09/10/2026
El filósofo que cambió de opinión sobre el lenguaje y terminó cuestionando cómo entendemos a los demás
Ludwig Wittgenstein pasó de buscar una estructura lógica para explicar el lenguaje a estudiar cómo usamos las palabras en la vida cotidiana.
Por Redacción Nota Antropológica
Imagina que asistes a una ceremonia en la que varias personas colocan alimentos frente a las fotografías de sus familiares fallecidos. Observas lo que hacen y preguntas por qué realizan ese ritual. Alguien te explica que forma parte de una tradición familiar que mantienen desde hace generaciones.
¿Cómo explicarías esa práctica? Quizá intentarías averiguar qué creen sus participantes, qué esperan conseguir o de dónde viene la costumbre. También podrías preguntarte si existe alguna razón para hacer lo que están haciendo.
Ahora imagina que tu explicación termina reduciendo toda la ceremonia a una creencia equivocada sobre el funcionamiento de su mundo. ¿Habrías comprendido lo que significa para quienes participan en ella?
Esta situación plantea una dificultad que se encuentra presente cuando intentamos entender a otras personas. Con frecuencia, observamos sus acciones desde nuestras propias ideas sobre lo que tiene sentido, lo que consideramos razonable o lo que creemos verdadero. El problema empieza cuando esas ideas se convierten en la única medida que utilizamos para interpretar las prácticas ajenas.
A principios del siglo XX, el antropólogo escocés James George Frazer publicó La rama dorada, una obra dedicada al estudio comparativo de la magia, la religión y las prácticas rituales. En ella buscaba explicar las semejanzas entre las costumbres de distintas sociedades mediante una interpretación general del pensamiento humano.
Décadas después, Ludwig Wittgenstein cuestionó algunos de los planteamientos presentes en esa manera de estudiar las prácticas culturales. Sus observaciones sobre la obra de Frazer abrieron una discusión que sigue siendo relevante para la antropología.
¿Es suficiente explicar una ceremonia a partir de lo que creemos que sus participantes piensan sobre el mundo? ¿Qué ocurre con los vínculos familiares, las costumbres compartidas y los significados que adquiere una acción dentro de una comunidad?
Wittgenstein no era antropólogo ni desarrolló una metodología etnográfica sistemática. Sin embargo, sus reflexiones sobre el lenguaje, las reglas y las prácticas humanas permiten examinar cómo construimos nuestras explicaciones sobre otras personas.
Para entender por qué llegó a plantear estas preguntas, hay que regresar al comienzo de su trayectoria.
Ludwig Wittgenstein nació en Viena el 26 de abril de 1889, en una familia industrial acomodada. Durante su juventud se interesó por la ingeniería y continuó sus estudios en Manchester, donde trabajó en problemas relacionados con la aeronáutica.
Su formación inicial estaba vinculada con dispositivos físicos, cálculos y principios matemáticos. Con el tiempo, el trabajo técnico lo llevó hacia otras preguntas. Para resolver determinados problemas necesitaba comprender las herramientas matemáticas que utilizaba y los fundamentos que sostenían sus razonamientos.
Ese interés lo condujo a la filosofía.
En 1911 llegó a Cambridge para estudiar con Bertrand Russell, uno de los principales representantes de la lógica matemática de su época. La relación entre ambos estuvo marcada por discusiones intelectuales, mientras Wittgenstein desarrollaba una posición filosófica propia.
Su interés se concentró entonces en una cuestión fundamental. ¿Cómo se relacionan el lenguaje, el pensamiento y el mundo? Cuando formulamos una oración, ¿qué condiciones permiten que tenga sentido?
Estas preguntas lo acompañarían durante buena parte de su vida, aunque sus respuestas cambiarían con el tiempo.
Durante la Primera Guerra Mundial, Wittgenstein sirvió en el ejército austrohúngaro y continuó escribiendo. Las notas que elaboró durante esos años contribuyeron a la preparación del Tractatus logico-philosophicus, publicado en alemán en 1921 y en inglés en 1922.
La obra buscaba establecer las condiciones bajo las cuales el lenguaje puede representar la realidad. Para ello, Wittgenstein concedió un lugar central a la lógica y a la relación entre las proposiciones y los estados de cosas.
Dicho de manera sencilla, intentaba comprender qué hace posible que una afirmación diga algo sobre el mundo y cuáles son los límites de esa posibilidad.
Después de terminar el libro, consideró que había resuelto los problemas fundamentales de la filosofía. Se apartó de la vida universitaria y comenzó una etapa dedicada a otras actividades.
Trabajó como maestro de escuela primaria en Austria y participó en el diseño de una casa para su hermana en Viena. También tomó decisiones relacionadas con su patrimonio familiar, entre ellas la cesión de parte de su fortuna.
Durante esos años, su trayectoria se alejó de la investigación filosófica universitaria. Sus preguntas sobre el lenguaje, sin embargo, continuarían presentes en su trabajo.
¿Qué sucede cuando alguien cree haber encontrado una solución definitiva y, con el paso de los años, empieza a cuestionar sus propias conclusiones?
Wittgenstein regresó a Cambridge en 1929. A partir de entonces desarrolló una filosofía que prestaba mayor atención a las situaciones concretas en las que utilizamos las palabras.
En su trabajo posterior, Wittgenstein comenzó a examinar los distintos usos del lenguaje. Una palabra puede aparecer en una pregunta, una promesa, una orden, una broma o una descripción. Para comprenderla, necesitamos prestar atención a lo que hacemos con ella y a las circunstancias en las que aparece.
Pensemos en una expresión cotidiana como «ya llegué».
Cuando alguien la pronuncia al entrar en casa, puede estar avisando a su familia. Si la escribe en un mensaje, quizá esté informando a una persona que lo espera. Durante una discusión, esa misma expresión podría servir para señalar que alguien considera cumplida una obligación.
Las palabras son las mismas, pero su función depende de la situación.
Wittgenstein utilizó la expresión «juegos de lenguaje» para estudiar estas actividades. El concepto permite observar que hablar no consiste únicamente en asociar palabras con definiciones. También implica aprender a participar en prácticas que otras personas reconocen y comprenden.
Sus reflexiones sobre las reglas también plantean preguntas acerca de cómo aprendemos a distinguir entre una acción correcta y otra que no corresponde a determinada práctica. Muchas veces adquirimos esos criterios mediante la participación cotidiana, la observación y la interacción con otras personas.
Este planteamiento resulta relevante para la investigación social. Las costumbres, las expresiones y los rituales forman parte de actividades compartidas cuyo significado no siempre puede explicarse mediante una definición aislada.
¿Cómo se relaciona esta manera de entender el lenguaje con la crítica que Wittgenstein dirigió a Frazer?
Regresemos a la ceremonia del comienzo. Una familia coloca alimentos frente a las fotografías de sus familiares fallecidos y explica que mantiene esa costumbre desde hace generaciones.
Si queremos estudiar la práctica, podemos preguntar quiénes participan, qué historia tiene, qué objetos utilizan y qué razones ofrecen sus integrantes. También podemos observar qué relaciones familiares se expresan, cómo se organiza la ceremonia y qué significado tiene para quienes intervienen en ella.
La crítica de Wittgenstein a Frazer invita a prestar atención a estas dimensiones antes de reducir una práctica a una explicación general sobre la magia o la religión.
Una ceremonia puede expresar duelo, pertenencia o continuidad familiar. Para comprenderla, necesitamos investigar cómo se relacionan esas acciones con la vida de las personas que participan en ellas.
Esto no significa que debamos aceptar automáticamente todas las explicaciones de una comunidad ni dejar de investigar sus condiciones históricas. Las prácticas culturales también pueden involucrar conflictos, diferencias de interpretación y relaciones de poder.
La cuestión consiste en reconocer que una explicación puede quedarse corta cuando ignora el contexto en el que las acciones adquieren sentido.
Quien investiga necesita examinar sus propias categorías y preguntarse si le permiten comprender aquello que observa. De lo contrario, corre el riesgo de describir una práctica sin entender qué lugar ocupa en la vida de sus participantes.
Las ideas de Wittgenstein sobre el lenguaje cambiaron a lo largo de su trayectoria. En su primera obra buscaba establecer las condiciones del sentido mediante una estructura lógica. En sus escritos posteriores prestó mayor atención a los usos del lenguaje, las reglas y las prácticas compartidas.
Murió en Cambridge el 29 de abril de 1951. Las Investigaciones filosóficas, una de sus obras principales, se publicaron dos años después de su fallecimiento.
Su trabajo sigue siendo relevante para quienes estudian cómo las personas construyen significados y comprenden las acciones de los demás. En la antropología, sus observaciones sobre Frazer permiten examinar los límites de las explicaciones que interpretan las costumbres desde categorías externas a quienes las practican.
Esta pregunta también aparece fuera de la investigación académica porque cuando escuchamos una costumbre familiar, una forma de hablar o una tradición que nos resulta extraña, podemos intentar comprenderla desde las experiencias de quienes la mantienen. Esa disposición no elimina los desacuerdos, pero nos permite reconocer que nuestras propias ideas no agotan todas las maneras de dar sentido a la vida cotidiana.
Ahora, cuando encuentras una costumbre que te parece extraña, ¿intentas comprender qué significa para quienes la practican o buscas primero una explicación desde tus propias ideas?
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Fuentes
McGee, M. (2023). «The logic of magic: Reading Wittgenstein’s remarks on Frazer’s The Golden Bough». HAU: Journal of Ethnographic Theory, 13(1), pp. 21–38.
Wittgenstein, L. (1922). Tractatus logico-philosophicus. Traducción de Jacobo Muñoz e Isidoro Reguera. Madrid: Alianza Editorial.
Wittgenstein, L. (1953). Investigaciones filosóficas. Traducción de Alfonso García Suárez y Ulises Moulines. Barcelona: Crítica.
Kuusela, O. (2024). «Ludwig Wittgenstein». The Stanford Encyclopedia of Philosophy.