Humanidades.

“Así aprenderás” es un texto violento, pero es soportables porque se mezclan con algo de farsa que produce una risa incómoda, además de que zigzaguea entre la justicia y la venganza.

Y es aquí donde quiero plantear la discusión.

En el CCH culminaron las clases y los docentes nos encontramos tomando cursos, entre ellos los institucionales sobre los ejes transversales incluidos en la modificación de los planes y programas de estudio. Algunos compañeros que han impartido estos cursos han insistido en que dichas modificaciones tienen su origen en los ejes planteados por el rector Leonardo Lomelí y que lo que se busca es refrendar la filosofía del CCH: aprender a aprender, aprender a ser, aprender a hacer y aprender a convivir.

En la narrativa institucional todo está bien, pero basta mirar lo que ocurre dentro y fuera de nuestras escuelas para preguntarnos si realmente estamos aprendiendo a convivir o sólo estamos aprendiendo a administrar la violencia.

Para ejemplificar sólo haré un rápido recuento de lo que ocurrió en el CCH el año pasado. En febrero del 2025, dos alumnos del CCH Naucalpan dispararon dentro del plantel. En marzo un profesor de Naucalpan fue acuchillado por un alumno. En septiembre, previo a la marcha por Ayotzinapa y a la conmemoración del 2 de octubre, varios planteles enfrentaron suspensiones por amenazas de bomba. Posteriormente, el CCH Sur vivió su tragedia: un estudiante asesinó a uno de sus compañeros dentro del plantel e hirió a un trabajador que intentó intervenir. A todo lo anterior habría que sumar las distintas riñas que cotidianamente se registran dentro y fuera de los planteles y que terminan circulando en redes sociales como entretenimiento.

Desgraciadamente no son hechos aislados. También es necesario decir que la UNAM no es la única institución que enfrenta esta violencia.

Desde mi perspectiva, los adultos hemos ido renunciando, poco a poco, a una parte de nuestra responsabilidad de formar. Las familias, por falta de tiempo o por miedo a poner límites. Algunas autoridades, administrando crisis y proponiendo soluciones de corte fulcoltiano: castigar y vigilar imponen torniquetes y biométricos, que a todas luces no resuelven el problema de fondo. Algunos profesores, rebasados por la burocracia, la lucha por la puntitis para alcanzar un grupo, además de sus precarias condiciones laborales descuidan los grupos y con cada vez mayor frecuencia se han convertido en víctimas de la violencia; y otros, hay que decirlo también, son victimarios que abusan de su poder y autoridad.

Y entonces surge una pregunta incómoda: si la familia delega, la escuela administra, las autoridades controlan, algunos profesores sobreviven y otros abusan de su poder, ¿quién y cómo se está educando a nuestros jóvenes?

Umberto Eco, en su texto ¿De qué sirve el profesor?, advertía que la escuela no podía limitarse a transmitir información, porque para eso ya estaban los medios. El papel del maestro consistía en ayudar a seleccionar, interpretar, discutir y dar sentido a esa información. Esa idea hoy resulta todavía más urgente.

El común denominador en “Adolescencia” y en “Así aprenderás” es que los jóvenes son educados por las redes sociales, porque estas no sólo informan. Enseñan qué merece reconocimiento, cómo se responde a una humillación, quién gana prestigio y quién se convierte en objeto de burla. Enseñan incluso que, frente a una pelea, sacar el celular puede parecer más importante que intervenir.

No escribo esto para repartir culpas. Lo hago porque me preocupa que estemos discutiendo únicamente cómo reaccionar ante la violencia y no el por qué estamos llegando a ella.

Quizá el éxito de “Así aprenderás” no radique en la violencia que muestra, sino en la sensación de que retrata un problema que ya reconocemos. Si hoy esa historia nos parece verosímil, no es porque la ficción haya exagerado demasiado, sino porque la realidad ha comenzado a parecerse peligrosamente a ella.

Y eso debería preocuparnos y ocuparnos. Tenemos, al menos, tres caminos. Podemos responder a la violencia desde una lógica autoritaria: más vigilancia, más control y más dispositivos de seguridad. Podemos asumir una postura academicista que reduzca el problema a la salud mental de los estudiantes y confíe en que más cursos y protocolos bastarán para resolverlo. O podemos construir verdaderos espacios democráticos donde el conflicto se escuche, se discuta y se convierta en una oportunidad para reconstruir la convivencia. Ahí propongo situar el debate.

Referencias

Eco, U. (2007, 21 de mayo). ¿De qué sirve el profesor? La Nación. https://www.lanacion.com.ar/opinion/de-que-sirve-el-profesor-nid910427/

Engels, F. (1978). Del socialismo utópico al socialismo científico. Editorial Progreso.

Graham, S y Thorne, J. (2025). “Adolescencia”. Inglaterra: [Miniserie de televisión]. Netflix.

Hong, J.-c., Lee, N.-k., y Kim, D.-h. (Creadores). (2026). Así aprenderás. (Teach You a Lesson) Corea del Sur [Miniserie de televisión]. Netflix.

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18/06/2026

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José Luis “N”, alias “El Kakama”, fue señalado como probable responsable del homicidio de un alumno de la FES Cuautitlán, cometido durante un asalto en Cuautitlán Izcalli; ya enfrenta además procesos por feminicidio y tentativa de homicidio.

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Por lo menos 8 de los detenidos fueron integrantes de un grupo de encapuchados quienes lanzaron petardos, piedras y otros objetos a los policías que los contuvieron para evitar que llegarán al Estadio.

El salón Corona, crónica de un penal falladoPedro David OrdazAntes de que las pantallas colonizaran el bolsillo de cada ...
11/06/2026

El salón Corona, crónica de un penal fallado

Pedro David Ordaz

Antes de que las pantallas colonizaran el bolsillo de cada individuo, la gente departía en colectivo. Disfrutaba de las reuniones y de la algarabía de convivir con desconocidos.

Era otro México. Era junio de 1986 y el calendario marcaba el día 7. La Ciudad de México se había convertido en la capital futbolística del mundo. El país todavía sufría los estragos del terremoto de 1985. Gran parte de la ciudad seguía en ruinas. Cientos de damnificados marchaban contra las políticas neoliberales del PRI-Gobierno y los opositores jamás intentaron boicotear el Mundial; lo que hicieron fue abrir nuevos espacios políticos de participación. También hubo una fuerte rechifla contra el presidente Miguel de la Madrid el día de la inauguración.

En ese contexto mundialista del 86, no existían las pantallas gigantes, por eso decenas de personas se congregaron en el Salón Corona, en el Centro Histórico. Entre mesas de madera gastadas, ceniceros rebosantes y vasos de cerveza, la gente buscaba la unidad a través de la selección mexicana.

La fotografía fue tomada por Fabrizio León Diez, fotoperiodista de La Jornada. La escena corresponde al partido México contra Paraguay, jugado el 7 de junio de 1986. El marcador estaba empatado 1-1. Hugo Sánchez era el encargado de cobrar un penal que podía darle la victoria a México. Disparó, pero el pentapichichi erró el tiro.

La fotografía que les comparto captura esa fracción de segundo. No se ve la cancha. No se ve el balón. No se ve a los jugadores. Se ve a México.

Cada persona que está en esa foto vive la misma derrota, pero la expresa de manera distinta.

Ahí está el país entero: el que grita, el que se persigna, el que reclama, el que se queda mudo, el que todavía cree que el balón puede entrar aunque ya esté en las manos del portero.

La primera vez que entré al Salón Corona, a finales de la década de los 90, allá en la calle de Bolívar, vi esa foto. También conocí la historia de uno de los meseros que ahí aparecía y que era muy famoso entre los clientes: don Juanito, creo que se llamaba. Después, según me contaron, terminó trabajando o siendo socio del 4:20.

Hoy esa escena parece lejana. Los teléfonos celulares nos han individualizado. Los opositores al gobierno marcharon, con o sin razón, buscando convertir el evento en un campo de disputa política y simbólica. A diferencia de 1986, los grandes medios hoy abren espacio a quienes denuncian represión, hoy los reporteros y los medios cuestionan, amplifican la inconformidad.

Hoy es otro México. Cada persona está con su tema: comentando en redes, haciendo memes, criticando o apoyando al gobierno o al evento, acusando represiones imaginarias o reales, impulsando narrativas de dictaduras fantasmas.

La imagen del Salón Corona congela en el tiempo la alegría y la derrota. Estos sentimientos pertenecían a todos. Por eso la fotografía sigue viva.

Porque en el fondo nunca trató sólo de futbol.

Trató de esperanza. De comunidad. De un país golpeado que necesitaba una alegría y que, durante unos segundos, creyó tenerla en los pies del ídolo Hugo Sánchez.

En ese entonces yo era un niño y tenía la ilusión del México campeón. Hoy mi ilusión es la de un México justo.

Los tiempos cambian, pero las fotos nos recuerdan lo que fuimos.

Fiesta futbolera versus balas, represión, impunidad: el otro 10 de junioCrónicaPedro David Ordaz Desde hace semanas, los...
10/06/2026

Fiesta futbolera versus balas, represión, impunidad: el otro 10 de junio
Crónica
Pedro David Ordaz

Desde hace semanas, los espectaculares, los programas desinformativos —perdón, quise decir informativos— y las conversaciones de café giran alrededor de un sólo tema: futbol.

Mañana, el estadio Azteca abrirá por tercera ocasión una Copa del Mundo. Los Ángeles Azules y Belinda se encargarán de la música. La televisión ofrecerá la ceremonia inaugural, las transmisiones en alta definición y la emoción empaquetada en anuncios comerciales, mientras una industria celebrará con champaña el deporte más popular del mundo genera ganancias multimillonarias a unos cuantos.

Pero todo eso ocurrirá mañana jueves.

Hoy es 10 de junio.

Mientras la ciudad cuenta las horas para el silbatazo inicial, se cumplen 55 años de una de las masacres estudiantiles más brutales de la historia contemporánea de México: el Jueves de Corpus, también conocido como el “Halconazo”.

Aquel día de 1971, una manifestación estudiantil fue atacada por un grupo paramilitar organizado, entrenado y protegido desde las más altas esferas del poder. Las cifras varían, pero algunas fuentes sitúan el número en alrededor de 120 jóvenes asesinados otro tanto heridos, decenas de detenidos y perseguidos.

La protesta había sido convocada en apoyo a los estudiantes de la Universidad de Nuevo León y recogía demandas democráticas y populares: libertad para los presos políticos, mayor presupuesto para la educación y el fin de la represión. Eran jóvenes que salían a la calle cuando la herida del 2 de octubre en Tlatelolco seguía abierta. El gobierno de Luis Echeverría prometía la “apertura democrática” , pero muy pronto mostraría el verdadero rostro del PRI-gobierno.

La marcha irrumpió en la calle.

Los Halcones también.

Primero fueron los golpes. Después las persecuciones. Más tarde los disparos, los asesinatos.

Fue una operación de Estado. Una forma de represión diseñada para golpear a la juventud organizada y, al mismo tiempo, negar la responsabilidad oficial. A diferencia de 1968, cuando el Ejército apareció de manera abierta, en 1971 el rostro de la violencia fue más turbio: un grupo de choque paramilitar, entrenado para reprimir, actuando bajo la sombra del aparato político y policial.

Cincuenta y cinco años después, la ciudad parece olvidar todo esto para concentrarse en el Mundial.

Hace mucho que el futbol dejó de ser el deporte del pueblo. Un boleto para la inauguración, incluso en las zonas más altas del estadio, ronda los 56 mil pesos.

La disputa por los palcos en el Azteca y el negocio alrededor del torneo confirman que el futbol también es una pelea por el poder, el dinero y los espacios.

Cincuenta y cinco años cambian todo. El poeta dice: nosotros los de entonces ya no somos los mismos.

En 1971, los jóvenes marchaban por educación, democracia y libertades públicas. En 2026, la ciudad se organiza para recibir al mundo, pero apenas se detiene a recordar a quienes fueron asesinados por exigir un país más justo.

Ese contraste duele. Duele porque el Mundial durará unas semanas, pero la impunidad lleva más de medio siglo. Duele porque el 2 de octubre permanece en la memoria nacional, mientras el 10 de junio parece condenado a una conmemoración discreta, casi subterránea. Duele porque el olvido llega como agenda mediática, como espectáculo, como ruido.

Quizá por eso la cultura ha hecho parte del trabajo que la justicia abandonó.

La guitarra de José de Molina habló donde todos callaron, su música lloró lo que la versión oficial quiso borrar.

Y eso es lo que queda. La memoria insistiendo.

Mañana el mundo mirará hacia el estadio Azteca. Verá luces, patrocinadores, camisetas, tribunas llenas y millones de dólares convertidos en espectáculo.

Hoy 10 de junio hay que mirar hacia el pasado, a las calles donde los estudiantes corrieron para salvar la vida; hacia los nombres que no llegaron a escribirse; hacia las familias que nunca encontraron justicia; hacia los expedientes que envejecieron sin castigo; hacia un país que aprendió a convivir con sus mu***os sin terminar de escucharlos.

Mañana que ruede el balón nos recordará que la impunidad lleva 55 años jugando más allá del quinto partido.

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