Cualquier mejora en la operación de las instituciones públicas tendrá mayor posibilidad de éxito si se acompaña de principios y valores éticos. Al ser las instituciones de carácter público, es indispensable contar con servidores públicos íntegros por lo que la ética se torna vital ya que desarrolla un impacto activo en el personal que a su vez se manifiesta en la marcha y desarrollo de las institu
ciones. Una deliberación exhaustiva respecto a la manera de impedir que los individuos que ocupan cargos públicos realicen prácticas corruptas conduce a la afirmación de que la causa inevitable de éstas es la decisión del individuo de comportarse de un modo correcto. Cuando una persona ha decidido cometer un acto corrupto, planeará la manera de evadir las normas y los mecanismos de control. Una manera de evitar que la persona realice un acto corrupto será gracias al desarrollo de la conciencia, a la madurez de juicio, resultado del establecimiento de unos principios internos y un dominio del carácter. Son los principios y el carácter los que impiden o motivan a actuar a una persona, y la Ética es la disciplina que los muestra. La Ética aplicada al ámbito público es de vital importancia porque tiene como eje central la idea de servicio, es decir, las tareas y actividades que realizan los servidores públicos están orientadas a la satisfacción de la pluralidad de intereses de los miembros de la comunidad política. Es además un poderoso mecanismo de control de las arbitrariedades y antivalores practicados en el uso del poder público. Es un factor esencial para la creación y el mantenimiento de la confianza en la administración y sus instituciones, a la vez que instrumento clave para elevar la calidad de la política y la gestión pública gracias a la conducta honesta, eficiente e integra de los servidores públicos. La excelencia de los asuntos de la gestión pública se podrá alcanzar y mantener si se cuenta con servidores públicos con sólidos criterios de conducta ética.