Arquitectura de la UAC (Coahuila)

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Creada a fines de los sesentas, por el Dr. Mariano Narváez nuestra escuela formaba parte del Instituto de Estudios Profesionales de Saltillo (IEPS), incorporado a la entonces Universidad de Coahuila.

Adrián Rodríguez García, el niño que nació con el sigloLos datos ocultos del origen de la Universidad UniversoPor Jaime ...
02/02/2026

Adrián Rodríguez García, el niño que nació con el siglo

Los datos ocultos del origen de la Universidad Universo

Por Jaime Cleofás Martínez Veloz

Durante mucho tiempo, el nombre de Adrián vivió en mi memoria como viven ciertos hombres: con una presencia firme, cotidiana, casi inevitable, pero sin un origen claro. Lo conocí —como tantos— por sus actos, por su carácter, por la forma en que ocupaba el espacio sin imponerse y dejaba huella sin anunciarlo. Pero nunca supe realmente de dónde venía su fuerza.

Su historia, como la de muchos de su generación, estaba hecha de silencios. De fragmentos. De recuerdos sueltos que no alcanzaban a formar un retrato completo. Un día entendí que ese vacío no era casualidad: era una deuda. Una deuda con él, con los que lo precedieron y con los que venimos después.

Así comenzó esta búsqueda. No como un ejercicio académico, sino como un acto de reconocimiento. Fui a los archivos, a las actas, a los registros que guardan la verdad sin adornos. Y ahí, entre tinta antigua y nombres casi borrados, descubrí que Adrián no era solo el hombre que conocimos: era el punto más luminoso de una estirpe que llevaba generaciones acumulando fuerza.

Esta crónica nace de ese hallazgo. De la necesidad de contar lo que nunca se dijo. De honrar un origen que permaneció oculto, no por olvido, sino porque nadie había ido a buscarlo. Hoy, al reconstruir su historia, no solo recupero el pasado: lo ilumino. Y con ello, ilumino también el camino de quienes llevamos su nombre, su sangre o su recuerdo.

El niño que nació con el siglo

Adrián Rodríguez García no nació en 1904, como sugería el registro tardío.
Nació en 1900, cuando el siglo XX abría los ojos.

Su acta de nacimiento fue asentada en 1905, pero su edad declarada en el acta de matrimonio de 1927 —27 años— revela la verdad que la tinta demoró en escribir. No fue un error. Fue una práctica común en la época: registrar al niño cuando el padre podía, cuando había tiempo, cuando la vida lo permitía.

Pero más allá de la técnica, hay un símbolo: Adrián nació con el siglo.

Nació cuando México se preparaba para incendiarse y renacer.
Nació cuando la modernidad prometía y la desigualdad amenazaba.
Nació cuando la historia necesitaba hombres capaces de romperla y rehacerla.

Y él sería uno de ellos.

Metodología histórica: por qué el acta de 1905 no refleja la fecha real

El hallazgo de su edad en el acta matrimonial de 1927 —un documento donde él mismo declara tener 27 años— es más confiable que el registro civil tardío.
En el México de principios del siglo XX, especialmente en Nuevo León y Coahuila, era común:

Registrar a los hijos meses o años después del nacimiento.
Asentar fechas aproximadas por conveniencia administrativa.
Priorizar el acto legal sobre la precisión cronológica.
Por eso, la fecha real de nacimiento de Adrián debe fijarse en 1900, mientras que el registro de 1905 queda como evidencia documental, no biográfica.

Esta corrección no altera su historia: la revela.

La leyenda de Adrián, el resplandor de la estirpe

Dicen los ancianos que la estirpe llevaba siglos respirando en silencio. Que cada generación encendió una chispa, pero ninguna logró hacer fuego. Dicen que los nombres se acumulaban como brasas bajo la ceniza: Pedro, Josefa, Andrés, Guadalupe, Francesco, Concepción, Félix, Josefa… Todos ardían, pero ninguno iluminaba del todo. Todos avanzaban, pero ninguno abría camino.

Hasta que nació Adrián.

Nació en 1900, en la vida. Y en 1905, en la tinta. Porque su padre —un comerciante de 34 años, hombre de pasos firmes— lo llevó al Registro Civil casi cinco años después, como si necesitara tiempo para comprender que no estaba presentando a un hijo, sino revelando a la luz al más brillante de su linaje.

No fue registrado tarde. Fue registrado cuando su resplandor ya era imposible de contener.

Los que vinieron antes — Los portadores del fuego dormido

Pedro Rodríguez y Josefa Libero, que caminaron la tierra con la paciencia de los que saben esperar.
Andrés De los Santos y Guadalupe Escamilla, que resistieron tiempos de hierro sin perder la ternura.
Francesco García Moral y Concepción Serra, que trajeron oficio, fe y una voluntad que no se quiebra.
Félix Rodríguez G. y Josefa De León J., que sostuvieron el apellido como quien sostiene una antorcha en la tormenta.

Ellos no fueron sombras. Fueron fuerza contenida. Fueron la noche previa al amanecer. Fueron el murmullo antes del canto.

Los que guardaron el umbral — Abuelos

Julián Rodríguez Mora y Juana De los Santos.
Pedro García Serra y María C. Rodríguez.

Ellos vivieron en el borde de dos eras: la era de la supervivencia y la era de la claridad. Sabían —aunque no lo decían— que la estirpe estaba a punto de producir a su hijo más luminoso.

Los que encendieron la chispa — Padres

Pedro Rodríguez y Dolores García Serra.
Él, con la firmeza de un roble que no se inclina.
Ella, con la dulzura de un río que nunca deja de fluir.

Su unión no fue casualidad. Fue un pacto entre dos linajes que habían esperado demasiado tiempo para ver nacer a alguien como Adrián. Se casaron en Nuevo León, el 27 de diciembre de 1899, bajo la mirada de un juez y el testimonio de la historia. Y cuando Pedro lo llevó al registro en 1905, no estaba cumpliendo un trámite: estaba entregando a la historia al hijo que cambiaría el pulso de la estirpe
Un niño de casa buena

Adrián creció rodeado de estabilidad económica, educación formal, expectativas sociales, una vida doméstica ordenada y símbolos de estatus que marcaron su infancia. No era un niño de carencias. Era un niño de posibilidades.

Y esa es la primera gran paradoja de su vida.

Lupe ChávezHermano, pelotero, compañero de caminoPor Jaime Cleofas Martínez VelozDicen que hay hombres que nacen para ju...
28/01/2026

Lupe Chávez
Hermano, pelotero, compañero de camino

Por Jaime Cleofas Martínez Veloz

Dicen que hay hombres que nacen para jugar beisbol.
Y dicen también que hay hombres que nacen para encender la vida de los demás.
José Guadalupe Chávez Baeza —para todos, simplemente Lupe Chávez— fue ambas cosas.
Un pelotero de raza y un ser humano de corazón ancho.
Un hombre que dignificó el diamante y que honró la amistad como si fuera un territorio sagrado.

Arquitectura, 1983: cuando el destino tocó la puerta

Corría 1983 y la Escuela de Arquitectura vivía un tiempo de cambios profundos.
En lo académico, en lo político, en lo deportivo.
El beisbol, como siempre, era un espejo de lo que éramos: pasión, desorden, sueños, ganas de pelear por algo más grande que nosotros.

Un día, un grupo de estudiantes del turno nocturno —Tomás Orta, Jesús Calzontzin, José Castillo, Efraín Bazaldúa y varios más— me citaron con solemnidad.
“Director, necesitamos hablar de algo importante”, dijeron.

Y lo importante era esto:
Querían que la leyenda viva de los Saraperos de Saltillo, el gran shortstop José Guadalupe Chávez Baeza, Lupe Chávez, se convirtiera en el entrenador del equipo de Arquitectura.

El entusiasmo de aquellos muchachos era tan grande que no dejaba espacio para la duda.
Pedí cita con el rector.
El rector dio la instrucción.
Y así, como quien abre una puerta para que entre la luz, Lupe Chávez llegó a Arquitectura.

El hombre que llegó prendiendo lumbre

Como dicen en el barrio, Lupe llegó prendiendo lumbre.
Con disciplina, con alegría, con carácter.
Y más temprano que tarde, el equipo de Arquitectura —ese equipo de estudiantes, trabajadores, soñadores— se convirtió en campeón del torneo universitario.

No fue solo un triunfo deportivo.
Fue un acto de identidad.
Una declaración de que la hermandad también se construye con guantes, bats y sudor.

Ese campeonato fue el inicio de algo más grande:
una amistad que no se rompió con los años,
una hermandad que sobrevivió a la distancia,
un lazo que se renovaba cada vez que nos reuníamos a recordar, a reír, a brindar por lo vivido.

Lupe: el pelotero que jugaba con el alma

Lupe nació con el beisbol en la sangre.
Pero lo que lo distinguió no fue el talento —que lo tenía de sobra— sino la disciplina.
Era de los que llegaban temprano, de los que entrenaban más que nadie, de los que se quedaban después afinando el swing, corrigiendo un detalle, puliendo un movimiento.

En el campo era inteligencia pura:
sabía leer el juego, anticipar la jugada, sentir el ritmo del partido.
Era fuerte, técnico, valiente.
Pero sobre todo, era un compañero ejemplar.

Levantaba al equipo cuando las cosas iban mal.
Celebraba el éxito ajeno como propio.
Sabía que el beisbol es un deporte de conjunto y que la grandeza se construye entre todos.

El hombre fuera del diamante

Fuera del campo, Lupe era otra clase de grandeza.
Noble.
Cercano.
Generoso.

Tenía ese don que solo poseen los hombres verdaderos:
hacía sentir importantes a los demás.
Escuchaba.
Acompañaba.
Aconsejaba.
Era amigo de verdad, de esos que no se encuentran dos veces en la vida.

Para su familia, para sus compañeros, para quienes compartimos con él un dugout, una comida, una charla o un viaje, Lupe fue un referente de lealtad y humanidad.

Para la comunidad beisbolera, fue un símbolo:
un jugador que honró el uniforme, que respetó el juego, que dejó un ejemplo que no se borra.

Las reuniones, los años, la hermandad

Cada vez que podíamos, nos reuníamos quienes habíamos construido aquel equipo inolvidable.
Algunos ya se habían adelantado en este viaje que se llama vida.
Pero cuando nos reencontramos hace poco en casa de Jesús Recio, ahí estaba él:
en primera fila, con esa sonrisa franca, con esa presencia que llenaba el espacio sin esfuerzo.

Era como si el tiempo no hubiera pasado.
Como si la hermandad siguiera intacta.

El último viaje de un hermano del alma

Hoy que me entero de que nuestro querido Lupe Chávez se nos adelantó en este último viaje, siento que algo en mí se rompe y se acomoda al mismo tiempo.
Porque duele su ausencia, pero consuela haberlo conocido.

Le doy gracias a la vida por haberme permitido caminar a su lado.
Por su generosidad.
Por su compañerismo.
Por su don de gentes.
Por su caballerosidad.
Por su respeto hacia sus amigos y hacia la sociedad entera.

Lupe Chávez ya no está en el campo.
Pero su nombre seguirá resonando en cada historia que contemos,
en cada juego donde alguien recuerde su entrega,
en cada joven que aspire a jugar con la misma dignidad con la que él jugó.

Porque hay jugadores que pasan.
Y hay jugadores que se quedan.

Lupe es de los que se quedan.

Hasta siempre, Lupe.
Hasta siempre, hermano del alma.

25/12/2025

Mensaje navideño para mis amigas y amigos

Compañeras, compañeros, cómplices del camino:

Desde este rincón del norte donde el polvo se mezcla con la memoria, les escribo con el corazón envuelto en papel estraza, con moño de esperanza y etiqueta de “no olvidar”.

La Navidad llegó como llega la madrugada en las calles, las colonias y los ejidos, con frío, con silencio, con estrellas que no se compran en centros comerciales.

Y aunque el mundo insiste en envolvernos en luces artificiales y ofertas de dos por uno, nosotros seguimos creyendo en los abrazos que no se venden, en las palabras que no caducan, en los silencios que acompañan.

Este año, como tantos otros, nos dolió la injusticia, nos pesó la ausencia, nos indignó el cinismo.
Pero también nos sostuvo la risa compartida, el café en la banqueta, la mirada cómplice, el gesto solidario, la palabra digna.

Por eso, en esta Navidad no les deseo paz de supermercado ni felicidad de anuncio.
Les deseo rebeldía con ternura.
Les deseo memoria con futuro.
Les deseo que el amor les llegue como llegan los buenos correos: sin aviso, sin algoritmo, sin prisa.

Y si el mundo se empeña en seguir siendo injusto, que al menos nos encuentre juntos, abrazados, tercos, y con una sonrisa que diga: “aquí estamos, carajo”.

Desde el polvo lagunero, con cariño rebelde.

Jaime Cleofás Martínez Veloz

Torreón Coahuila a 24 de diciembre del 2025

Instalación de la Brigada Ciudadana “Universidad Universo”Por: Jaime Cleofas Martínez VelozArteaga, Coahuila · Octubre d...
08/10/2025

Instalación de la Brigada Ciudadana “Universidad Universo”

Por: Jaime Cleofas Martínez Veloz
Arteaga, Coahuila · Octubre de 2025

No venimos a inaugurar, venimos a sembrar

Buenas tardes a todas y todos.

“Kuni ñá-an ñá-a Pablo Vega Rojas, autoridad tradicional ñú mixteco, ta kú-ni ñá-
an ñú San Andrés de la Montaña.

Saludo con respeto y cariño al compañero Pablo Vega Rojas, autoridad tradicional
mixteca, y a las familias originarias de San Andrés de la Montaña, Oaxaca, que hoy
habitan en la Colonia Universidad Universo. Su presencia honra este espacio y nos
recuerda que la raíz indígena no se extingue: se transforma, se siembra, se multiplica.

Hoy no venimos a inaugurar una brigada. Venimos a instalar una conciencia
organizada, a sembrar una esperanza con raíces profundas, a construir un espacio
donde la dignidad se defienda con trabajo, con gestión, con denuncia y con ternura.

La Brigada Ciudadana “Universidad Universo” no es una ocurrencia. Es una respuesta
ética a la necesidad urgente de construir organización territorial. Una organización que
conozca el territorio, su gente, sus necesidades, sus causas. Que sepa escuchar,
acompañar, resolver. Que tenga la capacidad de gestionar soluciones y, cuando sea
necesario, denunciar con firmeza los hechos que atenten contra la estabilidad de
nuestras familias y comunidades.

Porque no se puede transformar lo que no se conoce. Y por eso, esta brigada nace
desde el corazón de Arteaga, un municipio que no es solo paisaje: es historia viva.
Radiografía de Arteaga: tierra de memoria y resistencia

Arteaga es sierra, es manantial, es memoria. Fundado en 1591 como San Isidro de las
Palomas, es uno de los municipios más antiguos de Coahuila. Es tierra de migración,
de trabajo agrícola, de cultura serrana.

Forma parte del corredor estratégico junto con
Saltillo y Ramos Arizpe, vital para el desarrollo económico y la defensa del territorio.
Arteaga está conformado por ejidos y comunidades que son bastiones de identidad y
trabajo. Sus cultivos —manzana, durazno, nuez, ciruela— son más que productos: son
símbolos de arraigo y economía familiar.

La gente de Arteaga se levanta temprano,
cuida sus animales, defiende lo suyo con coraje y comunidad.

Durante mi paso por la Universidad Autónoma de Coahuila, como estudiante y como
profesor, me correspondió acompañar a las y los estudiantes de Trabajo Social en sus
jornadas comunitarias. Aprendían no desde el aula, sino desde el territorio. Y Arteaga
era su escuela viva.

Pero también enfrenta amenazas: presión inmobiliaria, falta de infraestructura, y
desconexión institucional.

Pueblos del sur: raíz viva del norte

En esta tierra coahuilense, también florece el sur. Las familias mixtecas que hoy viven
en Arteaga, en Saltillo y en Monterrey, han traído consigo el ejemplo de trabajo, de
organización y de dignidad. Elaboran productos artesanales de madera, pero también
construyen comunidad, economía y cultura.
Los pueblos originarios del sur han sido fundamentales para el desarrollo de Coahuila,
del norte y de allende la frontera. Han sembrado saberes, han sostenido oficios, han
dignificado el trabajo.
Los pueblos indígenas no son pasado. Son cimiento. Son presente. Son futuro.

Contexto nacional: dignidad en tiempos de violencia

México vive una etapa marcada por la inseguridad, la violencia, el miedo. Pero
Coahuila no es tierra de resignación. En 1847, en la Batalla de la Angostura, se
defendió el honor nacional. En 1913, el Plan de Guadalupe enfrentó al dictador Huerta.

Y en 1984, la Marcha por la Dignificación Universitaria pasó por estas tierras,
alimentada por las acequias de Arteaga y la solidaridad de Los Chorros.

Ese espíritu vive hoy en esta brigada.

Universidad Universo: lo imposible empieza a organizarse

Esta colonia popular decidió llamarse Universidad Universo en homenaje al economista
non, al rector utópico, al ciudadano irreverente: Adrián Rodríguez García. Como él
decía: “La magia está en luchar por lo imposible.” Y hoy, desde esta brigada, lo
imposible empieza a organizarse.

¿Qué queremos construir?

Una red territorial que escuche y acompañe.
Un espacio de gestión comunitaria.
Un observatorio ciudadano que denuncie abusos.
Un lugar de encuentro entre causas, personas y organizaciones.
Una fuerza social que no dependa de partidos, sino de principios.

Y si esta brigada tiene rostro, tiene corazón, tiene brújula, es gracias a la labor
destacada de Rosa María Martínez Portillo, cuya aula ha sido el territorio y cuya ciencia
nace del pueblo.

Coahuila: tierra de pactos, tiempo de refundación

Así como en Guadalupe se firmó un plan para recuperar la República, hoy desde
Arteaga, Saltillo y cada rincón de Coahuila, podemos convocar a un nuevo pacto
nacional. Un pacto que reconozca que la democracia no puede sostenerse sobre el
miedo, ni la justicia sobre la simulación.

Movimiento Ciudadano: el lugar de encuentro para refundar la República

Desde esta brigada, desde Arteaga, desde Coahuila, nos sumamos al esfuerzo por un
México justo, ético y democrático. Porque la refundación no vendrá desde el poder,
sino desde el pueblo.

¡Somos brigada! ¡Somos territorio! ¡Somos dignidad organizada!
Gracias por estar aquí.
Gracias por creer.
Gracias por construir.

29/09/2025
Anselmo Pinales Mancillas: Una Leyenda Universitaria y SaltillenseEl taxidermista del verbo, el caminante de la dignidad...
28/09/2025

Anselmo Pinales Mancillas: Una Leyenda Universitaria y Saltillense

El taxidermista del verbo, el caminante de la dignidad

Por Jaime Cleofás Martínez Veloz

Hay hombres que no mueren.
Se convierten en territorio.
En verbo.
En memoria que camina.

Anselmo Pinales Mancillas —el Chemo, el Chango, el maestro sin diploma, el dirigente sin escritorio— fue uno de ellos.
Su vida no se cuenta: se marcha. Se canta. Se recuerda como se recuerdan los incendios que no se apagaron.

El verbo que embestía

Lo conocí en 1974, cuando el polvo de la protesta se mezclaba con el humo de los camiones tomados por el alza de tarifas. Él, estudiante de Trabajo Social. Yo, aprendiz de Arquitectura. Desde entonces, nuestras vidas se entrelazaron como las calles de una ciudad que aún no termina de construirse.

En el Consejo Universitario, donde la dignidad se medía en votos y la resistencia en palabras, éramos tres contra trescientos. Y sin micrófono ni permiso, fue él quien hizo temblar el recinto. Su palabra no hablaba: embestía. Su sarcasmo no hería: desnudaba.

Cuando el “Burro Ortiz” intentó burlarse con metáforas circenses, Pinales respondió con una frase que aún resuena como eco de dignidad:

“Es una lástima que en esta reunión haya gentes que vengan a decir que les gusta el circo, que de jóvenes fueron malabaristas y que ahora de viejos parezcan puros payasos.”

El rector aplaudió. El b***o mascó mecate. Y el Chemo se convirtió en leyenda.

El intelectual con rostro de combate

Sabía que no era Clark Gable, pero sus amigos le decíamos “el Chango” con cariño, como quien reconoce en otro la fuerza ancestral de la tierra. En una conferencia en la Preparatoria Venustiano Carranza, enfrentó una emboscada disfrazada de foro académico: un cura, un masón y él, el “comunista”.

Mientras el cura hablaba de Adán y Eva, y el masón de Cristo arquitecto del universo, Pinales habló del hombre como descendiente del mono. Un joven le gritó:

“¡Usted parece chango!”

Y él, sin perder el aliento, respondió:

“Efectivamente, parezco chango… porque provengo de una familia denominada changa tu madre.”

La PVC estalló en aplausos. Lo que iba a ser celada, se convirtió en victoria.

Maestro de certezas disecadas

En la Facultad de Arquitectura impartía Teoría del Conocimiento como quien examina el alma humana con bisturí filosófico. Su taller, en algún rincón de Saltillo, parecía un museo de la vida detenida. Animales con los ojos abiertos, como si esperaran el regreso de la historia.

A una pregunta infantil sobre los cuerpos disecados, respondió:

“Los mu***os no se van del todo. Si les das respeto, te devuelven la mirada.”

Mi hija Adriana iba fascinada por los animales. Yo, por el amigo que los mantenía vivos en la memoria.

La marcha que se volvió hazaña

El 15 de abril de 1984 iniciamos la Marcha por la Dignificación Universitaria: casi 900 kilómetros a pie desde Saltillo hasta la Ciudad de México. Treinta kilómetros diarios bajo el sol ardiente, la lluvia inesperada y el cansancio que se volvía compañero.

Pinales caminaba con paso firme, con la convicción tatuada en la frente. En cada pueblo, su voz convocaba, su humor aliviaba, su presencia dignificaba.

Cada paso fue una consigna:

“¡No hay camino largo si la causa es justa!”
“¡El sudor no se negocia, se honra!”
“¡La dignidad no se pide, se camina!”
Sin él, habría sido un intento más. Con él, fue epopeya.

El dirigente que no se doblegó

Fue estudiante de la Prepa Nocturna “Dr. Mariano Narváez”, fundador del STAMUAC, aliado de las luchas obreras de Cinsa-Cifunsa y la Tendencia Democrática del SUTERM. Ganó su plaza por oposición en Arquitectura y luchó por la unificación sindical.

Fue electo primer secretario general del STUAC, pero el gobernador bloqueó su reconocimiento. Él respondió:

“Me quitaron el escritorio, pero no la voz.”
“No me dieron el puesto, pero me dieron la razón.”

No hay Junta que borre la memoria. No hay acta que niegue la dignidad.

El enfermo que ofrecía salud

En sus últimos años, la enfermedad cercó su cuerpo, pero no su voluntad. Seguía recibiendo a quienes pedían consejo, prestando libros, ofreciendo café.

“No estoy enfermo, estoy ocupado,” decía.

Y quizá tenía razón: su ocupación era sanar con palabras.

En 2015 nos reunimos. Viejos compañeros en torno a su presencia que seguía siendo el centro.

“La nostalgia no es debilidad, compañeros. Es prueba de que fuimos valientes.”

El árbol que murió de pie

Murió en el invierno de 2018, como mueren los árboles viejos: de pie, con las raíces profundas y las ramas extendidas hacia el cielo.

“Si algo hice bien, fue no quedarme callado.”

Y por eso lo recordamos. No como mártir, sino como modelo. No como dirigente, sino como símbolo.

Su legado no se almacena en archivos: vive en cada aula donde se lucha por la verdad, en cada calle donde se marcha con dignidad, en cada frase que desarma al poder con ironía.

Fue el más agudo, el más leal, el más libre.

Que viva el maestro “Chemo” Pinales

Hoy, desde esta tierra que lo vio nacer y luchar, desde Saltillo hasta Torreón, desde la Carretera 40 hasta los pasillos de la Universidad Autónoma de Coahuila, le mandamos un abrazo con todo el cariño del mundo.

Porque hablar de Pinales es hablar de nosotros.
De lo que fuimos.
De lo que aún somos.

¡Que viva el maestro!
¡Que viva el caminante!
¡Que viva el amigo que nunca dejó de luchar!

Donde hay una mujer violentada, hay una comunidad herida. Donde hay una mujer que resiste, hay una esperanza que florece...
27/09/2025

Donde hay una mujer violentada, hay una comunidad herida. Donde hay una mujer que resiste, hay una esperanza que florece”, comentó Jaime Martínez Veloz, en el marco de la “Jornada por la Cero Violencia contra las Mujeres”.

El delegado Nacional de Movimiento Ciudadano (MC) en Coahuila hizo un llamado para poner un alto a la violencia de género.

“Nos encontramos hoy en una tierra de memoria profunda y belleza natural, para levantar la voz contra una de las heridas más persistentes y dolorosas de nuestro tiempo: la violencia contra las mujeres. No venimos sólo a denunciarla, venimos a desmantelarla”, señaló.

CUATRO CIÉNEGAS, COAH.- “Donde hay una mujer violentada, hay una comunidad herida. Donde hay una muj

Cuando el diseño se volvió destino: la pieza gráfica que me hizo urbanistaJaime Martínez VelozEn 1973, siendo estudiante...
18/09/2025

Cuando el diseño se volvió destino: la pieza gráfica que me hizo urbanista

Jaime Martínez Veloz

En 1973, siendo estudiante de arquitectura y dibujante en el Catastro de Coahuila, me encomendaron diseñar la pieza gráfica para el III Simposio Nacional de Planificación Urbana, celebrado en Saltillo los días 29, 30 de noviembre y 1.º de diciembre. Lo hice con entusiasmo visual, sin imaginar que ese encargo marcaría el inicio de una vocación profunda. Participé como estudiante, pero salí como urbanista en formación.

Por primera vez escuché hablar de la planificación como herramienta de justicia, de la vivienda popular como estructura del análisis urbano, y del papel del Estado en la producción del espacio. El Simposio abordó temas que me marcaron para siempre:

La planificación como instrumento multidisciplinario para el bienestar colectivo.
La necesidad de coordinar especialidades en ingeniería, economía, política y cultura.
El ordenamiento del territorio como estrategia para democratizar el acceso a la vivienda, el trabajo, la recreación y la movilidad.
El papel del Estado en la transformación estructural del espacio urbano.
La urgencia de dejar atrás la improvisación y construir modelos de desarrollo con justicia distributiva.
Desde entonces, aprendí a mirar la ciudad no como un conjunto de edificios, sino como una expresión de relaciones sociales, conflictos históricos y luchas territoriales.

El cartel que dibujó mi vocación

Diseñar el cartel para el III Simposio Nacional de Planificación Urbana fue, en apariencia, un encargo gráfico más. Yo era estudiante de arquitectura y dibujante en el Catastro de Coahuila, y me pidieron que hiciera una pieza visual para anunciar el evento. Lo asumí con entusiasmo, sin imaginar que ese acto de diseño sería también un acto de destino.

Recuerdo el fondo naranja vibrante, la tipografía geométrica, la retícula que sugería orden y posibilidad. No quería que fuera un cartel decorativo: quería que convocara. Que dijera, sin palabras, que la ciudad es más que edificios, que la planificación es más que técnica, que la vivienda popular merece estar al centro del debate.

Mientras trazaba líneas y equilibraba formas, algo se movía dentro de mí. Ese cartel no sólo anunciaba un simposio: anunciaba una forma de mirar el territorio. Y cuando el evento se llevó a cabo, y escuché por primera vez hablar de la planificación como herramienta de justicia, entendí que el diseño podía ser también una brújula ética.

Desde entonces, cada proyecto que he impulsado, cada comunidad que he acompañado, cada texto que he escrito, lleva algo de ese cartel. Porque en él descubrí que el espacio se produce, que la vivienda es dignidad, y que el urbanismo puede ser insurgencia.

Ese cartel fue mi primer manifiesto. No lo escribí: lo dibujé. Y en sus trazos está la semilla de todo lo que vino después.

Lecturas que me formaron

• Henri Lefebvre: el espacio como producto social.
• Christian Topalov: el Estado reproduce intereses dominantes incluso cuando planifica.
• Manuel Castells: las luchas urbanas son clave en la transformación democrática.
• Jean Lojkine: la planificación debe ser estratégica y participativa..
• Françoise Choay: toda intervención urbana es también una narrativa cultural.

Maestros que dejaron huella

• Carlos González Lobo: arquitecto social, referente de la autoconstrucción digna.
• Rodolfo Gómez Arias: leer la ciudad desde la forma, la proporción y la ética estética.

• Marta Schteingart: la vivienda revela la desigualdad estructural. Su curso en el Colegio de México en 1980 me marcó profundamente

Estudiar para transformar

Cada póster universitario, cada libro, cada territorio intervenido me enseñó que la ciudad no se cambia sólo con voluntad: se transforma con conocimiento, con ética y con memoria. La planificación urbana no es neutra: puede reproducir injusticias o abrir caminos de dignificación. Y si algo he aprendido en este recorrido, es que la mejor manera de ser rebelde es estudiar. Porque el estudio crítico, comprometido y colectivo es el primer paso para desmontar privilegios, construir alternativas y defender el derecho a la ciudad.

La obra gráfica como brújula

A veces, un trazo puede cambiar el rumbo de una vida. La obra gráfica que diseñé para el III Simposio Nacional de Planificación Urbana no fue sólo una pieza visual: fue una puerta abierta a la conciencia territorial, a la ciudad como conflicto y como promesa. Aquellos días en Saltillo, entre ponencias, debates y caminatas universitarias, descubrí que el urbanismo no era sólo técnica ni estética, sino ética y política.

Desde entonces, cada estudio, cada proyecto, cada comunidad acompañada ha sido una forma de continuar aquel llamado. Aprendí que la vivienda no es sólo abrigo, sino expresión de dignidad; que el espacio no se hereda, se produce; y que la planificación, cuando es justa y participativa, puede ser herramienta de emancipación.

Aquella pieza gráfica fue mi brújula. Me orientó hacia una forma de estudiar que no busca títulos, sino transformaciones; hacia una forma de ejercer la arquitectura que no se mide en planos, sino en memorias vivas. Y si hoy sigo escribiendo, planificando y movilizando, es porque aquel encargo visual me enseñó que el diseño también puede ser destino.

En tiempos de crisis no hay maticesLa defensa constitucional ante la Ley Bonilla y la traición de Morena Por Jaime Cleof...
15/09/2025

En tiempos de crisis no hay matices

La defensa constitucional ante la Ley Bonilla y la traición de Morena

Por Jaime Cleofas Martínez Veloz

Durante años, creí que la congruencia era posible dentro de los partidos. Mi generación debatió si el camino para transformar al país era la vía política o la armada. Yo siempre defendí la vía política. Porque el hombre o la mujer con las armas en la mano muchas veces se convierte en una cosa rara: habla en nombre de principios que no existen, los interpreta de forma unilateral y facciosa, y llega incluso a ejecutar compañeros que sin deberla ni temerla fueron acusados y condenados en nombre de una revolución que nadie definió con claridad. ¿De cuál revolución, me pregunto?

Creí en la posibilidad de que la legalidad podía sostenerse desde la militancia. Que los principios fundacionales de Morena —honestidad, justicia, democracia— podían resistir la tentación del poder. Pero en 2019, esa convicción fue puesta a prueba. Las acciones y complicidades de Andrés Manuel López Obrador dieron al traste con los sueños y anhelos de transformación.

Tijuana, que con AMLO prometía ser la ciudad de la esperanza, se convirtió en una versión más criminal que el Chicago de los años veinte. Afloró la relación entre el presidente y los intereses de bandas de narcotraficantes, a las cuales Jaime Bonilla —su operador en Baja California— les prestó servicios como lavador de dinero

proveniente de actividades ilícitas. Al Capone se quedó corto frente a las atrocidades que se incubaron bajo el manto de la impunidad.
Todo comenzó con una convocatoria clara: el Instituto Estatal Electoral de Baja California (IEEBC) estableció que la gubernatura sería por un periodo de dos años, del 1º de noviembre de 2019 al 31 de octubre de 2021. Esa decisión respondía a la necesidad de homologar los calendarios electorales con el proceso federal de 2024. Era legal, legítima y pública.

Pero el 24 de febrero, Blanca Estela Fabela Dávalos —precandidata y posteriormente directora del DIF estatal— interpuso un recurso ante el Tribunal Electoral local para impugnar el plazo. El tribunal, con los votos de los magistrados Loaiza y Vargas, resolvió modificar el periodo a cinco años. La magistrada Jiménez votó en contra. El TEPJF revocó esa decisión por extemporánea, pero el intento ya estaba en marcha.

El 11 de junio, el IEEBC declaró la validez de la elección y a Jaime Bonilla como gobernador electo. La constancia de mayoría reafirmaba el mandato de dos años. Incluso el tribunal estatal y el federal confirmaron esa declaratoria. Pero el 8 de julio, el Congreso saliente —con 21 de 25 diputados locales— aprobó la llamada “Ley Bonilla”, ampliando el mandato a cinco años. La iniciativa fue presentada por el diputado de Morena Víctor Morán, esposo de Blanca Estela Fabela. Todo quedaba en familia.

Ese mismo año, me encontraba participando en el proceso interno de Morena para la candidatura a la presidencia municipal de Tijuana. Las irregularidades fueron evidentes. La Comisión Nacional de Honestidad y Justicia (CNHJ) emitió dos resoluciones:

• El 18 de marzo, invalidó la encuesta realizada por la casa encuestadora privada PLURAL.MX, que nunca fue publicada ni verificada.

• El 23 de mayo, sancionó al delegado Leonel Godoy Rangel por violar mi derecho de petición al negarse a entregar información clave.

Las encuestas serias —Gabinete de Comunicación Estratégica, Buendía & Laredo— me colocaban en primer lugar. Pero la única encuesta que me desfavorecía fue la que nunca apareció.
En lugar de garantizar legalidad, la presidenta nacional de Morena, Yeidckol Polevnsky, me descalificó públicamente, acusando la presencia de “sabandijas” y “traidores” en el partido. Yo no pedí privilegios. Solo pedí información. Y eso bastó para que me señalaran como enemigo interno. Años después, Polevnsky se cambió de partido y hoy es legisladora por el PT. Pero en ese momento, su furia —y ahora su incongruencia— fueron públicas.

Fue entonces cuando recordé una frase que escuché al subcomandante Marcos durante el proceso de pacificación en Chiapas: “En tiempos de crisis no hay matices.”

Y decidí actuar. La información que me llegaba sobre Bonilla era alarmante: vínculos con financieros ligados a los Arellano Félix, su papel como informante del FBI, su registro como ciudadano estadounidense para participar electoralmente en San Diego mientras era diputado federal en México. Todo eso, junto a la negativa del delegado de Morena de acatar el fallo de la CNHJ, me llevó a establecer una definición pública.

No debatí con Godoy. No negocié. Declaré que aceptaba la resolución de la CNHJ para reponer el procedimiento en Tijuana, pero con una condición ética: que Bonilla no fuera el candidato a la gubernatura. Sabía lo que esa decisión implicaba. Sabía que incomodaría. Pero también sabía que la congruencia no se negocia. Y jamás me arrepentiré de haberlo hecho.

Competí por la gubernatura bajo las siglas del PRD, con el compromiso de que la dirigencia nacional interpusiera un recurso de inconstitucionalidad ante la Suprema Corte. La Consejería Jurídica de la Presidencia, por órdenes de López Obrador, guardó silencio. Pero el 11 de mayo de 2020, la SCJN echó abajo la Ley Bonilla por unanimidad.

Dos años y ni un minuto más.

A las nuevas generaciones

A quienes hoy se preguntan si vale la pena luchar cuando todo parece adverso, les digo:
Sí, vale la pena.
Aunque las condiciones sean duras, aunque las instituciones fallen, aunque los poderosos se repartan el tablero, nunca dejen de pelear por lo justo.
La historia no la escriben los que se acomodan, sino los que se incomodan. Y cada paso que damos, aunque parezca pequeño, puede contener un abuso, encender una conciencia, o abrir una puerta que otros creían cerrada.
No se trata de ganar siempre.
Se trata de no rendirse nunca.

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