02/06/2026
Cada 2 de junio la Iglesia celebra a San Félix de Nicosia, modelo de humildad, austeridad y amor a Dios. Nació en Sicilia en 1715 con el nombre de Filippo Giacomo Amoroso. Debido a que era analfabeto, solo podía aspirar a ingresar como hermano lego a la Orden de los Capuchinos. Tras ocho años de insistencia y rechazo, fue finalmente admitido en el convento de Mistretta y más tarde destinado a Nicosia, su ciudad natal.
Durante gran parte de su vida desempeñó el oficio de limosnero. Recorriendo las calles, invitaba a los más acomodados a compartir sus bienes y ayudaba a los pobres en sus necesidades, convirtiéndose en un puente de solidaridad entre unos y otros. Su actitud destacaba por la gratitud y la mansedumbre: tanto ante la generosidad como frente al desprecio, respondía siempre con las palabras: “Sea por amor de Dios”.
Aunque no sabía leer ni escribir, poseía una profunda sabiduría espiritual. Memorizaba pasajes de la Sagrada Escritura, enseñanzas escuchadas en las homilías y textos espirituales leídos en el convento, que luego compartía con quienes buscaban consejo y consuelo.
Fue un gran devoto de la Eucaristía, pasando largas horas ante el Sagrario. También profesó una especial devoción a la Virgen de los Dolores y a la Pasión de Cristo, que meditaba constantemente. Su deseo principal era corresponder al amor de Dios poniendo siempre al Señor en el centro de su vida.
La tradición atribuye a San Félix numerosos milagros y dones extraordinarios, entre ellos curaciones y la bilocación, gracias a los cuales pudo servir a muchas personas. Murió el 31 de mayo de 1787 en el convento de Nicosia. Fue beatificado por León XIII en 1888 y canonizado por Benedicto XVI en 2005. Su vida sigue siendo un testimonio de sencillez, caridad y confianza absoluta en Dios.
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